<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-117965272777650952</id><updated>2012-01-16T03:48:57.739-08:00</updated><category term='ARTÍCULOS SOBRE LA PROVINCIA DE MADRID'/><title type='text'>ANTONIO BALDUQUE</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Administrador</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://bp3.blogger.com/_nEd3AT6DXzE/SDMfXZA5MuI/AAAAAAAAAAU/Jwep3Qvlgks/S220/logo.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>15</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-117965272777650952.post-8762681530427974031</id><published>2010-07-06T05:32:00.000-07:00</published><updated>2010-07-07T00:30:22.657-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;PASOS HONROSOS Y PRISIONEROS DE AMOR&lt;br /&gt;EN LOS ORÍGENES DEL PALACIO DEL BUEN RETIRO. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5490772841800955618" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 437px; CURSOR: hand; HEIGHT: 213px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/TDMkzunoduI/AAAAAAAAAJA/v77qF2ziRd4/s320/retiro.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Texto: Antonio Balduque Álvarez&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Durante la Edad Media el espíritu caballeresco provocó que muchos caballeros hicieran votos o promesas de lo más disparatadas. Entre ellas tenemos la de Bertrand Du Guesclin que decidió dejar de comer hasta que pudiera entrar en combate contra los ingleses, la promesa realizada por el conde de Salíbury que no dudó en taparse un ojo mientras que el rey de Francia no luchara en duelo con él, o el extravagante voto que hizo Bernart de Cascón según el cual prometió clavarse cada día de San Sebastián una flecha en el muslo izquierdo hasta que encontrase un caballero que accediera a luchar con él para defender el amor de su amada. Y aquí es donde aparecen los prisioneros de amor, caballeros medievales que se quedaban locamente prendados de una dama y que para demostrar su amor no dudaban en realizar gestas heroicas que a nuestros ojos parecen más locuras juveniles que acciones de cupido. A este tipo de amor se le conoció como “amor cortés” y nació en el siglo XI en la Provenza francesa desde donde se extendió a toda Europa. Esta filosofía amorosa, que se veía influida por las ideas de caballería y del feudalismo, guiaba al caballero a no enamorarse de una simple campesina, sino de una grácil y voluptuosa damisela que debía estar casada y con mayor posición social que él.&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5491061771170972994" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 198px; CURSOR: hand; HEIGHT: 274px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/TDQrloZfhUI/AAAAAAAAAJI/m2xi_CaRNl8/s320/amor+cort%C3%A9s.jpg" border="0" /&gt; &lt;strong&gt;Aventuras y proezas por amor&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;El amor se buscaba con ahínco porque no se veía como una situación inútil sino como un estado de gracia que ennoblecía y hacía superarse a quien lo practicaba. Como la amada debía estar casada el amor que se pretendía era un amor adúltero, de ahí que el caballero ocultara en todo momento el nombre de ella, pero eso no era inconveniente para que el enamorado aceptara una sumisión total, lo que se conocía como vasallaje amoroso, idea que se extrajo del feudalismo, pasando la mujer a ser el “señor” de la relación, el eje central y la que llevaba las riendas, autorizando, si quería, el comienzo, desarrollo y desenlace del amor. Para que la dama aceptara el amor del caballero, éste tenía que demostrar públicamente su pasión amorosa mediante retos, promesas, duelos o torneos, pero la “señora” era libre de corresponder o no al amante, de aceptar o no el amor del caballero, y el gran peligro de esta relación procedía de la indiferencia de la mujer, ya que si el hombre no era correspondido, la frustración haría que se formaran “vapores venenosos” en su cuerpo que irían subiendo poco a poco al cerebro que se inflamaría hasta producir la irremediable muerte del caballero. El caballero, si realmente amaba a la joven, tenía que disputar su amor, siendo esta lucha el instrumento de perfección espiritual. El fin último del caballero no era el sexo, porque éste lo podía tener si ningún esfuerzo escogiendo como amantes a las doncellas de su casa o mujeres de su señorío, sino que su amor fuera correspondido, conformándose simplemente con que la dama mostrara una mínima admiración hacia él, circunstancia que pensaba lograr viviendo grandes proezas y aventuras. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5491062093634558466" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 265px; CURSOR: hand; HEIGHT: 208px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/TDQr4ZqzWgI/AAAAAAAAAJQ/lc4ZHOZBG9Q/s320/66-2feudalismo-torneos.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Los “Pasos honrosos”&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El más famoso de todos los caballeros prisioneros de amor fue sin duda Suero de Quiñones. El citado Suero se presentó el 1 de enero de 1434 en la Corte del rey Juan II de Castilla para exponer al monarca que se encontraba “prisionero de amor” de una dama, de la que lógicamente no mencionó el nombre. Según las costumbres caballerescas, que todavía cantaban los últimos juglares en las cortes, la única solución para salir de su prisión amorosa era organizar un torneo en el que luchara contra otros caballeros demostrando así su valor con la esperanza que su amada se fijara en él y en última instancia que su amor fuera correspondido. Al rey le encantó la idea. Rápidamente dio su autorización y fijó que para declarar a Suero de Quiñones libre de su prisión amorosa se debían realizar trescientas justas en un mes, ellos lo llamaban romper trescientas lanzas. Como nunca se había organizado un torneo que durase tanto tiempo y en el que se iban a realizar tantos combates, a Suero se le permitió estar ayudado por otros nueve aventureros. En esencia el reto consistía en que durante un mes, que se marcó del 10 de julio al 9 de agosto de 1434, uno de estos diez caballeros se debían colocar en medio de un puente impidiendo el paso de todos los que por allí quisieran atravesar. Quienes decidieran pasar sin luchar deberían dejar su espuela derecha en señal de cobardía, pero no era así siempre pues había muchos caballeros de toda Europa que estaban dispuestos a combatir para demostrar su valor y ayudar a Suero a liberarse de su prisión. Para una “Olimpiada” de la caballería como aquella no se podía escoger “una porquería de puente”, había que elegir uno hermoso, grande y que fuera cruzado por el mayor número posible de personas, de ahí que se decidieran por el ubicado en la localidad leonesa de Hospital de Órbigo, porque al estar en el Camino de Santiago, y ser ese año “Año Santo Compostelano”, se aseguraban un afluencia multitudinaria. El reto, que fue divulgado por todas las cortes europeas, se conoce como el “Passo honroso de Suero de Quiñones”. &lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5491062304392664882" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/TDQsEqzc1zI/AAAAAAAAAJY/coDejVWbR98/s320/Otros_Monumentos-Hospital_de_Orbigo-Puente_del_Paso_Honroso.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Un espectáculo más que un combate&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El primer torneo se celebró el 12 de julio entre Suero de Quiñones y el caballero alemán Micer Arnaldo de Branderburgo, y aunque las justas se realizaban con armas de guerra que podían producir la muerte, los combates tenían más de exhibición que de campo de batalla, poniendo los caballeros sumo cuidado en que aquello no fuera una carnicería innecesaria sino un divertimento para la nobleza y una forma de ayudar a un compañero de caballería a cumplir su promesa. Tanto era así que las jornadas se iniciaban con una misa solemne y finalizaban con una opípara cena en la que compartían mesa los caballeros que durante el día había cruzado lanzas, muriendo únicamente un caballero de los sesenta y ocho que combatieron. Aunque el 9 de agosto, que era el plazo cuando expiraba el mes marcado, todavía no se habían podido alcanzar la cifra de trescientas lanzas, las doscientas que se rompieron fueron suficientes para que los jueces del torneo dieran como sobrado el valor de los combatientes, finalizando el reto y notificando a Suero de Quiñones que podía considerarse liberado de su prisión amorosa. Tal fue el éxito de estos combates, en los que no existía rencor ni animosidad entre los participantes sino que parecía que estaban ejercitándose en acto deportivo más que en un enfrentamiento armado, que tardaron poco en volver a repetirse. El siguiente “Passo honroso” en importancia tuvo lugar en Valladolid con motivo de las bodas del príncipe Enrique, el futuro Enrique IV, con doña Blanca de Navarra que se celebraron en 1440. El reto que Ruy Díaz de Mendoza propuso fue defender su puesto durante cuarenta días, pero en esta ocasión los accidentes, contusionados y heridos llegaron a ser tan numerosos que para evitar males mayores el rey dio por concluido el torneo antes de cumplirse el plazo fijado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5491062457044453426" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 179px; CURSOR: hand; HEIGHT: 225px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/TDQsNjeeSDI/AAAAAAAAAJg/kwFRoo-v0-0/s320/enrique4imagen.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Enrique IV “El Impotente”&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Gregorio Marañón, en su “Ensayo biológico sobre Enrique IV”, describe a este monarca como degenerado, exhibicionista, esquizoide, con impotencia relativa, corpulencia displásica, nariz deformada, larga estatura, fuertes miembros, manos grandes e hipogenitales, dedos largos, cabeza potente, cejas salientes y ancha frente, no ocultando incluso su homosexualidad. Se conocen los nombres de muchos de sus romances: Gómez de Cáceres, bello joven sin fortuna pero de trato afable que recibió favores a cambio de los suyos; Francisco Valdés, que tuvo que huir de la corte por la insistencia del rey; Miguel de Lucas Iranzo, que fue nombrado halconero mayor; Miguel de Lucas, joven muy religioso que necesitó escapar a Valencia para no caer en la cama de Enrique; Alfonso de Herrera, que fue pillado “casualmente” en la cama del rey; o Perucho de Mundáriz, que alcanzó el favor real tras la visita del rey a Durango en 1457. Si bien éstos eran bellos y bien formados, no hacía ascos a los feos o palurdos porque según cuenta Marañón después de cazar en los bosques de Segovia, El Pardo, Ávila o Balsaín, gustaba reunirse con hombres de mal vivir para “entregarse a costumbres infamantes” que por “respeto al pudor no se pueden repetir”. Disfrutaba tanto de lo morboso como de lo extravagante, no dudando en rodearse de fornidos etíopes o raquíticos enanos. Pero entre los favoritos del rey destacó sin ninguna duda don Beltrán de la Cueva, que gracias a su buena planta y graciosa figura fue escalando posiciones en la corte llegando desde simple paje a mayordomo mayor, conde de Ledesma, duque de Alburquerque y gran maestre de Santiago. Beltrán no dejó la oportunidad de agradar también a la reina, de ahí que las crónicas nos mencionen que “demostraba tanto amor al rey que parecía devoción, y tanta amor a la reina que parecía amor”, aunque para Marañón no existen pruebas contundentes para afirmar si doña Juana tuvo o no amores con don Beltrán.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El “Passo honroso” de don Beltrán&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Poco tiempo después del nacimiento de Juana “la Beltraneja”, Enrique IV, que se encontraba cazando en El Pardo, recibió la noticia que el duque de Armenach, embajador de Bretaña, estaba a punto de llegar a Madrid acompañado de un numeroso séquito para pactar con el monarca una alianza comercial y política. El rey decidió recibirles fuera de Madrid de manera espléndida organizando una gran fiesta que duró cuatro jornadas. El primer día se celebró un torneo en el que intervinieron veinte caballeros. En el segundo hubo carreras de caballos y juego de cañas. En el tercero una gran montería y para el cuarto y último, que era el día de regreso de toda la comitiva a Madrid, don Beltrán de la Cueva no dudó en organizar un “Passo honroso” para defender el paso de un puente que existía en el río Manzanares en el camino de El Pardo a Madrid, cerca de la actual ermita de San Antonio de la Florida. A la entrada del puente se construyó un arco de madera en la que se colgaron grandes letras de oro, de tal manera que a los caballeros que conseguían romper tras lanzas se les permitía acercarse para que cogieran y mostraran la letra por la que comenzaba el nombre de su amada. El día entero duró este “passo” y tan magnífico resultó que Enrique IV, queriendo honrar a don Beltrán por el día tan grandioso que había organizado, ordenó que se construyera un monasterio en el lugar donde se efectuaron las justas. Cuatro años duraron las obras, llegando en 1464 desde Guadalupe los primeros moradores del monasterio que eran monjes de la Orden de San Jerónimo, ordenando el rey por ese motivo que con motivo de su inauguración el 6 de mayo de 1645 se le llamara monasterio de San Jerónimo el Real, aunque el pueblo, en recuerdo del paso honroso, prefería llamarle Santa María del Paso Honroso. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5491062670832202194" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 130px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/TDQsZ_5ccdI/AAAAAAAAAJo/oXp3t69Bsq0/s320/r_iglesia_jeronimos_madrid_t2800429a.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Traslado del monasterio&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Como el monasterio estaba situado en las inmediaciones del río Manzanares en una zona cenagosa, llena de mosquitos y poco aireada, las dependencias sufrían constantes humedades y las enfermedades se cebaban entre los monjes, por lo que éstos no dudaron en pedir permiso a los Reyes Católicos para poder trasladarse a otro lugar más saludable, licencia que se concedió en 1503 y que fue ratificada por el Papa Alejandro VI en 1509. Para la nueva ubicación no se cometió el mismo error de situarlo en un paraje cenagoso y mal aireado, por eso cuando los &lt;a title="Reyes Católicos" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Reyes_Cat%C3%B3licos"&gt;Reyes Católicos&lt;/a&gt; ordenan la construcción del monasterio de frailes jerónimos, que serviría también como aposento de la Familia Real en sus estancias en la villa, se situó a las afueras de Madrid “en una elevación de su zona oriental, barrida por aires saludables y con abundancia de arroyos que regaban sus ricas huertas y praderas”. El traslado y construcción del nuevo monasterio lo hicieron los propios monjes aprovechando materiales del anterior, siendo su fábrica de ladrillo y mampostería, según la tradición madrileña. Como era costumbre que los monarcas se retirasen a descansar después de las ceremonias religiosas o palatinas que se realizaban en algunas fundaciones religiosas, anexo al nuevo monasterio se decidió construir unas pequeñas estancias habilitadas a tal efecto que se conocieron como “cuarto real” o “retiro”. El monasterio fue cobrando importancia con el paso de los años, tanto fue así que Fernando el Católico reunió en él Cortes, y a este “cuarto” se retiró Carlos V después de la jura de su hijo Felipe como heredero de la Corona en abril de 1528. Cuando Felipe II llega al trono ordena mejorar y ampliar el “cuarto viejo de San Jerónimo”, decidiendo también que su hijo, el futuro Felipe III, jure como heredero de la Corona en este templo. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5491063050327458818" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 221px; CURSOR: hand; HEIGHT: 275px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/TDQswFoKhAI/AAAAAAAAAJ4/iTy_hlIepmE/s320/felipe-iv.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Retrato de Felipe IV&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Felipe IV nació en Valladolid el 8 de Abril de 1605, siendo bautizado el 28 de Mayo con los nombres de Felipe Dominico Víctor de la Cruz y de Todos los Santos, reconocido antes de los tres años como heredero de la corona en una ceremonia que se celebró igualmente en la iglesia de San Jerónimo de Madrid, subiendo al trono de España, con tan solo dieciséis, el 31 de marzo de 1621. A los seis años murió su madre, la reina Margarita de Austria, por lo que su educación se puso en manos de eclesiásticos que le convirtieron en un hombre fervorosamente creyente, lo que no fue impedimento para que tuviera una intensísima vida amorosa. Si Felipe III era aficionado al rezo sin descuidar las diversiones, de su hijo puede decirse que se centró más en las diversiones pero sin descuidar los rezos, y haciendo un símil respecto a las aficiones reales éstas se asemejaban a una rosa de los vientos donde según Bernardino de Pantorba: “Al norte estarían las mujeres, al sur las comedias, al este la caza, y al oeste los toros”. Tenía un carácter frívolo e indolente, no poseyendo las aptitudes necesarias para reinar, gustando únicamente de lo agradable y superfluo, huyendo de todo lo que supusiera un esfuerzo, por lo que Marañón, muy acertadamente, le definió como un “paralítico de la voluntad”, voluntad que fue domeñada a fuerza de adulaciones, halagos o confabulaciones por don Gaspar de Guzmán y Pimentel, más conocido como el Conde-Duque de Olivares. En 1629 el poderoso Olivares sugirió al rey la posibilidad de construir un palacio y unos jardines que sirvieran para disfrutar de las ventajas del campo sin salir de Madrid, así como para el recreo y el esparcimiento, y donde el rey luciera esplendorosamente rodeado de su Corte, dejando así el antiguo Alcázar medieval simplemente como casa del rey y sede del gobierno de la monarquía.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El palacio y los jardines del Buen Retiro&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Olivares escogió como punto de partida para levantar semejante proyecto el “cuarto viejo de San Jerónimo”, estancias donde se “retiraban” los monarcas, iniciándose las obras en 1630. Los terrenos circundantes se fueron ampliando mediante compra, cesiones de parcelas por parte de algunas familias nobles, donativos de la villa, expropiaciones y la incorporación de algunos terrenos que el conde-duque de Olivares tenía cerca del monasterio. En el S. XVII estaba de moda contemplar ciertos animales como espectáculo, por lo que era costumbre que la nobleza tuviera en sus posesiones mini-zoológicos. En uno de los terrenos que Olivares cedió a la corona, el conde-duque tenía instaladas unas jaulas donde cuidaba unas espléndidas gallinas de las que estaba orgulloso por el exotismo de las aves, de ahí que en 1632, cuando se empezó a dar forma a la edificación, los estanques y los jardines, los madrileños no dudaron en llamar a este lugar de esparcimiento “el Gallinero”, y nuestros enemigos franceses, que estaban a la que saltaba, aprovecharon la ocasión para insultar a los españoles llamándonos “gallinas”. Esta situación obligó a buscar rápidamente una nueva denominación que frenara motes jocosos y chistecitos fáciles, de ahí que por Real Pragmática de 1 de diciembre de 1633 se decidiera abandonar la antigua denominación de “Cuarto Viejo” o “Cuarto Real de San Jerónimo” por una con más empaque como era la de “Real Sitio del Buen Retiro”.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/117965272777650952-8762681530427974031?l=antoniobalduque.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/feeds/8762681530427974031/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=117965272777650952&amp;postID=8762681530427974031' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default/8762681530427974031'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default/8762681530427974031'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/2010/07/pasos-honrosos-y-prisioneros-de-amor-en.html' title=''/><author><name>Antonio Balduque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12918333345669657959</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/Sw7ePezHxqI/AAAAAAAAABo/i64DrY9kXD8/S220/3+(1).jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/TDMkzunoduI/AAAAAAAAAJA/v77qF2ziRd4/s72-c/retiro.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-117965272777650952.post-5413312775091853800</id><published>2010-04-15T01:07:00.000-07:00</published><updated>2010-04-15T01:47:35.819-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S8bNfkiGoMI/AAAAAAAAAIQ/1TJmUEzqRkY/s1600/Puente%2520de%2520Toledo_dos.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5460277540499660994" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S8bNfkiGoMI/AAAAAAAAAIQ/1TJmUEzqRkY/s320/Puente%2520de%2520Toledo_dos.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;¡AGUA VA!&lt;br /&gt;Curiosidades del agua de Madrid&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Por Antonio Balduque Álvarez y Guiomar Balduque Méndez&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;En la parte más alta de lo que actualmente es la calle Segovia, existió un poblado visigodo que era conoció por el término latino “Matrice”, que significa “arroyo matriz o madre”, en referencia al nacimiento de agua alrededor del cual se fueron asentando los primeros pobladores visigodos. Con la llegada de los musulmanes este minúsculo asentamiento fue tomando relevancia por su ubicación privilegiada en el camino que los cristianos de los reinos del Norte tenían que recorrer una vez que pasaban los puertos del Sistema Central, de ahí que a mediados del S. IX el emir de Córdoba, Muhammad I, decidiera fortalecer el asentamiento con unas potentes murallas. La nueva población amurallada se levantaba sobre un escarpe rocoso a considerable distancia del río Manzanares que a sus pies serpenteaba con tan mezquino cauce, que siglos después hay quien lo ha llegado a comparar con un colegio pues tenía “vacaciones en verano y curso sólo en invierno”. Hasta la fecha los arqueólogos no han encontrado restos de conducciones de agua que desde el río llegasen hasta la ciudad. Pero si lo musulmanes no utilizaban el río para beber ¿de dónde sacaban el agua?... De los “viajes de agua”.&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Los viajes de agua&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;En el subsuelo de la altiplanicie madrileña y sobre las capas graníticas impermeables del terreno, durante siglos se fueron formando mantos acuíferos que se nutrían de los arroyos subterráneos procedentes de la sierra del Guadarrama y del agua de lluvia que se iba filtrando por las capas permeables hasta configurar unas potentes bolsas de agua. A unos kilómetros de la nueva Madrid amurallada, y en una zona con mayor altura que la ciudad, los musulmanes se especializaron en detectar estas bolsas de agua, y una vez localizadas, excavaban profundos pozos para captar el preciado líquido. Después los iban uniendo entre sí por medio de galerías subterráneas con la altura y anchura suficiente para que pudiera recorrerla un hombre y cuyo fondo se canalizaba con piezas de barro para que el agua descendiera suavemente hasta Madrid por la acción de la gravedad gracias a una inclinación del 1 al 4 por mil. Este sistema madrileño de viajes de agua, con sus vías principales, secundarias, conexiones y ramales, se asemejaba mucho al sistema neuronal de una persona, permitiendo que esta complicada red de canalización subterránea llevara el agua necesaria a cualquier parte de la ciudad sin necesitar para nada al río Manzanares que quedaba relegado a la simple función de lavadero o suministrador de agua para el riego de huertas y tierras de labor. Con este sistema tan simple la capital logró el suministro durante el escaso margen de tiempo de…¡diez siglos!&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5460278689706770098" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 192px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S8bOidqbfrI/AAAAAAAAAIg/ubNE1z-4YDc/s320/Rio+Manzanares+(las+lavanderas)+1+TP+114.jpg" border="0" /&gt;Perfume con babas&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Después de recorrer kilómetros de gale-rías subterráneas el agua que llegaba a las fuentes madrileñas se dedicaba más a calmar la sed que a la limpieza corporal. Como a los españoles nos gusta imitar las conductas de las clases altas, no nos debe extrañar lo mal que debían oler nuestros antepasados, pues incluso Lobera de Ávila, médico personal del Emperador Carlos V, recomendaba que tras levantarse de la cama se asease únicamente la cara y las manos, dejando el baño para los enfermos pues no era costumbre de “los Señores de España”. Del baño se huía como de la peste pues se pensaba que destruía las fuerzas, hacía descender los malos humores, provocaba vómitos y desmayos, ablandaba el cuerpo y por si todo esto era poco, afeminaba al hombre. Tan extendidas estaban estas ideas que los capitalinos de los siglos XVI, XVII y XVIII, si alguna vez utilizaron el Manzanares para bañarse, nunca lo hicieron con intenciones higiénicas, sino siempre en verano y con el único fin de refrescarse. Como el olor corporal era tan intenso, los fétidos aromas humanos se intentaban ocultar bajo el velo de afeites, lociones y esencias. Las damas se solían perfumar los vestidos, las manos, los cabellos y la cara con aguas olorosas que contenían almizcle, ámbar o algalia, y a falta de pulverizador, las criadas llenaban su boca con agua aromatizada y la escupían con fuerza a través de sus dientes rociando el rostro de su señora con una finísima lluvia perfumada y sobre todo… ¡de babas!&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¡Todo bien frío!&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Aunque el agua se utilizaba poco para el aseo, sí que estaba muy extendida entre los madrileños la costumbre de beberla fresquita. Para nosotros es muy sencillo sacar de la nevera una bebida fría, pero hace siglos para enfriar un líquido se tenía que introducir en un pozo, una cueva, un sótano, dejarse al relente nocturno en una vasija porosa cubierta con un trapo húmedo o se enfriaba con nieve, siendo este último el recurso más usado entre nuestros antepasados. Cuando hablamos de enfriar los líquidos con nieve no queremos decir que los madrileños pusieran nieve en los vasos a modo de cubitos, o que bebieran el agua helada obtenida al derretir la nieve. No. Su método era tan sencillo como rodear con nieve un vaso de vidrio lleno de agua, tapando el mismo con un platillo repleto también de copos helados. En otras ocasiones en lugar de vasos se usaban cantimploras o garrafas de cobre con formas estrechas y alargadas para introducirlas mejor en la nieve. La afición al agua helada se fue extendiendo durante los siglos XVI y XVII y a otras bebidas, siendo muy común entre los madrileños degustar muy fría la limonada de vino, la aloja, el agua de canela o de guindas, la leche, los sorbetes, la horchata o el hipocrás, siendo tal la pasión que al final del S. XVII hasta el caldo gustaba tomarlo… ¡helado!&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5460281213814333154" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 225px; CURSOR: hand; HEIGHT: 279px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S8bQ1YskXuI/AAAAAAAAAIw/PdUg1-ejy-s/s320/maria+luisa+Orleans.jpg" border="0" /&gt;La reina muere por un caldito frío&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;La excesiva afición al consumo de bebidas frías hizo que para acelerar el proceso de enfriamiento echaran directamente nieve dentro del líquido a refrigerar. Como podemos imaginar en esos siglos el transporte y manipulación de la nieve se hacían sin cumplir las mínimas condiciones higiénicas, por lo que cuando se bebía un líquido así enfriado los riesgos de contraer una gastroenteritis eran altísimos, siendo muy comunes, sobre todo en verano, las epidemias. Aunque para el pueblo no existían muchos miramientos, para los reyes sí se tenía especial cuidado en que la nieve que llegara a sus mesas fuera de la mejor calidad, de copos blancos, brillantes y sin olores. Pero ni aún así la realeza se libraba de sufrir problemas estomacales, cuando no otros mayores. Como lo demuestra la curiosa historia de la reina María Luisa de Orleans, primera mujer de Carlos II, que al parecer se sumió antes de tiempo en el sueño de los justos por su denodada afición a las comidas y bebidas heladas. Según cuentan las crónicas a María Luisa, en lugar de tomar para merendar una aburridísima taza de café acompañada de unas tristes pastas, se le ocurrió disfrutar de una merienda de diseño a base de naranjas, aceitunas y ostras. Por si su estómago no había sufrido suficiente prueba de madurez, no se le ocurrió a la buena mujer más que regar a estos alimentos, que todo el mundo sabe que combinan a la perfección, con abundantes libaciones de leche fría y caldo helado. No se sabe si murió por el exceso, la mezcla o la gastroenteritis, pero sí podemos afirmar que llegó muy fresquita a las puertas de San Pedro.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5460280074207841602" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S8bPzDVNTUI/AAAAAAAAAIo/btasUHaUtZg/s320/pozos+de+nieve.jpg" border="0" /&gt;Las neveras&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;El consumo de nieve llegó a ser tan habitual entre todas las clases sociales, que se vendía por las calles durante todo el año. Desde las seis de la mañana hasta las diez de la noche, durante el verano, y desde las ocho de la mañana a las ocho de la noche, en invierno, los madrileños acudían a los puntos de venta para proveerse de tan refrescante suministro, siendo tanta la demanda que a los encargados de vender y acarrear esta mercancía se les conoció como “neveros”, a los puntos de venta “neverías” y a los lugares donde se guardaba la nieve para conservarla se les llamó “pozos de nieve” o “neveras”, de ahí que todavía hoy en día muchos de nosotros utilicemos el término castizo nevera y no el de frigorífico. La cantidad de nieve que demandaba la capital fue adquiriendo tal volumen que para asegurar que Madrid estuviera siempre abastecida, Felipe III concedió al catalán Pedro Xarquíes la exclusividad del suministro de hielo y nieve. La empresa de Xarquíes sacaba la nieve de los ventisqueros de la Sierra de Guadarrama y la trasladaba hasta unos pozos que entre 1607 y 1608 había construido en la zona que hoy ocupa aproximadamente la plaza de Bilbao, y a otros que existían en la Real Casa de Campo. Desde estas zonas de almacenaje la nieve se transportaba en caballerías hasta los puntos de venta o neverías, que en 1619 se localizaban entre otros lugares en: la Puerta del Sol, Plazuela de Herradores, el Portal del Marqués de Cañete, el Portal de la Duquesa de Pastrana, el Portal del Conde de Salazar, el Portal del Duque de Frías, la Plazuela de Matute o en la misma vivienda de Pedro de Xarquíes.&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5460277903450134754" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 230px; CURSOR: hand; HEIGHT: 325px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S8bN0soPWOI/AAAAAAAAAIY/5HAHInaeMoc/s320/agua+va.jpg" border="0" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;La ciudad más puerca del mundo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Como hemos mencionado Madrid podía ser admirada por su curioso sistema de suministro hídrico pero no por su alcantarillado. Mientras que existían unos viajes de agua que llevaban agua limpia a las fuentes, conventos, hospitales, casas nobles o al Palacio Real, Madrid no disponía del más sencillo alcantarillado por el que eliminar las aguas sucias y las inmundicias que generaban los madrileños, de ahí que existiera la costumbre de arrojar por las ventanas tanto las aguas mayores como las menores y las basuras. En los pueblos las necesidades fisiológicas se realizaban en el campo o en corrales, pero en una ciudad como Madrid, que al estar rodeada por una cerca tenía que crecer en altura, no existía tal posibilidad, por lo que los madrileños fueron especialistas en el lanzamiento aéreo de excrementos desde sus ventanas al grito de ¡Agua va! Cuando los visitantes extranjeros llegaban a Madrid se quedaban asombrados de que sus calles estuvieran recubiertas de un fango tan putrefacto que les quemaba los zapatos, los cerdos recorrieran la ciudad a sus anchas porque se alimentaban con los desperdicios que se amontonaban en las calles, el ambiente fuera tan insalubre que las rejas de las casas rezumaran un “sarro infecto” y el hedor tan intenso que antes de ver la ciudad ya se sabía que existía. Por todo lo dicho no nos debe extrañar que en 1747 el viajero italiano Beretti dijera de Madrid que era la “cloaca máxima, pues paseando por sus calles se está como en una letrina”.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La marea de excrementos&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Estos olores tan nauseabundos, que una pituitaria actual no podría resistir, no eran sin embargo problema para los madrileños de los siglos XVI, XVII y XVIII, pues tenían la curiosa idea de que el aire de Madrid era de una pureza tan extrema que si no se equilibraba con los vapores inmundos que producían los excrementos podría ser perjudicial para su salud. Este pensamiento estaba tan arraigado que circulaba por calles y mentideros una popular letrilla que decía: “el aire de Madrid es tan sutil que mata a hombre y no apaga un candil”. Pero no debemos pensar que nunca se limpiaban las calles. Se limpiaban pero menos de lo necesario sobre todo por falta de presupuesto. El aseo de las vías se realizó durante los siglos XVI, XVII y la mitad del XVIII de dos formas dependiendo la climatología. Si hacía buen tiempo la basura y los excrementos sólidos humanos y animales diseminados por el suelo se recogían y sacaban de la ciudad por medio de carros dispuestos a tal efecto. Pero cuando el tiempo era lluvioso las calles se llenaban de una masa cenagosa que impedía el avance de los carros por lo que tenían que usar “los carros podridos”, una especie de grandes cajones tirados por mulas y conducidos por un hombre que arrastraban a su paso una pestilente masa viscosa de basura y excrementos. Esta “crema de deposiciones” se conducía hasta unos sumideros que drenaban las inmundicias hasta el Manzanares. En Madrid existían dos grandes sumideros o alcantarillas: el de los caños del Peral, que se localizaba donde actualmente está la Plaza de Isabel II, y la del arroyo de Leganitos. Cuando los carros podridos empezaban a arrastrar al unísono el fango marrón, la natural pestilencia que envolvía Madrid se incrementaba de tal forma que los olores nauseabundos anunciaban con antelación la llegada de tan fétida comitiva, de ahí que los madrileños conocieran el sistema de limpieza como “la marea”.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Los madrileños son como niños…&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;A la muerte de Fernando VI, su hermanastro, Carlos III, tiene que dejar el trono de Nápoles y regresar a España. Cuando llega a Madrid se encuentra una ciudad de aspecto deprimente, llena de lodos, basuras y excrementos malolientes que la hacían parecer más una pocilga que una urbe. Al poco de ceñir la corona y harto de ver a Madrid nadar entre la inmundicia, manda al marqués de Esquilache que prepare un plan de limpieza, empedrado, alumbrado y alcantarillado que transforme la mugrienta ciudad. Al fin, el 13 de mayo de 1761, se publica una Real Orden para el aseo y limpieza en la que se prohibía arrojar aguas mayores y menores por las ventanas, teniéndose que canalizar los desperdicios hasta unos pozos negros o fosas sépticas. Estos pozos se debían vaciar por la noche, y los excrementos sacados de la ciudad en unos carromatos malolientes que el pueblo denominaba “las chocolateras de Sabatini”. La Orden prohibía también que los cerdos estuvieran sueltos por las calles, salvo para llevarlos al campo antes de la salida del sol y recogerlos después de la puesta. Para dar una solución a los residuos urbanos, se obligó que todos los carruajes que entraban a Madrid cargados con mercancías para el consumo humano, la mayoría de ellos con pan, tendrían que llevarse a su salida las basuras y desperdicios de los madrileños. Pero la Orden iba aún más lejos, autorizando a los alguaciles a entrar en las viviendas particulares una vez a la semana para comprobar que éstas estuviesen limpias. Si consideraban que alguna de ellas no presentaba el debido aseo podían incluso multar a los dueños. ¿Cómo actuarían ustedes si ahora se autorizara a un concejal del Ayuntamiento a entrar a su casa para comprobar si ha pasado la mopa? Si esto no era suficiente, tres años después, en 1764, se publicó otra Real Orden en la que se obligaba a los madrileños a barrer la delantera de su casa a primera hora de la mañana, y desde mayo a octubre también a regarla. El pueblo madrileño acogió muy mal estas medidas higiénicas por lo que Carlos III, que no comprendía cómo podía tener unos súbditos tan marranos, parece no dudó en exclamar: “Mis vasallos son como los niños: lloran cuando se les lava”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Bibliografía:&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Alcalá-Zamora, J.: La vida cotidiana en la España de Velázquez, Madrid, Ediciones Temas de &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Hoy, 1989.&lt;br /&gt;Arroyo Llera, F.: Arbitrismo, población e higiene en el abastecimiento hídrico de Madrid en &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;el siglo XVIII, Boletín de la A.G.E. Nº37-2004.&lt;br /&gt;Blasco Esquivias, B.: ¡Agua va!, Madrid, Caja Madrid, 1998.&lt;br /&gt;Carrascosa, J.: Historia de los escudos de la Villa de Madrid, Madrid, 1981.&lt;br /&gt;Corella Suárez, P.: La nieve en Madrid, Madrid, Ediciones La Librería, 2000.&lt;br /&gt;Ferrer, J.M.: Visión romántica de Madrid, Madrid, Editorial Viajes ilustrados, 1997.&lt;br /&gt;Guerra Chavarino, E.: Los viajes de agua de Madrid, AIEM, XLVI, 2006.&lt;br /&gt;Landa Goñi J.: El agua en la higiene del Madrid de los Austrias, Madrid, CYII, 1996.&lt;br /&gt;Muñoz de Pablo, M.: Las trazas del agua al Norte de la villa de Madrid. AIEM, XLVI, 2006.&lt;br /&gt;Olivares Prieto, A.: Rincones del viejo Madrid, Madrid, Ediciones La Librería, 1998.&lt;br /&gt;VV.AA.: Historia del abastecimiento y usos del agua en la Villa de Madrid, Madrid, Edita &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Confederación Hidrográfica del Tajo y Canal de Isabel II, 2000.&lt;br /&gt;VV.AA.: Madrid: Atlas histórico de la ciudad,.1850-1939, Madrid, Editorial &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Lunwerg/Fundación Caja Madrid, 2001.&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;capsuladelengua.wordpress.com&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/117965272777650952-5413312775091853800?l=antoniobalduque.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/feeds/5413312775091853800/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=117965272777650952&amp;postID=5413312775091853800' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default/5413312775091853800'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default/5413312775091853800'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/2010/04/agua-va-curiosidades-del-agua-de-madrid.html' title=''/><author><name>Antonio Balduque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12918333345669657959</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/Sw7ePezHxqI/AAAAAAAAABo/i64DrY9kXD8/S220/3+(1).jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S8bNfkiGoMI/AAAAAAAAAIQ/1TJmUEzqRkY/s72-c/Puente%2520de%2520Toledo_dos.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-117965272777650952.post-8208585899918605017</id><published>2010-04-12T04:43:00.000-07:00</published><updated>2010-04-12T05:04:48.825-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S8MJxLyczYI/AAAAAAAAAIA/CqG_6DjL7Q4/s1600/ESP+FRAN+I+.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5459217913885805954" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 186px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S8MJxLyczYI/AAAAAAAAAIA/CqG_6DjL7Q4/s320/ESP+FRAN+I+.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;LA ESPADA DE FRANCISCO I&lt;br /&gt;LA CURIOSA DEVOLUCIÓN DE UNA ESPADA EQUIVOCADA&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;En 1524 las tropas de Carlos V vencieron a las francesas en la batalla de Pavía, capturando al rey francés Francisco I que se vio obligado a entregar sus armas en el momento del apresamiento. La espada sufrió un curioso peregrinaje que en este artículo intentaremos desvelar. &lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/strong&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5459216566028588482" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 302px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S8MIiuoP1cI/AAAAAAAAAHg/-rAc65dG87U/s320/RENDICION+2.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¡Qué Bicoca!&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;En los primeros decenios del siglo XVI el rey francés Francisco I ve con angustia como sus territorios van siendo rodeados por sus enemigos, en especial por las posesiones de Carlos I de España. Para reducir la presión decide anexionarse una zona de vital importancia para sus enemigos porque enlazaba los dos bloques que constituían el imperio europeo: España-Italia y Austria-Borgoña. Este enclave era el ducado de Milán, más conocido como el Milanesado, por lo que entre 1521 y 1524 las tropas francesas y españolas van a tener que cruzar sus armas para dominarlo. Los franceses para reforzar sus tropas decidieron acudir a los más famosos mercenarios de la época: los piqueros suizos. Quince mil suizos son contratados por Francia, y en el convencimiento que la victoria estaría de su parte deciden enfrentarse a cuatro mil soldados españoles. La batalla se libró el 27 de abril de 1522 en la localidad milanesa de Bicocca, siendo diezmado el ejército francés sin que hubiera casi ninguna baja entre los españoles gracias al novedoso empleo de los arcabuces por parte española. Desde ese momento se incorporó al idioma español la palabra bicoca para referirse a un bien muy deseado que se obtiene de manera fácil y sencilla. Tras varios años de combates con alternancia de resultados, Francisco I realiza a finales de 1524 un avance irresistible, por lo que los imperiales, para poder reagruparse, tienen que retirarse hacia el Este dejando en Pavía una mínima guarnición que tiene que rechazar los continuos asaltos de un ejército muy superior. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5459216816453436466" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 195px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S8MIxTiLxDI/AAAAAAAAAHo/KCqSKTw92zc/s320/BUSTO+FRANC+I.jpg" border="0" /&gt;&lt;strong&gt; El rey de Francia Francisco I &lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Desjarretando caballos y rematando enemigos&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Ante los repetidos fracasos de asalto, Francisco I opta bloquear la plaza como mejor método para hacerla capitular. Los ejércitos de Carlos I sufrían una acuciante falta de dinero y víveres, por lo que temiendo que sus tropas pudieran desertar si se producía una campaña prolongada decide avanzar contra el ejército sitiador. Los oficiales de Francisco le recomiendan levantar el sitio para no quedar aprisionado entre las fuerzas que defienden la ciudad y los que acuden para levantar el sitio, pero hace oídos sordos y decide mantener la posición. En la mañana del 24 de febrero de 1524 los españoles que habían acudido para ayudar a los sitiados, y las tropas que estaban sitiadas en el interior de Pavía, realizan un asalto conjunto que sorprende al enemigo. Francisco I decide presentar combate y al frente de su caballería realiza una potente una carga que barre a la imperial. Al ver derrotada la caballería imperial, Francisco I cree ganada la batalla sin prestar atención a un elemento novedoso: los arcabuceros españoles. Cuando la caballería francesa se está reorganizando tras la carga, los españoles reúnen a mil quinientos arcabuceros que, protegidos desde un bosque, abren un fuego devastador contra las cabalgaduras que caen a decenas arrojando contra el suelo a los caballeros que por el peso de sus armas apenas pueden levantarse. Este momento es aprovechado por pequeños destacamentos de españoles que espada o daga en mano acuden prestos a desjarretar o desbarrigar a los caballos, así como para rematar a los enemigos caídos. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5459215807469433810" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 190px; CURSOR: hand; HEIGHT: 259px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S8MH2kxps9I/AAAAAAAAAHY/YClSfA5SsBk/s320/urbieta.gif" border="0" /&gt;&lt;strong&gt; Juan de Urbieta&lt;/strong&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Rendición de Francisco I y entrega de su espada&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Al ver que todo estaba perdido el monarca francés decide huir, pero un balazo derriba a su caballo que cae de costado atrapando la pierna de Francisco I. Una vez en el suelo acudió presto hacia él un vizcaíno llamado Juan de Urbieta, quien al verle tan señalado en sus vestiduras le puso el estoque en un costado intimándole a rendirse. El rey, viéndose en peligro de muerte, exclamó: “¡La vida, yo soy el rey!”, “¡No me rindo a ti, me rindo al emperador! En ese momento Urbieta vio que al alférez de su compañía querían arrebatarle su estandarte, por lo que antes de pedirle al rey una señal para que quedara constancia que él le había rendido, prefirió socorrer a la bandera no sin antes decirle: “Si vos sois el rey de Francia, hacedme una merced” y alzándose la visera de su casco le mostró su dentadura mellada y le dijo: ”En esto me conoceréis”. Al partir Urbieta se acercó otro hombre de armas llamado Diego de Ávila que al ver en tierra a tan adornado personaje le intimidó para que se rindiera, entregándole Francisco I su estoque de combate y una manopla de su armadura. Para ayudar al monarca francés a liberarse del caballo que le aprisionaba parte del cuerpo a Diego de Ávila le auxilió un soldado llamado Alonso Pita da Veiga, que no dudó en tomarle del cuello la insignia de San Miguel que llevaba colgada de una cadenita.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Significación de la entrega del estoque y la manopla&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;La tradición de aceptar la rendición entregando el estoque de combate y su manopla derecha era un hábito entre los reyes combatientes. Con esas formalidades se rindieron Juan de Francia, en la batalla de Poitiers, y el rey David de Escocia, en la batalla de Durham, por lo que Francisco I tomó como ejemplo este gesto. Otras muestras de este tipo de rendición las tenemos también en la más cercana batalla de San Quintín (1557), donde el Condestable de Montmorency entregó su estoque como señal de rendición a un soldado de la caballería ligera llamado Sedano, el cual se lo confió personalmente a Felipe II. La espada era considerada desde la antigüedad como una herramienta de justicia y de orden, estando indisolublemente asociada a la protección que ofrecían los soberanos a la sociedad, por lo que al desprenderse voluntariamente de ella el monarca dejaba simbólicamente a su pueblo sin ninguna protección, de ahí que muchos caballeros prefirieron tras la batalla de Pavía entregarse voluntariamente diciendo:”No quiera Dios que nosotros volvamos a Francia, quedando prisionero nuestro rey”.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El viaje de la espada hasta España&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Tras su captura Francisco I quedó prisionero en un monasterio a las afueras de Pavía, y allí estuvo hasta que llegó un correo del Emperador ordenando se le embarcase en Génova con destino a Madrid, donde fue instalado en el Palacio Real. También acudió a Madrid don Diego de Ávila, el poseedor del estoque de guerra y la manopla con las que combatió Francisco I, el cual, tras solicitar una recepción con Carlos V, depositó en las manos del Emperador los preciados objetos, que no dudó en guardarlas durante algún tiempo en su cámara personal por considerarlos como objetos de especial relevancia. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5459215534092381074" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 212px; CURSOR: hand; HEIGHT: 287px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S8MHmqXe65I/AAAAAAAAAHQ/7t01cHj3w3E/s320/untitled.bmp" border="0" /&gt;&lt;strong&gt; Espada de Corte o protocolo de Francisco I&lt;/strong&gt; &lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Llega la espada de la confusión&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;En 1585, sesenta años después del combate de Pavía, cuando Felipe II se encontraba en Tortosa de regreso de las Cortes celebradas en Monzón, un sujeto llamado Marco Antonio de Aldama le hizo donación de una &lt;a name="OLE_LINK2"&gt;espada de ceñir guarnecida de oro y esmalte&lt;/a&gt;. En el momento de la entrega informó al rey que dicha espada había pertenecido a su padre D. Juan de Aldama, coronel de Italianos que participó en la Batalla de Pavía, donde según le había contado su progenitor la había tomado a Francisco I. Pero todo parecía indicar que más que una espada de combate, la espada entregada a Felipe II, al estar toda ella guarnecida de oro y esmalte, tenía que ser de las que se usaba el monarca en la corte, por lo que debió ser tomada en el campamento francés y no de la mano del monarca francés. El rey castellano recompensó el obsequio otorgándole una pensión de 200 libras anuales y una carta de privilegio expedida el 1 de Julio de 1589 en San Lorenzo de El Escorial, disponiendo que se depositara en la Real Armería junto al estoque de combate entregado a su padre Carlos V. El oro y esmaltes de la rica empuñadura así como el grabado de una salamandra, emblema que Francisco I usó en la batalla de Pavía, hicieron creen con el paso de los años que la espada ofrecida a Felipe II en 1585 era la que entregó Francisco I en el momento de la rendición, mientras que el escaso valor intrínseco del estoque de combate, arma de guerra de gran solidez que no podía tener esmaltados pues fácilmente escaparía de las manos en la lucha, y quizá el deterioro en el que se encontraba, provocaron que éste cayera en el olvido.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Fernando VII devuelve una espada equivocada&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Estas dos espadas, la de combate y la de protocolo, permanecieron en la Armería Real de Madrid hasta la invasión francesa de 1808. Fernando VII hizo su entrada triunfal en Madrid el 25 de marzo de 1808, a los cinco días del famoso motín contra Godoy y la abdicación de Carlos IV. Embriagados con el entusiasmo popular los madrileños casi no habían reparado que las tropas francesas, al mando del Murat, cuñado de Napoleón y Gran Duque de Berg, habían entrado el día anterior en la citada Capital. Las adulaciones que mostraba Fernando VII hacia Murat llegaron a ser vergonzantes, por lo que cuando el francés hizo comentó que a su cuñado el Emperador “le sería muy grato poseer la espada que perteneció a Francisco I”, el felón Fernandito no dudó en comentar a su allegado: “¿Qué importa un pedazo de hierro más o menos? Demos gusto a la familia imperial”. El 29 de marzo dio la orden verbal a su Caballerizo Mayor, Marqués de Astorga, para que dispusiera todo lo necesario a efectos de entregar a Murat “la espada de Francisco I que desde el año 1525 se hallaba en la Real Armería del Arco de Palacio”. Como se aprecia, la orden indicaba claramente que se debía devolver el estoque de combate que se entregó como gaje a Diego de Ávila, y no la espada de ceñir guarnecida de oro y esmalte que llegó a manos de Felipe II en 1585, que fue la que realmente devolvimos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5459219366698221122" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 263px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S8MLFv76_kI/AAAAAAAAAII/RvvHw9XHV5s/s320/casa.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Palacio del Secretario de Estado en Madrid donde vivía Murat durante la ocupación francesa y lugar donde se entregó la espada de Francisco I.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pomposo ceremonial de entrega&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El día 30 de marzo por la tarde, el Armero Mayor D. Carlos Montargis y su ayudante D. Manuel Frotier, sacaron la espada del armero nº 40 y la llevaron a la casa del Marqués de Astorga. A la mañana siguiente esperaba a la puerta de la casa una rica carroza de embajadores conducida por un tiro de mulas con guarniciones de gala, escoltándola a cada uno de sus lados tres lacayos del rey con grandes libreas. En ella se colocó la espada sobre una bandeja de plata, comprada exclusivamente para tal evento, cubierta con un paño de seda rojo guarnecido de galón ancho brillante y flecos de oro. En otro coche, también con tiro de mulas y dos lacayos a cada lado, se aposentaron el Marqués de Astorga y el Duque del Parque, Teniente General de los Reales Ejércitos y Capitán de las Reales Guardias de Corps. A las doce en punto partieron las carrozas escoltadas por una partida de Guardias de Corps compuesta por un subrigadier, un cadete y veinte guardias. La comitiva recorrió la calle ancha de San Bernardo y la de Torija, y al llegar al alojamiento de Murat, que era la antigua casa que había habitado Manuel Godoy junto al convento de Dña María de Aragón, la guardia de honor del Duque de Berg les recibió formada. Una vez detenidas las carrozas se apearon las comitivas. El Armero Mayor tomó la bandeja con la espada y subió delante del Marqués de Astorga y el Capitán de las Reales Guardias hasta un amplio salón donde les esperaba el Gran Duque. Una vez en su presencia, el marqués le entregó una carta de Fernando VII y dijo una corta arenga, después de lo cual hizo entrega de la espada recibiéndola Murat con el mayor agrado, contestando con un expresivo discurso. Concluida la ceremonia retornó la comitiva a Palacio dando cuenta a Su Majestad por escrito de haber realizado la comisión a plena satisfacción.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Llega una copia de la espada&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Años después el Estado reclamó a Francia la devolución de lo expoliado en la Guerra de la Independencia. En virtud de los tratados de 1814 y 1815 algunos objetos fueron devueltos, pero la espada entregada a Murat que pudo regresar a la península porque no cumplía los requisitos al haber sido entregada al país vecino en un acto espontáneo y “voluntario” de Fernando VII. En vista de la situación, y queriendo conservar en la memoria de los españoles el glorioso triunfo de Pavía, Isabel II mandó D. Eusebio Zuloaga, armero de palacio, que realizara una copia exacta de la espada que se encontraba depositada en el Mueso de Artillería de París. El 24 de marzo de 1849 se le comunica la Real Orden autorizando el gasto de 4.000 reales para la fabricación de la copia, arma que se puede contemplar en la actualidad en la Armería Real de Palacio (Madrid), siendo descrita en el catálogo histórico-descriptivo de la Real Armería de Madrid en los siguientes términos: “de hoja ancha de campo llano, filos abiselados y recazo bañado en oro. En ambas caras se aprecia una lazada semejante a la del collar de la Orden francesa de San Miguel, y una cruz de tres brazos parecida a la de Lorena. El largo de la hoja es de 0,850 metros y en la canal se lee en caracteres monacales lo siguiente: “CHATALDO ME FECIT”. La empuñadura, de oro y esmalte, se compone de una cruz de brazos rectos cuadrangulares que terminan en volutas dobles con el texto “FECIT POTENCIAM IN BRACHIO SVO”, puño cilíndrico con dos fajas de oro esculpidas que rematan en una salamandra por cada lado, y el resto cubierto de esmalte rojo y blanco a bandas oblicuas. El pomo es redondo, ligeramente aplanado y con grandes hojas de acanto y rodeos de oro sobre fondo de esmalte rojo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bibliografía&lt;br /&gt;-Archivo del Palacio Real. Secc. Histórico. Caja 308. Exp. 41&lt;br /&gt;-Archivo del Palacio Real. Secc. Histórico. Caja 315. Exp. 8 y 16&lt;br /&gt;-Archivo del Palacio Real. Secc. Histórico. Caja 321. Exp. 8 y 29&lt;br /&gt;-Catálogo de la Real Armería de Madrid. El Conde de Valencia de Don Juan.&lt;br /&gt;-Compendio de Historia de España. Alfonso Moreno Espinosa&lt;br /&gt;-Lecturas Históricas Españolas. Claudio Sánchez Albornoz&lt;br /&gt;-Museo Militar. Francisco Barado&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/117965272777650952-8208585899918605017?l=antoniobalduque.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/feeds/8208585899918605017/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=117965272777650952&amp;postID=8208585899918605017' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default/8208585899918605017'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default/8208585899918605017'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/2010/04/la-espada-de-francisco-i-la-curiosa.html' title=''/><author><name>Antonio Balduque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12918333345669657959</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/Sw7ePezHxqI/AAAAAAAAABo/i64DrY9kXD8/S220/3+(1).jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S8MJxLyczYI/AAAAAAAAAIA/CqG_6DjL7Q4/s72-c/ESP+FRAN+I+.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-117965272777650952.post-2937663593954563555</id><published>2010-03-15T05:46:00.000-07:00</published><updated>2010-03-15T06:06:59.202-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S54tDjK8p7I/AAAAAAAAAGI/kEM-88voXBM/s1600-h/1a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5448842138168895410" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 214px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S54tDjK8p7I/AAAAAAAAAGI/kEM-88voXBM/s320/1a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;UNA ESTATUA DE LA LIBERTAD MUY CHULAPONA&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;em&gt;Antonio Balduque Álvarez&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;A todos los madrileños que viajan a Nueva York no se les olvida visitar uno de sus monumentos más famosos: la Estatua de la Libertad, pero casi ninguno sabe que en tierras madrileñas existe otra Estatua de la Libertad y que fue erigida incluso con antelación a la americana. Esta es la historia de una chulapona muy olvidada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Los españoles nunca hemos tenido especial respeto por nuestros muertos ilustres, de ahí que no hayamos puesto el menor empeño en conservar los huesos de las glorias patrias como lo hacen los ingleses en la Abadía de Westminster, los franceses en el Panteón de Santa Genoveva o los italianos en Santa Croce. No sabemos el lugar exacto donde están enterrados los cuerpos de Cervantes, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Tirso de Molina, el Gran Capitán o Velázquez, por poner alguno de los ejemplos más sangrantes, pero somos capaces de conservar con orgullo las copas de Europa ganadas por algún club de futbol.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El Panteón de San Francisco el Grande&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El primer intento que hicimos para reunir huesos tan dignos se produjo en 1837 cuando se estableció que la iglesia madrileña de San Francisco el Grande fuera el Panteón Nacional a donde se debían trasladar los restos de los españoles ilustres. Iban pasando los años pero resultaba dificilísimo localizar los enterramientos de los preclaros hijos de la Patria, por lo que en 1869 se decidió inaugurar el Panteón con los escasísimos restos que se tenían, y para hacer bulto se decidió también admitir algunos recuerdos. Poco tiempo duró el sueño de los justos en el Panteón de San Francisco, porque las localidades de donde habían sido sacados los cuerpos reclamaron sus preciadas joyas con tanta vehemencia e insistencia, que las autoridades tuvieron que devolver a su tierra los esqueletos un tanto mareados del trajín, quedándose en 1874 el Panteón vacío y sus parroquianos. Los esfuerzos gubernativos por crear un nuevo Panteón resultaron durante años infructuosos, hasta que la reina regente María Cristina ordenó que en los terrenos donde se iba a levantar la nueva Basílica de Nuestra Señora de Atocha se construyera también un edificio anexo para tan laudatorio fin.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5448846192107288018" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 240px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S54wvhRLddI/AAAAAAAAAHI/pF0EG3k8ffI/s320/A1.JPG" border="0" /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5448842345996594034" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 394px; CURSOR: hand; HEIGHT: 293px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S54tPpY7q3I/AAAAAAAAAGQ/sdzCIQ6G9M0/s320/11.JPG" border="0" /&gt;El Panteón de Hombres Ilustres&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;El arquitecto encargado de la construcción fue Fernando Arbós y Tremanti, que inspirándose en la arquitectura italiana del siglo XIV empezó en 1891 a levantar el Panteón tomando como modelo el camposanto de Pisa y el campanile de Florencia. Las obras, sin estar finalizadas, tuvieron que darse por concluidas en 1899 por falta de financiación y porque parte del presupuesto se derivó para construir la cripta de la catedral de La Almudena. Del ambicioso proyecto tan sólo se pudo materializar el campanile y tres de las cuatro galerías del claustro-panteón que presentan vidrieras, arcadas y dos cúpulas semiesféricas, siendo lo único que en la actualidad podemos admirar en calle de Julián Gayarre, muy cerca de la Estación de Atocha. Desde 1901 hasta 1906 fueron recibiendo sepultura los restos de: José Canalejas, Manuel Gutiérrez de la Concha (marqués del Duero), Práxedes Mateo Sagasta, Eduardo Dato, Antonio de los Ríos Rosas, Antonio Cánovas del Castillo. En 1912 se trasladó también al patio del panteón un mausoleo, denominado Monumento a la Libertad, y que contenía los sarcófagos de Mendizábal, Argüelles y Calatrava. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5448842642451268466" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 272px; CURSOR: hand; HEIGHT: 349px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S54tg5xPA3I/AAAAAAAAAGY/StHMRpeIozA/s320/1.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El Monumento a la Libertad&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;A la muerte de Mendizábal, en 1853, se decidió levantar un monumento que recordase la memoria de tres de los más eminentes varones liberales que existieron en España durante la primera mitad del S. XIX: Agustín Argüelles, fallecido en 1844; José María Calatrava, en 1847; y Juan Álvarez Mendizábal, en 1853. Se nombró una comisión a cuyo frente se puso al General San Miguel figurando también Pascual Madoz, se convocó un concurso de ideas y se abrió una suscripción pública para sufragar los gastos del monumento. Al concurso concurrieron veinticuatro opositores, eligiendo la comisión encargada el proyecto de Federico Aparici, que consistía en un tómbolo cilíndrico de piedra que se remataba en el tejado cónico con una escultura alegórica de la libertad, y en las paredes exteriores presentaba, encima del sarcófago de Argüelles, una estatua que representaba La Pureza, en el de Calatrava una alegoría del Gobierno y para el de Mendizábal una escultura que simbolizaba La Reforma. El monumento a la Libertad se inauguró el 20 de febrero de 1857 en el antiguo cementerio de San Nicolás, situado en la calle del Sur entre el Paseo de Delicias y el Paseo de Atocha, siendo Sabino Medina el autor de las La Pureza, el Gobierno y la Reforma, y Ponciano Ponzano el escultor de la Estatua de la Libertad. Posteriormente, al desaparecer el citado cementerio por orden del Ministerio de la Gobernación, el monumento fue trasladado en abril de 1912 al patio del Panteón de Hombres Ilustres &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5448842977835357170" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 240px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S54t0bLCE_I/AAAAAAAAAGg/JbASYyx1_Cw/s320/2.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La Estatua de la Libertad&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;La Estatua de la Libertad de Ponciano Ponzano se presentaba con un gorro frigio, coronada con diez rayos solares, el pecho semidesnudo, portando en su mano izquierda un cetro mientras que la diestra se posa en un yugo roto sobre el que apoya un pie, y muy cerca de ella descansa un gato. En la antigua Grecia y Roma, tanto los esclavos en el momento de su manumisión como los cautivos liberados, se colocaban un gorro de forma cónica que se conocía como gorro de liberto y que se convirtió en el símbolo de la libertad. Muy semejante al gorro de liberto era el gorro frigio, con la única diferencia que su punta caía hacia delante. Este gorro de origen anatolio lo adoptaron los revolucionarios franceses en 1789, difundiéndose por toda Europa y América como símbolo del régimen republicana y la libertad. En la estatua también aparece un yugo roto que simboliza el final del avasallamiento, la opresión y la coacción, y el pie que se posa sobre parte del yugo es una expresión de poder y de la huella que deja el hombre en función de su libre albedrío. El gato, como animal difícil de controlar, también refuerza la idea de libertad. Y finalmente la corona de rayos con su forma circular nos indica la perfección, además del poder, y sus rayos un símbolo de la luz interior que ilumina el alma de quien ha triunfado, siendo el grado más elevado de la evolución espiritual, pero aquí, en la frente de la joven es, además, el signo de la manifestación del éxito de la libertad. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5448843365271491090" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 240px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S54uK-fAUhI/AAAAAAAAAGo/mn4V3aWHVhk/s320/5.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Su hermana menor americana&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;La Estatua de la Libertad neoyorquina fue realizada por Bartholdi para conmemorar el centenario de la independencia americana que se iba a realizar en 1876. Este símbolo de la emancipación y la libertad fue un regalo de Francia que llegó con diez años de retraso porque no se pudo inaugurar hasta 1886. Aunque nuestra chulapona libertad tiene dos metros de altura y la americana treinta y tres desde los pies hasta la corona, la Estatua de la Libertad madrileña llevaba casi treinta años escrutando el cielo capitalino cuando la yanqui estaba empezando a levantar la cerviz sobre la isla Bedloe, luego denominada “Liberty Island”. Hay quien dice que Fredéric Auguste Bartholdi se inspiró en nuestra chulapona para realizar la suya, pero creo que ese dato deberíamos tomarlo con mucha precaución.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Reunión de Masones&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Como seguramente irán a visitar a nuestra dama libertaria, no dejen de observar detenidamente los sepulcros de los escasos hombres ilustres que permanecen en el Panteón, porque algunos de ellos fueron reconocidos masones y en sus tumbas se dejan ver algunos símbolos iniciáticos. Masones declarados fueron: Mendizábal, Argüelles, Calatrava, Sagasta…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Algunos datos sobre los que descansan en el Monumento a la Libertad&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5448844048819511602" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 275px; CURSOR: hand; HEIGHT: 351px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S54uyw5jYTI/AAAAAAAAAGw/vSwQdBzE7aY/s320/mendizabal1.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Juan de Dios Álvarez Méndez&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Poca gente sabe que Juan Álvarez Méndez es en realidad Juan Álvarez Mendizábal, que decidió cambiar su segundo apellido Méndez, por Mendizábal, para ocultar el origen al parecer judío de los Méndez. También mintió respecto a su origen, porque aunque natural de Cádiz él se encargó de difundir que había nacido en Bilbao, tal como se puede confirmar en alguna enciclopedia, porque al parecer un apellido vasco daba mayor prestancia en los ambientes comerciales del S. XIX. Aunque mentiroso era un genio para los negocios, amasando una buena fortuna en el negocio del vino cuando tuvo que exiliarse en Inglaterra al restablece el absolutismo en 1812. A su regreso a España supo hacer buenos contactos que le llevaron a hacerse cargo de los suministros del ejército de Andalucía, lo que le permite prosperar y establecer contactos con los revolucionarios liberales, entrando a formar parte de la masonería en el "Taller Sublime" de &lt;a title="Cádiz" href="http://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%A1diz"&gt;Cádiz&lt;/a&gt;. En 1835 la reina regente María Cristina de Borbón le otorgó el Ministerio de Hacienda, pasando posteriormente a ser Primer Ministro. Pero si por algo se conoce a Mendizábal no es por negociar con vino o con peines de Carey, sino por su archiconocida desamortización cuyo objetivo era desposeer de sus pertenencias a las órdenes religiosas para reducir la deuda pública, dinamizar la economía agrícola del país y dotar al Estado de medios económicos con los que financiar la guerra civil contra los carlistas. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5448844329952498434" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 248px; CURSOR: hand; HEIGHT: 326px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S54vDIM4UwI/AAAAAAAAAG4/cMaScJzxNP8/s320/Arg%C3%BCelles.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Agustín Argüelles&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Fue una de las grandes personalidades de la política española de principios del S. XIX, participando en la redacción de las Constituciones de 1812 y 1837. Por sus ideas liberales y perfectos discurso fue llamado el “Divino Argüelles” y el “Arístides español”, siendo Ministro del Interior y Presidente de las Cortes durante el Trienio Liberal (1820-1823). Al igual que Mendizábal profesaba la masonería, teniendo que emigrar en 1823 a Inglaterra por sus ideas políticas, pero a su regreso volvió a ocupar en varias ocasiones la Presidencia del Gobierno, llegando a ser nombrado “Tutor” de Isabel II. Como muchos de los grandes hombres del S. XIX murió en la pobreza pero apreciado por la mayoría de los madrileños, que en un multitudinario cortejo fúnebre acompañaron al cuerpo en las exequias fúnebres celebradas en 1844. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5448844580607887570" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 266px; CURSOR: hand; HEIGHT: 347px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S54vRt9yCNI/AAAAAAAAAHA/tT9iSl5YSrc/s320/calatrava.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;José María Calatrava&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Calatrava también fue otro destacado político que participó, de forma importante, en la elaboración de las Cortes de Cádiz de 1812. Durante el Trienio Liberal (1820-1823) llegó a ser Ministro de Gracia y Justicia, y al igual que sus colegas masones, Mendizábal y Argüelles, el final del Trienio Liberal le supuso su exilio de la península. Como consecuencia del motín de los sargentos de la Granja acaecido el 12 de agosto de 1836, la reina tuvo que restaurar la Constitución de 1812 y aceptar un gobierno radical, a cuyo frente se puso el 14 de agosto José María Calatrava. Durante este gobierno se dieron unas novedosas medidas liberales como: la desamortización de los bienes de la Iglesia, la supresión de los diezmos, la eliminación de señoríos y la libertad de prensa e imprenta. En 1839 ocupó la presidencia de las Cortes, falleciendo en Madrid en 1847.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Bibliografía&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;-Guerra de la Vega, Ramón: Guía de Madrid. Siglo XIX.&lt;br /&gt;-Concostrina, Nieves: El Panteón de Hombres Ilustres. Revista Adiós.&lt;br /&gt;-Chevalier, Jean: Diccionario de Símbolos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/117965272777650952-2937663593954563555?l=antoniobalduque.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/feeds/2937663593954563555/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=117965272777650952&amp;postID=2937663593954563555' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default/2937663593954563555'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default/2937663593954563555'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/2010/03/una-estatua-de-la-libertad-muy.html' title=''/><author><name>Antonio Balduque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12918333345669657959</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/Sw7ePezHxqI/AAAAAAAAABo/i64DrY9kXD8/S220/3+(1).jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S54tDjK8p7I/AAAAAAAAAGI/kEM-88voXBM/s72-c/1a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-117965272777650952.post-4937925614637106155</id><published>2010-02-15T00:04:00.000-08:00</published><updated>2010-02-19T03:27:58.777-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S3kCfi3SxzI/AAAAAAAAACo/39xUw-JzzCg/s1600-h/A+Iglesia+del+Buen+Suceso+en+la+Puerta+del+Sol+(A).jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5438380765984507698" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 275px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S3kCfi3SxzI/AAAAAAAAACo/39xUw-JzzCg/s400/A+Iglesia+del+Buen+Suceso+en+la+Puerta+del+Sol+(A).jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;CURIOSIDADES DE LA PUERTA DEL SOL&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por &lt;strong&gt;Antonio Balduque Álvarez&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La Puerta del Sol ha sido para España lo que el Ágora para Atenas o el Foro para Roma, no teniendo comparación en toda la península por haber sido al mismo tiempo una plaza, un paseo, un teatro, un mercado, un punto de intercambio de información o una plaza de armas donde cualquier levantamiento popular, revolución, pronunciamiento o motín tenía que contar con ella como escenario principal por ser la caja de resonancia para el resto de la nación.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Orígenes&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Hasta el S.XVI las inmediaciones de lo que hoy es la actual Puerta del Sol no eran más que simples olivares, siendo difícil precisar el momento exacto en que arranca la historia de esta plaza, aunque la mayoría de los autores son de la opinión de que está asociada a la rebelión de los Comuneros. En 1520, con objeto de defender Madrid de los ataques éstos, los partidarios de Carlos I decidieron construir en esta parte de Madrid un foso y un castillete almenado de escasas dimensiones en el que labraron un sol encima de la puerta de acceso. Para unos el origen del nombre procede del astro colocado encima de la entrada, y para otros de la orientación de la puerta, porque al estar situada al Este de la ciudad los rayos del sol naciente la hacían resplandecer. Tanta era la importancia de la orientación hacia el sol de este lugar, que incluso la Carrera de San Jerónimo se llamó en sus orígenes la calle del Sol. Pero poco tiempo tuvo de vida esta puerta de cal y ladrillo, porque fue derribada en 1570 para ensanchar la salida de Madrid, aunque su nombre sí que ha perdurando hasta nuestros días. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5439914548609875138" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 378px; CURSOR: hand; HEIGHT: 289px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S351dcZe_MI/AAAAAAAAAEI/DtsapmiOCpQ/s320/clifford-1857.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Una urraca cleptómana en la Puerta del Sol&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Todos nos hemos fijado, en nuestros paseos por la Puerta del Sol, en el letrero luminoso de “Tío Pepe”. Justamente debajo de ese anuncio se encontraba el primer gran monumento de la Puerta del Sol: “La iglesia del Buen Suceso”. Antes que iglesia fue Hospital, fundado en 1438 para socorrer a los contagiados por una epidemia de peste. En 1529 lo reconstruyó Carlos V transformándolo en iglesia y Hospital Real de Corte de San Andrés para curar sus heridas a los soldados y servidumbre de los reyes. Este centro hospitalario era conocido por todos los madrileños como el hospital del Buen Suceso, porque en su iglesia se veneraba la imagen de una Virgen que había sido encontrada en una cueva por dos frailes durante su peregrinación a Roma acaecida en 1606 y se decía que la iglesia tenía un privilegio para poder celebrar misa a la inusual hora de las dos de la tarde. Según cuenta la leyenda en una casa cercana a la citada iglesia, vivía una vieja quisquillosa y avarienta, acompañada por una sirvienta. En cierta ocasión, al regresar a casa, la anciana echó de menos las joyas que guardaba con orgullo. Denunció el hecho a la justicia, asegurando que la criada había sido la autora del robo, por lo que fue detenida y condenada a muerte. A los pocos años la anciana cambió de domicilio y al hacer reparaciones se encontró en la torre de la buhardilla, debajo de unas tejas, las joyas supuestamente robadas y que habían sido sustraídas por una urraca y dejadas ahí por ser este lugar el escondrijo del animal. Como reparación, la anciana dejó en su testamento una cuantiosa suma para que se celebrara una misa diaria a las dos de la tarde, siendo la primera vez que se daba en Madrid una misa a tan intempestiva hora. La iglesia-hospital fue derribada en 1854 para realizar la reforma de la Puerta del Sol&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¿Por qué se llama Inclusa?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Otro viejo edificio de la Puerta del Sol era la iglesia-convento de Nuestra Señora de la Victoria, fundada en 1561 y que ocupaba lo hoy son las calles Espoz y Mina, Victoria, Pasaje Matheu y Pasaje Jordá. Esta iglesia tuvo mucha fama porque en ella se reunían las damas y galantes del siglo de Oro para tratar temas de amor, ya que sus misas eran de las más cortas y ligeras de la capital, y en ella se estableció la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad que se dedicaba a recoger a los niños recién nacidos que eran abandonaban por las calles, plazas, iglesias o portales de la capital. En 1587 esta institución tuvo que trasladarse a otra zona de la Puerta del Sol, entre las calles del Carmen y Preciados, venerándose en la capilla del asilo una curiosa imagen. Esta Virgen fue depositada a finales del siglo XVI por un soldado de los Tercios de Flandes que la había traído de una ciudad de Flandes llamada Encklussen. El nombre de la localidad pasó a denominar primero a la Virgen y luego al edificio, pero como a los madrileños les resultaba muy dificultosa su pronunciación, se españolizó en “Inclusa”, término que se usó desde ese momento para designar a las casas en donde se recoge y cría a los niños expósitos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5439904146372539122" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 292px; CURSOR: hand; HEIGHT: 208px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S35r_9C1svI/AAAAAAAAADY/JyAEAGZrL5g/s320/C+LAS+GRADAS+DE+SAN+FELIE.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El lugar ideal para los cotillas&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Justo en el lado opuesto de la iglesia de la Victoria, en el empiece de la calle Mayor, se levantaba la iglesia de San Felipe el Real, fundada en 1547. Delante de la puerta del templo se abría un amplio espacio que se elevaba de la calle mediante unas escaleras de piedra que eran conocidas por los madrileños como las gradas de San Felipe o “El Mentidero”. En Madrid había tres mentideros: el mentidero de los Cómicos, en la calle León; el de las losas de Palacio, en el patio central del viejo Alcázar; y el de las Gradas de San Felipe, el más importante de todos. Por no existir todavía ni la radio ni la televisión, los mentideros eran espacios donde la gente se reunía para recibir novedades, cotillear, fraguar bulos que se expandían por Madrid como bolas de nieve cada vez más grandes o simplemente para escuchar las pláticas de los más diversos personajes. En las gradas de San Felipe podíamos encontrar a literatos como Calderón de la Barca, Quevedo, Lope de Vega, Ruiz de Alarcón o Moreto; a militares que iban o venían a las posesiones imperiales; algún que otro corrillo de beatas, criadas o damiselas linajudas, y en todo momento a pícaros en espera de cualquier tipo de trabajo. La iglesia sufrió un terrible incendio en 1718, pero la puntilla se la dieron los franceses durante la Guerra de la Independencia que la utilizaron como cuartel y caballeriza. Aprovechando la desamortización de Mendizábal el edificio fue derribado en 1838 y en su lugar se construyeron las llamadas “casas de Cordero” y se abrió la plaza y la calle del Marqués viudo de Pontejos. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5439910687385827506" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 208px; CURSOR: hand; HEIGHT: 245px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S35x8sN7uLI/AAAAAAAAAEA/w1w3UrfBNF0/s320/Juan-de-Tassis-Peralta_2Conde-de-Villamediana.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Un taxista playboy&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Justo enfrente de la iglesia de San Felipe el Real, en lo que actualmente es la pastelería “La Mallorquina”, se encontraba entre 1670 y principios del siglo XX el palacio de los condes de Oñate y Villamediana. La familia Tassis, también llamada en ciertos países como Taxis, era conocida en toda Europa por sus actividades como Correos Mayores. En 1505, Francisco de Tassis, que ya ejercía de Correo Mayor para el Emperador Maximiliano I, recibió el encargo de establecer las comunicaciones postales entre España, Francia, los Países Bajos y Alemania; y en 1516 Carlos V firmó un convenio con esta familia para regular el establecimiento de postas en todos sus territorios. El servicio de correo se concedía en régimen de monopolio y el emperador le pagaba anualmente por esta prestación 11.000 ducados de oro. En 1518 se les otorgó la nacionalidad española y Felipe III, por los distinguidos servicios prestados, concedió a Juan de Tassis y Acuña el título de Conde de Villamediana y Correo Mayor de España. El servicio de correos de muchos países ha tomado un cuerno como logotipo corporativo porque los correos de la familia Tassis usaban el cuerno para avisar de su llegada a las ciudades. También el nombre de los vehículos para transportar viajeros que utilizamos en las ciudades tiene su origen en el apellido de esta familia. El hijo de Juan de Tassis y Acuña fue don Juan de Tassis y Peralta, que además de poeta fue también Correo Mayor de la Católica Monarquía durante los reinados de Felipe III y Felipe IV, cargo que heredó de su padre además del condado de Villamediana, título por el que todo Madrid le conocía. El Conde de Villamediana era un guapo playboy de época al que le gustaba exagerar en sus formas y vestir. Por su tálamo pasaron multitud de doncellas y cortesanas, pero cansado de conquistas tan simples el atildado efebo puso sus ojos en la esposa de Felipe IV. Como se dice coloquialmente el conde tiraba los tejos y la reina se dejaba querer, pero aunque Felipe IV no tenía excesivas luces, no era tonto del todo, tal y como lo demuestra esta anécdota. Con motivo de la canonización de San Isidro se organizaron en la Plaza Mayor unas corridas de toros en las que el Conde tuvo tan destacada actuación que la reina exclamó llena de satisfacción: “¡Qué bien pica el Conde!, a lo que Felipe IV replicó: “Pica bien, pero pica alto”. La ceguera de amor o el simple exhibicionismo le hicieron acudir a una fiesta vestido con un magnífico traje adornado con monedas de plata y un gran bordado en que se podía leer: “Son mis amores reales”. Su suerte estaba echada. El 22 de agosto de 1622 fue asesinado a manos de un sicario. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5439909365940176674" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 232px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S35wvxcvRyI/AAAAAAAAAD4/5HM0iAT0mqM/s320/Esquilache.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El motín de Esquilache&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Este motín, aunque iniciado circunstancialmente en una plaza próxima, es, sin lugar a dudas, uno de los sucesos más importantes acaecidos en la Puerta del Sol. En época de Carlos III, los ministros italianos no eran ciertamente populares, y entre los más odiados se encontraba Esquilache, Ministro de Hacienda y Guerra, que el 10 de marzo de 1763 mandó publicar en la Puerta del Sol y resto de calles madrileñas, un decreto prohibiendo el uso de capa larga y sombrero redondo para así evitar que la gente fuera embozada y ocultara el rostro. El 25 de mayo de 1763 se iniciaron los incidentes en la plaza de Antón Martín al grito de ¡Muera Esquilache! ¡Viva el Rey! ¡Viva España! A la mañana siguiente una multitud muy acalorada se dirigió hacia el Palacio Real porque habían tenido noticias de que el Rey quería apresar a todo el que llevase la capa larga y el sombrero de ala ancha. Al llegar al arco de la armería la guardia de Palacio, compuesta en su mayor parte de Walones, intentó dispersar a los amotinados disparando sus fusiles al aire, pero con tan mala fortuna, o no se sabe si con “buena puntería”, que mataron a una mujer e hirieron de gravedad a otra. La multitud reaccionó, lanzó una soga al cuello de uno de los soldados y a la vez que le arrastraban le iban lanzando piedras hasta que murió lapidado. El cuerpo inerte y ensangrentado del militar fue llevado hasta la Puerta del Sol para pasearlo, hasta tres veces, por delante de un piquete de guardias Walonas que no quisieron responder para no soliviantar aún más los ánimos. Durante los días que duró el motín, el pueblo de Madrid sufrió numerosas bajas y la tensión llegó a tales extremos que incluso pacíficos ciudadanos que nada tenían que ver con las protestas sufrieron las consecuencias. Un ejemplo lo tenemos en un caballero murciano que por querer apaciguar los ánimos entre los sublevados que se encontraban en la Puerta del Sol, éstos le arrancaron la lengua por “bocazas” para ahorcarle posteriormente en la vía pública. La presión popular hizo que Carlos III cediera a las peticiones de los sublevados, autorizando el uso de las capas largas y los sombreros gachos, consiguiendo también los amotinados que el Marqués de Esquilache partiera de España rumbo a Sicilia. Otra de las consecuencias de este motín fue la instalación en la Casa de Correos de la Puerta del Sol de un cuerpo de guardia, que se denominó de “Principal” o “Prevención”, cuyo objeto era disuadir posibles motines.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Fantasmas en la Puerta del Sol&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;El centro de la Puerta del Sol es sin duda la Casa de Correos, actual sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid. El edificio se levantó entre 1766-1768 siendo su arquitecto el francés Jacques Marquet, a quien trajo de París el Duque de Alba para que interviniese en el empedrado de la capital. Para su construcción se convocó un concurso entre arquitectos, presentando planos el español Ventura Rodríguez con la seguridad de que él sería el elegido, pero su propuesta no se consideró idónea y se eligió la presentada por el francés. Pero como los españoles parece que disfrutamos con la adversidad de las personas, a Ventura Rodríguez se le encargó la pavimentación de la villa, que estaba prevista que realizara Marquet, por lo que todos los madrileños comentaban con cierta sorna: “al arquitecto las piedras y la casa al empedrador”. Como hemos visto anteriormente, el motín de Esquilache hizo que los gobernantes tomaran ciertas prevenciones para evitar nuevos focos revolucionarios, de ahí que el proyecto que había ideado Marquet sufriera modificaciones, imponiendo el Conde de Aranda que en el nuevo edificio se instalara obligatoriamente un cuerpo de guardia para la estancia permanente de soldados, de ahí que si visitamos ahora el edificio observaremos que la escalera es raquítica porque tuvo que dejar espacio para el alojamiento militar. A los madrileños no les gustó que Ventura Rodríguez, conocido como el “arquitecto de Madrid”, se quedara si realizar esta obra, pero según cuenta la leyenda tampoco a los seres de ultratumba les pareció muy conveniente la elección de un francés para levantar sede tan castiza. Cierta mañana, una cuadrilla de albañiles que estaba trabajando en las obras de construcción tuvo que parar su faena porque empezaron a oír unos golpes secos que cada vez se hacían más tenebrosos. Los alarifes se aterraron al comprobar que la habitación se oscurecía y una voz de ultratumba les gritaba: “Debéis para de inmediato estas obras, pues tal casa que estáis levantando pertenece al infierno, ya que para concebirla se ha llamado a un endemoniado arquitecto francés, despreciando la valía del buen amigo Ventura Rodríguez”. Los obreros se negaron a continuar los trabajos, por lo que el capataz tuvo que llamar a un cura para que permaneciera todo el tiempo junto a los currantes, y en caso de que el fantasma volviera le convenciera con eficaz plática que el edificio no era la casa del infierno. El espíritu no volvió a aparecer, pero el cura, que ya estaba en nómina, vivió como un ídem hasta la finalización de la casa. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5439904654927282162" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 244px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S35sdjjvP_I/AAAAAAAAADg/Ojgvdoh7K5g/s320/D+dos+de+mayo+en+la+Puerta+del+Sol.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Mamelucos con un buen rabo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Al contrario que el motín de Esquilache, el levantamiento popular del 2 de mayo fue un acto espontáneo no premeditado. Los primeros combates se producen a las puertas del Palacio Real, trasladándose posteriormente a la Puerta del Sol. Para atravesar esta plaza dos soldados mamelucos tienen que disparar sus pistolas dejando a su paso tres muertos y varios heridos. Los madrileños enfurecidos consiguen derribarlos de sus monturas, los arrastran por el suelo atados a las colas de sus caballos y finalmente les hacen sufrir cruel agonía. Por el efecto del linchamiento sus ropas quedaron tan deterioradas que en ambos cuerpos se podía apreciar unos prominentes abultamientos pilosos en la rabadilla. El pueblo, siempre algo supersticioso, creyó de inmediato que lo que tenía ante sus ojos no eran dos soldados egipcios, sino demonios porque ningún humano podía tener un “rabo” tan peludo. Dos horas duraron los combates en la citada Puerta, no pudiendo reunir los madrileños una partida mayor de 50 hombres armados que hiciera frente a las continuas cargas de caballería y de fusileros, calculándose las bajas en 35 muertos y 15 heridos. Destacan por su acción heroica y juventud los niños José del Cerro (10 años) y José García Cristóbal (11 años) que en mitad de Sol se enfrentaron cara a cara al ataque de un dragón de la Guardia Imperial con tan solo un puñado de piedras; por su edad, Juan Tirado, de 80 años; o por su suerte, Cosme Martínez del Corral, que tras luchar como un héroe cayó prisionero y fue trasladado a la iglesia del Buen Suceso donde recibió ocho heridas de sable y tres disparos de fusilería que no fueron suficientes para acabar con su vida. Al caer la noche del 2 de mayo el aspecto de la Puerta del Sol no podía ser más lúgubre y triste, recuperando su alegría únicamente cuando el Rey invasor y las tropas francesas huyeron de Madrid. La plaza recuperó su alegría nada más partir los franceses, llenándose de vítores y banderas el 2 de agosto de 1814 para recibir al Ejército anglo-hispano-portugués y a las famosas partidas de guerrilleros castellanos a cuya cabeza se encontraban sus jefes: el Empecinado, el Médico, el Abuelo y el Chaleco.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Las autoridades madrileñas, unas expertas en tomar decisiones&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;En la noche del 17 de abril de 1815 estalló un violento incendio en los edificios situados enfrente del la Casa de Correos. En pocas horas las llamas adquirieron tal magnitud que los escasos medios con los que contaba la Villa no eran suficientes y para atajar la pavorosa devastación se organizó en la Casa de Correos una Junta magna integrada por los alcaldes de Casa y Corte, las autoridades religiosas, civiles y militares, y hasta el Presidente del Consejo de Castilla. Mientras que éstos discutían el incendio continuaba devorando casas y la confusión era general: todo el mundo mandaba y nadie era obedecido, los inquilinos arrojaban los muebles por los balcones para evitar su ruina o saltaban por las ventanas para salvar la vida. Para contener el fuego el Vicario creía que la mejor opción era sacar en procesión el Santísimo de la Parroquia de Santa Cruz o la imagen de San Isidro Labrador; los Alcaldes, que se fusilase al ladrón que quisiese aprovechar el desorden; y el Capitán General era de la opinión que se usase la artillería a fin de reducir a escombros la manzana incendiada y así el fuego no se extendería por las restantes. Resultado: nadie tomó medidas y al día siguiente toda la manzana de casas que comprendía las calles de Preciados, de la Zarza y el callejón de los Cofreros, habían desaparecido, quedando completamente arruinados todos los inquilinos y propietarios. ¡Qué bien tomaban las decisiones nuestras autoridades! ¿Ustedes creen que hemos avanzado mucho con los años? &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5439905991406411746" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 203px; CURSOR: hand; HEIGHT: 278px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S35trWVMX-I/AAAAAAAAADo/kSkyp04B7S0/s320/NARVAEZ+joven.bmp" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Narváez: el tocador de cojones&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;En el año 1847 la antigua Casa de Correos dejó sus funciones para alojar la sede del Ministerio de la Gobernación, por lo que este edificio pasó a ser el centro de la vida política española. En su interior no se dudó durante muchos años en manipular las listas de los gobernadores y amañar las elecciones de diputados y concejales para dar la mayoría al gobierno bajo el pretexto de dar tranquilidad al país. Eran otras épocas, otros políticos y otras formas de hacer política. Un simple ejemplo lo podemos ver en lo que ocurrió en un Consejo de Ministros a cuyo frente estaba el general Narváez, hombre altivo y de carácter fuerte. Al citado general no le gusto que su ministro de Estado, marqués de Viluma, se negara a firmar unos documentos diciendo: “No tomaré la pluma para firmar esos nombramientos”, y Narváez, que no estaba acostumbrado a que le contradijeran zanjó el incidente con una frase muy explícita: “Usted toma la pluma con la mano derecha y con la izquierda, si le place, me toca usted los cojones “ (sic). En otra ocasión nuestro político quiso invertir cuatro millones de reales en la Banca Rothschild para que los moviera en la Bolsa de París y se multiplicaran como los panes y los peces. El representante de los Rochschild en España, un tal Daniel Weisweiler, se creyó en la obligación de advertirle de los riesgos de la Bolsa, “porque usted sabe, mi general, que está ahora muy volátil, que sube y baja, y unas veces se gana y otras se pierde”. Cuando Narváez, que no estaba acostumbrado a perder en nada, oyó estas palabras, dijo: “Ah, no, ¿Qué dice usted? ¿Cómo que se pierde? ¡Ni hablar!”. Don Daniel, atribulado, escribió a París contando la nueva. Se trataba de un cliente español muy importante, tras el cual podían llegar otros, pero ocurría que, acostumbrado a ganar, no estaba dispuesto a perder un real. ¿Qué hacer? Tras breve reflexión, uno de los Rothschild envió la solución al problema: ¡Ea, que no baje la Bolsa para el General Narváez...! &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5439901899628937762" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 378px; CURSOR: hand; HEIGHT: 286px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S35p9LRbAiI/AAAAAAAAADA/FSnP7qYHMYU/s400/1+La+Puerta+del+Sol+antes+y+despu%C3%A9s+de+la+reforma+de+1857.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La Puerta del Sol se reforma para…disparar mejor a las masas revolucionaras&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Volviendo nuevamente a la Casa de Correos, tras su conversión en Ministerio de la Gobernación se decide derribar algunas casas de la zona para realizar una gran reforma que tenía intenciones higiénicas, económicas y políticas, pero sobre todo de seguridad. A raíz de los acontecimientos revolucionarios acaecidos en Europa en 1848, muchos países desarrollaron reformas urbanas de intención contrarrevolucionaria, convirtiendo el urbanismo en un instrumento de poder. En el caso madrileño la Puerta del Sol albergaba, como hemos visto, el edificio del Ministerio de la Gobernación que se encontraba equidistante tanto del Palacio Real como de las Cortes, por lo que con la reforma de la plaza se perseguía crear un amplio espacio de seguridad delante de ese Ministerio, por ser éste el objetivo clave de cualquier revolución. Además también las calles angostas y tortuosas de los alrededores se eliminaron creando nuevas vías anchas y rectas que eran ideales para el manejo y la efectividad de las armas de fuego. El refinamiento de la idea era tal que no se aceptó la construcción de pórticos en los nuevos edificios para así evitar posibles parapetos y el mejor mantenimiento del orden público, de ahí que cuando paseamos en la actualidad por la zona no veamos una sola columna ni soportal. Pero igual coraje tenía con personas más encumbradas, como la curiosa anécdota que acaeció en uno de los Consejos de Ministros que presidía; cuando su ministro de Estado, marqués de Viluma, se negó a firmar unos documentos diciendo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S35q-YFu_tI/AAAAAAAAADI/oAcRfwk22ns/s1600-h/4+Puerta+del+Sol+en+1870+al+finalizar+las+reformas.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5439903877864334194" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 219px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S35rwUxfo3I/AAAAAAAAADQ/FQveF9ueZNI/s320/4+Puerta+del+Sol+en+1870+al+finalizar+las+reformas.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El patio de mi casa&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;En 1852 el Ayuntamiento promovió la reforma de la plaza convocando un concurso de proyectos en el que se establecía, como condición indispensable, el mantenimiento de la alineación sur que formaba el eje de la calle Mayor y la Carrera de San Jerónimo con la Real Casa de Correos. La reforma empezó en 1854 con la demolición de la iglesia del Buen Suceso, pero surgen problemas con las expropiaciones y la falta de postores, por lo que el Ministerio de Fomento tiene que hacerse cargo de las obras y encarga un nuevo proyecto. Entre &lt;a title="1857" href="http://www.madripedia.es/wiki/1857"&gt;1857&lt;/a&gt; y &lt;a title="1862" href="http://www.madripedia.es/wiki/1862"&gt;1862&lt;/a&gt; los arquitectos e ingenieros &lt;a title="Lucio del Valle" href="http://www.madripedia.es/w/index.php?title=Lucio_del_Valle&amp;amp;action=edit"&gt;Lucio del Valle&lt;/a&gt;, &lt;a title="Juan Rivera" href="http://www.madripedia.es/w/index.php?title=Juan_Rivera&amp;amp;action=edit"&gt;Juan Rivera&lt;/a&gt; y &lt;a title="José Morer" href="http://www.madripedia.es/w/index.php?title=Jos%C3%A9_Morer&amp;amp;action=edit"&gt;José Morer&lt;/a&gt; serán los encargados de llevar finalmente a cabo la reforma creando un gran espacio urbano delimitado en su zona norte por un conjunto semicircular de viviendas con fachadas uniformes y en la zona sur por la alineación de la Casa de Correos con la calle Mayor y la carrera de San Jerónimo, convirtiendo a la Puerta del Sol en un polo de atracción de importantes actividades comerciales, administrativas y financieras. En esta reforma tuvo también especial relevancia don Juan Manuel de Manzanedo, marqués de Manzanedo y duque de Santoña. El citado personaje, que era en esos momentos uno de los hombres más ricos del país, adquirió todos los edificios que se localizaban enfrente de la casa de Correos, por lo que bromeaba diciendo: “La Puerta del Sol es el patio de mi casa”. Trascurridos más de 160 años desde la reforma de la plaza, ahora sí que podremos decir que la Puerta del Sol es, sin lugar a dudas: “El patio de todas nuestras casas”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bibliografía&lt;br /&gt;-Atlas Histórico de la ciudad, 1850-1939. Lunwerg Editores.&lt;br /&gt;-Batallas del Siglo XIX en la Puerta del Sol. A. De Carlos Peña.&lt;br /&gt;-Biografía de la Puerta del Sol. F. Mota y J. Fernádez-Rua.&lt;br /&gt;-Diccionario enciclopédico de Madrid. Mª Isabel Gea Ortigas.&lt;br /&gt;-El Madrid desaparecido. Mª Isabel Gea Ortigas.&lt;br /&gt;-Historia de la Puerta del Sol. J. Tomé Bona.&lt;br /&gt;-Historia de la Puerta del Sol. Ramón Gómez de la Serna.&lt;br /&gt;-Hombres y cosas de la Puerta del Sol. L. Araujo-Costa.&lt;br /&gt;-Visión romántica de Madrid. J.M. Ferrer.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/117965272777650952-4937925614637106155?l=antoniobalduque.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/feeds/4937925614637106155/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=117965272777650952&amp;postID=4937925614637106155' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default/4937925614637106155'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default/4937925614637106155'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/2010/02/curiosidades-de-la-puerta-del-sol-por.html' title=''/><author><name>Antonio Balduque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12918333345669657959</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/Sw7ePezHxqI/AAAAAAAAABo/i64DrY9kXD8/S220/3+(1).jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S3kCfi3SxzI/AAAAAAAAACo/39xUw-JzzCg/s72-c/A+Iglesia+del+Buen+Suceso+en+la+Puerta+del+Sol+(A).jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-117965272777650952.post-5933592578430733970</id><published>2010-01-08T12:07:00.000-08:00</published><updated>2010-03-02T06:45:00.558-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S0eW4oXJa5I/AAAAAAAAACQ/rGpuhqbJUh0/s1600-h/CARLOS+IV+POR+MENGS.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5424470175842397074" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 286px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S0eW4oXJa5I/AAAAAAAAACQ/rGpuhqbJUh0/s400/CARLOS+IV+POR+MENGS.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;LAS CACERÍAS A CAÑONAZOS DE CARLOS IV &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Por Antonio Balduque Álvarez&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;em&gt;Uno de los reyes españoles que ha estado más relacionado con la cinegética es sin lugar a dudas Carlos IV. De su padre, Carlos III, recibió la afición por la caza, pero a diferencia de su progenitor, que compaginaba los gustos venatorios con las obligaciones del gobierno, Carlos IV carecía de la energía y firmeza necesarias para gestionar la nación. Con un carácter débil y una voluntad mínima los problemas nacionales le superaban y la política no le interesaba porque no la entendía, prefiriendo ser gobernado por otros y no gobernar él, desentendiéndose de todo excepto de la caza que gustaba practicar desde el mediodía hasta el anochecer. Esta afición le llegó por la vía familiar. Su tatarabuelo, el Rey francés Luís XIV, no dudó en aconsejar a sus vástagos que salieran al campo como terapia para evitar la tendencia familiar a padecer depresión e hipocondría. Cuando su abuelo, Felipe de Anjou, subió al trono de España con el nombre de Felipe V, puso en práctica tan sabio consejo realizando vistosas cacerías en el Pardo, la Zarzuela, Aranjuez, El Escorial, Navatecas, Batuecas o la Casa de Campo. Su tío, Fernando VI, gustaba más batir los montes de Chamartín, Valdelatas, Sotomayor o Aranjuez, y a su padre, Carlos III, que intentaba salir de caza todos los días del año, le daba igual el paraje con tal de apretar el gatillo. Con esta tradición familiar es lógico pensar que Carlitos tenía cartuchos en lugar de genes.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;strong&gt;Su carácter y fisonomía&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Era de carácter débil y de entendimiento escaso, hoy diríamos "cortito", no debiéndonos extrañar, porque, como todo en la vida se pega menos la hermosura, la herencia que le dejaron sus antepasados era para llorar. Su abuelo, Felipe V, no destacó precisamente por sus luces, y su padre, Carlos III, tampoco fue un catedrático en los estudios. Aunque no era un lumbreras, tampoco se puede afirmar, como se ha dicho en alguna ocasión, que era analfabeto, teniendo cierta facilidad para los idiomas, la música y la pintura, siendo un experto en manuales. Carlos III, consciente de las limitaciones intelectuales de su hijo, en alguna ocasión no dudó en espetárselo a la cara. Cierto día en que se comentaba su próxima boda, el rey le recordó la posibilidad que todo hombre tiene de sufrir alguna infidelidad. El futuro Carlos IV, en un alarde de madurez intelectual, le dijo muy seguro de sí mismo: "Pienso que los reyes están libres de las preocupaciones que tienen el resto de los maridos porque sus esposas no les pueden engañar con otros, ya que una reina no tiene otro rey cerca más que su esposo". Carlos III no pudo por menos que estallar ante un razonamiento tan simple y le gritó: "Carlos, Carlos, que tonto eres, las princesas también pueden ser putas, hijo mío". Además de bobalicón su carácter presentaba altibajos. En ocasiones disfrutaba riendo y gastando bromas a los caballerizos y ojeadores, no dudando en probar su vigor con los mozos de cuadras más robustos con los que realizaba combates de lucha leonesa. Sin embargo, a los mismos que un día les mostraba sonrisas y chanzas, al siguiente, por la cosa más nimia, podía descargar sobre ellos una lluvia de patadas y escupitajos que no cesaban hasta que el desdichado lacayo le besaba las manos, botas y rodillas. Como buen cazador, de joven mostraba unas piernas poderosas y musculadas, así como una esbeltez que iría perdiendo con el paso de los años. Lo que no varió con el tiempo fue la nariz larga y gruesa, la frente huidiza, la tez sonrosada, la cabeza pequeña y unos grandes ojos de mirar asustado que junto a una sonrisa bonachona le conferían un aspecto de rey simplón e incapaz.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;De misa y cacería diaria &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Se levantaba siempre a las cinco de la madrugada, rezaba, oía en sus habitaciones dos misas y se vestía. A partir de las seis se dedicaba a la lectura de obras piadosas y después de tener el alma reconfortada saciaba su cuerpo con un buen desayuno. Al finalizar bajaba a los talleres de palacio, se quitaba la casaca, se remangaba la camisa por encima de los codos y se ponía a trabajar con sus ayudantes, pues era una amante de las manualidades. Era capaz de cortar, clavar, coser y lustrar las mejores botas del reino, destacando sobre todo en la manipulación de relojes, jactándose de no haberse inventado uno que él no pudiera desmontar y recomponer en un santiamén. Su afición por la caza contribuyó a que aumentara la colección real de armas de fuego y la necesidad de poseer escopetas fiables para sus múltiples cacerías, hizo que entrasen a su servicio maestros armeros de reconocido prestigio como: Isidro Soler, Francisco Tarragona o Gregorio López. Continuando con su jornada a las doce en punto le servían una abundante comida, otra de sus aficiones, bebiendo sólo agua, pues no tomaba jamás vino, café o licores. Sobre la una salía a cazar sin importarle las condiciones climatológicas, y tan sólo dejaba de practicar esta afición los dos días anteriores a Pascua o cuando había alguna procesión importante. No regresaba a palacio hasta que anochecía, único momento que aprovechaba para dar audiencia a los ministros a los que tan sólo dedicaba media hora. Tras esta breve reunión jugaba a las cartas, tocaba el violín y se le servía una copiosa cena que tomaba con fruición para reponer las energías gastadas en las gestas cinegéticas. Agotado, a las once solía acostarse para reponer fuerzas y poder repetir al día siguiente los mismos horarios y actividades. &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5444047153414901778" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 360px; CURSOR: hand; HEIGHT: 82px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S40kCs_FkBI/AAAAAAAAAEo/Oc5eWbrc89M/s320/artiller%C3%ADa+en+el+reinado+de+Carlos+IV+(1).jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Ayudantes de cacerías &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Seis coches, doscientas mulas y un centenar de caballos eran necesarios para transportar la impedimenta que el rey requería para alguna de sus cacerías. También tenía que estar presente la “Real Ballestería”, una serie de individuos que ayudaban al monarca en todo lo concerniente a la caza, y que se componía de: 4 capataces, 4 ayudantes de capataz, 33 rederos, 77 peones ojeadores, 16 mozos de traílla, 5 huroneros, 8 ayudantes de huronero, 3 mozos para controlar a los "perros de sangre" y un pescador. No era fácil entrar en la Ballestería, pues tenían prioridad los hijos o familiares de los que ya pertenecían, fomentándose así la lealtad. Cuando había una vacante, el Ballestero principal recibía informes sobre la conducta de los pretendientes y los elevaba al Caballerizo Mayor para su elección, pero Carlos IV solía inmiscuirse seleccionando él mismo a los pretendientes. Se preocupaba también por el bienestar de sus ayudantes, permitiendo que los hijos de los que pertenecían a la Ballestería acudieran a la escuela de primeras letras que existían en los Reales Sitios. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5444045299470657826" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 312px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S40iWygVaSI/AAAAAAAAAEQ/bLhl6QsGhYo/s320/alcazar+segovia+moderno.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Manadas en Segovia&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Como hemos mencionado Carlos IV no desperdiciaba momento ni ocasión para practicar su afición favorita. Pero como toda caza necesita animales, ordenaba repoblar de fauna ciertos parajes prohibiendo a continuación su caza durante un periodo de seis años para que nadie molestara las reses de aquella privilegiada zona. Cuando esta medida se aplicó en los montes de Riofrío, los animales se multiplicación de tal manera que hasta las puertas de Segovia llegaban en manadas ciervos, gamos, venados y jabalíes, arrasando a su paso las cosechas y las huertas de los alrededores de la ciudad. Los segovianos indignados con la situación, elevaron sus quejas al corregidor de la ciudad, pero éste, cumpliendo las órdenes del monarca tenía prohibido, bajo las más rigurosas penas, molestar lo más mínimo a los animales. Según pasaban los días los destrozos iban en aumento, por lo que una mañana del mes de abril de 1792 el Corregidor de Segovia, acompañado del Conde de Colomera, a la sazón Inspector general de Artillería, decidieron presentarse en el Palacio de San Ildefonso donde Carlos IV se encontraba de jornada cinegética. Cuando el Corregidor fue recibido, se estableció esta conversación entre el rey y sus acompañantes:&lt;br /&gt;“-¿Qué hay, señor Corregidor?&lt;br /&gt;-Señor, de hace ocho días a esta parte he recibido innumerables quejas de los hortelanos y labradores que tienen tierras en los alrededores de Segovia y que lindan con los cotos de Vuestra Majestad, exponiéndome que bandadas de veinte o treinta gamos, ciervos o jabalíes penetran en sus huertas y sembrados destruyéndolo todo.&lt;br /&gt;-No os preocupéis. Tengo una idea. Y dirigiéndose al Inspector General de Artillería, Conde de Colomera, le dijo.&lt;br /&gt;-Conde, hace unos días me has manifestado que deseabas visitara el Colegio de Artillería de Segovia. ¿Cuántos cañones tiene el colegio?&lt;br /&gt;-Señor, tiene una pequeña batería rodada y para los ejercicios unos cuantos cañones de grandes dimensiones y grueso calibre.&lt;br /&gt;-Pues mañana haz que a las nueve de la mañana estén preparados los cadetes del Colegio. Primero haré con ellos una cacería para limpiar la zona de la plaga de ciervos, gamos, venados y jabalíes. Luego pasaré revista.&lt;br /&gt;-¿Cazar con artillería? Se sorprendieron los presentes.&lt;br /&gt;-Sí. Eso que tanta sorpresa os causa, no es la primera vez que yo lo he hecho, pues en 1780 ya lo hice con mi padre en las inmediaciones de Aranjuez, y matamos más de dos mil reses, pues se hicieron los disparos con metralla. Por eso, a imitación de Aranjuez, quiero utilizar a los alumnos y las piezas de artillería de Segovia. Mañana la batida se dirigirá sobre el desfiladero que forma por un lado las tapias del lavadero de don Frutos Álvaro, y por el otro el Bosque de las Cabras. Sobre los dos promontorios que se elevan desde allí, deberán estar colocadas mañana a las 9 de la mañana las dos baterías y sus fuegos se dirigirán a la llanura que se extiende a la derecha del río Eresma. Veréis que hermosa cacería.” &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5444045606260541954" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 216px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S40iopYvigI/AAAAAAAAAEY/mu-QTRI1Bus/s320/alcazar+segovia+antiguo.jpg" border="0" /&gt;&lt;strong&gt;Cadetes de cacería&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Rápidamente comenzaron los preparativos y el Mayordomo Mayor recibió orden de convidar a los embajadores que habían acompañado a la Corte, y la reina no dudó en invitar también a sus damas. Al día siguiente, a las seis de la mañana, con la música en cabeza, los cadetes del Colegio de Artillería de Segovia desfilaron atravesando su puerta vestidos con lujosos trajes de gala, llevando entre sus filas las dos baterías de instrucción. Toda la población se agolpó en masa fuera de las murallas de Segovia, desde donde podían seguir con la vista la cacería Real, pues la batida iba a comenzar desde el Palacio de San Ildefonso en la Granja. Para hacer que los animales se encaminaran hacia el lugar elegido por el rey para efectuar los cañonazos, dos Batallones de Guardias Españolas y Valonas, un Regimiento de Infantería y tres Escuadrones de Caballería, formaron un semicírculo de radio inmenso. A una orden de Carlos IV los soldados empezaron a caminar estrechando poco a poco el espacio que había entre ellos, y una increíble multitud de gamos, ciervos, venados y jabalíes espantados, corrieron en todas direcciones. En ciertos puntos, para escapar de la trampa, se lanzaban en masa para romper la línea de soldados, pero la tropa en ese momento disparaba salvas de pólvora que les causaba aún más terror obligándoles a seguir el impulso general de la huida. Al encontrarse sin salida se dirigían sin remedio al estrecho paraje que se encontraba delante de ellos, momento esperado por los cadetes para hacer fuego cruzado con sus cuatro piezas cargadas de metralla. Durante dos horas y media los cañones no cesaron de disparar. El rey estaba radiante de alegría, su esposa la reina María Luisa disfrutaba del espectáculo, y el pueblo aplaudía y gritaba jubilosos al contemplar el nuevo sistema de caza. Cuando cesó el fuego y se ordenó contar las reses, éstas ascendían a mil setecientas quince. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5444046879884874018" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 204px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S40jyyAckSI/AAAAAAAAAEg/xu0fk14xIW4/s320/El+choricero+de+Candelario.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Chorizo para después de la caza&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Una vez finalizada la cacería, el monarca se dirigió a una tienda de campaña que el Mayordomo Mayor le había preparado para que repusiera fuerzas. Al acercarse, Carlos IV vio a varios soldados que estaban arrastrando un borrico y a su lado un aldeano que recogía la carga que el animal tiraba.&lt;br /&gt;-¿Qué estás haciendo ahí, hombre? Le dijo el rey.&lt;br /&gt;-Señor, estoy recogiendo como puedo mis chorizos que este animal va tirando por el suelo.&lt;br /&gt;-¡Cómo que chorizos! Dijo el rey más satisfecho que sorprendido.&lt;br /&gt;El arriero se apresuró a explicarle su procedencia y a la vez que le decía que eran los mejores de su comarca, no dudó en ofrecerle varios de los más gordos para que los probase.&lt;br /&gt;-¡Veamos! Exclamó el monarca, y cogió uno de los chorizos. El arriero, sin dudar un instante, reunió unas cuantas hojas secas y unos trocitos de ramas para hacer a los pies de Carlos IV una pequeña hoguera con la que asar los chorizos. Asado el primero el rey pidió pan. Inmediatamente un gentilhombre se aproximó a él y doblando una rodilla le presentó en un plato de plata un panecillo entre dos servilletas. El rey comió con rapidez y le trajeron para refrescarse una botella de agua helada, pues era la única bebida que tomaba. Ante la sorpresa de todos pidió otro chorizo, y otro, y otro, así hasta seis, pues era hombre voraz para la comida, y rechazó los suculentos fiambres, bizcochos, merengues y dulces que tenían preparados para el almuerzo regio.&lt;br /&gt;-¿Cómo te llamas? Le preguntó el rey una vez terminada la comida.&lt;br /&gt;-Señor, me llaman el tío Rico y vivo en Candelario.&lt;br /&gt;-Pues bien, tío Rico, ahí tienes esas seis onzas por el placer que me han causado tus seis chorizos, que declaro son los mejores que he comido, y además te nombro mi proveedor de cámara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al momento dio la orden de regresar al palacio de San Ildefonso. Por el camino se dirigió a la reina que marchaba a su lado, y girando su cara con satisfacción le comentó con: "Pocos días tan felices he tenido como el de hoy; he hecho una cacería como no ha existido ejemplo, he librado a los labradores de los animales que destruían sus cosechas y he tomado un almuerzo completamente a mi gusto".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Bibliografía &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;-Archivo General del Palacio Real. Secc. Administración Legajo 351.&lt;br /&gt;-Una cacería de Carlos IV Revista "El Campo". Año 1877. N° 3.&lt;br /&gt;-Historia de un gremio: Arcabuceros de Madrid. Antonio Balduque. Revista "Armas". N° 258.&lt;br /&gt;-Carlos III: Un rey apasionado por la caza. Antonio Balduque. Revista "Caza y Pesca".N° 671--Vida privada de los Borbones. Manuel Ríos Mazcarelle.&lt;br /&gt;-La vida y la época de Carlos IV. Carlos Rojas.&lt;br /&gt;-El fin de la vieja España. Godoy. Hans Roger Madol.&lt;br /&gt;-Candelario y su Serranía. Guía del Visitante.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/117965272777650952-5933592578430733970?l=antoniobalduque.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/feeds/5933592578430733970/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=117965272777650952&amp;postID=5933592578430733970' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default/5933592578430733970'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default/5933592578430733970'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/2010/01/las-cacerias-canonazos-de-carlos-iv-uno.html' title=''/><author><name>Antonio Balduque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12918333345669657959</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/Sw7ePezHxqI/AAAAAAAAABo/i64DrY9kXD8/S220/3+(1).jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S0eW4oXJa5I/AAAAAAAAACQ/rGpuhqbJUh0/s72-c/CARLOS+IV+POR+MENGS.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-117965272777650952.post-6381889619548814432</id><published>2009-12-02T06:34:00.000-08:00</published><updated>2010-03-10T05:34:52.512-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S3k6C9blccI/AAAAAAAAAC4/GfrWw44FA8A/s1600-h/sexo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5438441847550996930" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 230px; CURSOR: hand; HEIGHT: 309px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S3k6C9blccI/AAAAAAAAAC4/GfrWw44FA8A/s400/sexo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Del orgasmo terapéutico&lt;br /&gt;a la mano sanadora&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;a href="http://www.pagina-1.es/noticias_firmante.asp?firmante_id=26"&gt;Por Antonio Balduque Álvarez&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Si tienen la oportunidad de visitar alguna iglesia románica, no dejen de observar con detenimiento sus capiteles, fachadas o canecillos, porque es posible que descubran sorprendidos que labradas en la piedra aparecen ante sus atónitos ojos monjas desnudas enseñando un abultado sexo, monjes con enormes falos o parejas risueñas haciendo el amor. Pero ¿cómo es posible que figuras tan curiosas y eróticas puedan estar esculpidas en un lugar tan sagrado? Seguramente porque no en todos los siglos la sociedad ha tenido el mismo concepto del sexo que en la actualidad. Si intentamos buscar una respuesta en los tratados actuales de arte, poca información podremos obtener, por lo que deberemos acudir a los textos médicos de la Edad Antigua o de la Edad Media.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5446996725927981826" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 181px; CURSOR: hand; HEIGHT: 228px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S5eeqa2nMwI/AAAAAAAAAFA/PHsJxc-Au6k/s320/Ad%C3%A1n+y+Eva,+Lucas+Cranach.jpg" border="0" /&gt; &lt;strong&gt;Esperma masculino y esperma femenino&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Tanto Hipócrates como Galeno o Avicena pensaban que para que una nueva vida se crease era necesario que se unieran dos semillas, una que la tenía que aportar el hombre y la otra la mujer. Lo mismo que el hombre tenía unos testículos capaces de producir esperma masculino, la mujer era también capaz de crear su propio esperma femenino en una parte de su organismo: los ovarios. Los ovarios de la mujer eran una copia en pequeño de los testículos de los hombres, por lo que producían igualmente semen pero en menor cantidad, pero éste era tan importante como el del hombre porque para que naciera una nueva vida era necesario que el semen masculino se uniera al semen femenino. La unión de ambos se producía en el útero, donde al mezclarse y espesarse se producía la concepción. A los siete días esta mezcla seminal se transformaba en una especie de espuma, pasados otros siete días mutaba en sangre, a los veinte ya era un embrión y a los treinta y dos se podía distinguir el feto si era varón, porque si era hembra se tenía que esperar hasta los cuarenta y dos. Esta diferencia de fechas radicaba en la fortaleza del esperma porque al ser el masculino fuerte y espeso, creaba un cuerpo más rápido que el femenino que al ser flojo y aguado necesitaba más días para formar una nueva vida. Otra idea curiosa era la dirección a la que miraban los fetos. Si la nueva vida era masculina el feto se desarrollaba dentro del útero mirando hacia la espalda de la madre, mientras que si era hembra miraba hacia delante. &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5446997271071967522" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 212px; CURSOR: hand; HEIGHT: 268px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S5efKJrESSI/AAAAAAAAAFI/awUJk5sZSzA/s320/El+ba%C3%B1o+de+Betsab%C3%A9.+Siglo+XV..jpg" border="0" /&gt; &lt;strong&gt;Si hay placer hay vida&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Durante siglos hubo médicos que escribieron numerosos tratados para hacer ver que el esperma femenino no sólo existía, sino que además era vital para la fecundación. Pero otro punto importante, que no debemos olvidar, es que la sexualidad no se aceptaba como un placer aislado, sino que su fin era la fecundación, la generación de una nueva vida. Y ahora viene la idea curiosa. Para ellos el semen femenino se generaba en la mujer si ésta experimentaba placer, así, si la mujer gozaba durante el acto sexual se liberaría el esperma femenino que unido al esperma masculino crearía una nueva vida, pero si la mujer no gozaba no podría producir su esperma y por lo tanto no se podría engendrar. Sólo si tenemos en cuenta esta teoría podemos entender que durante la Edad Media aparecieran numerosos tratados en los que se intentaba enseñar a los maridos el modo de obtener de su mujer el mayor placer durante su relación amorosa.&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5446997474501800338" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 171px; CURSOR: hand; HEIGHT: 263px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S5efV_ghMZI/AAAAAAAAAFQ/tXS8qNkPNZg/s320/RETRAT~1.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Si el fin no es procrear el placer es pecado&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Hubo filósofos, como Aristóteles o Platón, que justificaron la existencia del placer sexual en el contexto de la extinción de la especie humana, pensando que el hombre no tenía la suficiente inteligencia como para entender que si no se reproducía, la especie humana se extinguiría inexorablemente. De ahí que, para incentivar la reproducción, al hombre se le dotó de apetito sexual, buscando en el acto de procrear un placer intenso. Pero como el hombre es un animal racional que no podía dejarse llevar por sus apetitos primarios, Santo Tomás de Aquino introdujo una sutil apreciación: como en la Naturaleza el sexo tiene una función procreadora, si el hombre usa su esperma sin una función reproductiva, su acción iría en contra de la Naturaleza, por lo que es reprobable, de ahí que considere pecado todo tocamiento, caricia o beso que no tenga como fin la búsqueda de una nueva vida. Hubo otros sabios, como el religioso dominico Alberto Magno, que eran de la opinión que aunque el sexo estaba permitido si se hacía con un fin reproductor, tampoco había que excederse en él, porque si el coito se realizaba con demasiada frecuencia el útero se llenaría de esperma y sus paredes se harían tan resbaladizas que el semen no podría ser absorbido, de ahí, según ellos, que las prostitutas estuvieran impedidas para tener hijos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Clímax al unísono&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Una vez que los médicos medievales tuvieron claro que el placer sexual estaba permitido si tenía un fin reproductor, y también que durante el orgasmo se generaba el esperma femenino, se dedicaron a publicar tratados en los que informaban de variadas posturas que facilitaban el orgasmo, así como la manera en que el marido debía retrasar su eyaculación para hacerla coincidir con el orgasmo de la mujer. Los médicos recomendaban a los hombres no tener prisa durante sus relaciones sexuales y fijarse en las señales que emitían las mujeres, porque era muy importante alcanzar el clímax al unísono si se quería que ambos espermas se unieran por igual para formar un feto. Rizando todavía más el rizo hubo médicos, como el cordobés Arib ibn Said, que pensaba que si en el momento del orgasmo uno de los miembros de la pareja gozaba más que el otro, sería ese quien aportaría más cantidad de rasgos al nuevo bebé, de ahí el mayor parecido que el retoño tendría con uno u otro de los padres. Pero no sólo los médicos hicieron proselitismo para que los maridos hicieran gozar al máximo a sus parejas, también poetas medievales como Bernard Gordon, Roman de la Rose o Goeffrey Chaucer, escribieron obras llenas de consejos amatorios destinados a que el hombre no fuera egoísta y que se dedicara lentamente a dar el máximo placer durante el mayor tiempo posible.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Pelos en la barbilla&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Para muchos médicos medievales el útero era el lugar donde se recogía y unían el semen del hombre y de la mujer, para luego acoger y permitir que creciera en su interior una nueva vida. Pero además también creían que el útero era la cloaca del organismo a donde iban a parar todos los residuos del cuerpo, siendo la menstruación el proceso mediante el cual se eliminaban del cuerpo las sustancias dañinas. La sangre menstrual era tan peligrosa que si llegaba al cerebro podía producir en la mujer graves enfermedades, de ahí que hasta casi finales del siglo XX podíamos ver en la playa españolas a un buen número de mujeres que permanecían debajo de sus sombrillas vestidas, sin ocurrírseles poner un pie en el agua porque si se bañaban o se mojaban el pelo durante la menstruación creían que se les podía cortar la regla. Esta idea procedía de la Edad Medía y radicaba en que si se cortaba la regla, la sangre menstrual podría subir hasta el cerebro y ser fatal para la vida de la mujer. También se pensaba que el hombre no menstruaba porque apenas tenía residuos que desechar al transformar la mayoría de lo que comía en sangre, carne, huesos, etc. Mientras que la mujer necesitaba la regla para expulsar cada veintiocho días todas las impurezas del cuerpo, los escasísimos residuos que pudiera generar el cuerpo del hombre salían al exterior en forma de sudor, pelos o barba. Según esta curiosa teoría, era lógico y normal que las mujeres mayores que por edad se les retiraba la regla tuvieran que eliminar sus ya escasos residuos de alguna manera, de ahí que a las féminas entradas en años les empezasen a crecer con más insistencia pelos en la barbilla y el bigote.&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5446997975576558978" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 285px; CURSOR: hand; HEIGHT: 282px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S5efzKKDPYI/AAAAAAAAAFY/JOsbSLTpT1w/s320/san+pedro+de+cervatos.bmp" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;La mano que cura&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Como decíamos, había corrientes médicas que creían que la mujer también tenía esperma, eliminándose éste del interior del cuerpo femenino mediante el coito. Pero las mujeres que hacían votos de castidad como las monjas, las solteras o viudas, al no tener relaciones sexuales podían sufrir en su cuerpo pequeñas acumulaciones de esperma femenino que, mezclado con los restos de sangre menstrual corrupta, podía causarles graves enfermedades. Muchos médicos medievales, e incluso muchos galenos religiosos, encontraron la solución para expulsar los residuos sin que el varón interviniera: la masturbación femenina. Lógicamente no se le daba ese nombre tan vulgar, sino que se prescribía algo tan lírico y poético como un “masaje con ungüentos”, existiendo médicos, como el valenciano Arnau de Vilanova que en el siglo XIII fue médico de Pedro “El Grande” o Jaime II, que en ausencia de varón prescribía también para viudas y solteras la introducción de objetos en la vagina. Aunque existían teólogos que se escandalizaban de tan aberrantes acciones, muchos médicos e incluso religiosos, separaron la idea pecadora de la acción terapéutica al considerar que la mano que realizaba tales tocamientos no era una mano pecadora sino “una mano que cura” porque liberaba al cuerpo de una sustancia que para ese tipo de mujeres no tenía ningún valor positivo y si permanecía en su interior podía acarrear fatales consecuencias.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Se acabó gozar&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;A finales del siglo XIII, con las traducciones de Aristóteles y la obra de Averroes, se empezaron a levantar voces autorizadas que contrariaban las doctrinas de Hipócrates, Galeno y de Avicena pensándose ahora que el esperma femenino no sólo no era necesario para la formación de una nueva vida, sino que tampoco contribuía al desarrollo del feto porque de ser así la mujer tendría que continuar eyaculando semen durante la gestación y esto estaba claro que no se producía. Estos nuevos pensadores no dudaban de la existencia del semen femenino, pero eran de la opinión de que esta sustancia carecía de virtudes y era simplemente algo intermedio entre el semen y la menstruación, por lo que sucedió algo terrible para las mujeres: la abolición del orgasmo. Como el semen femenino ya no tenía utilidad en la fecundación y la manera de producir ese esperma era mediante el orgasmo, el siguiente paso fue convertir el placer sexual en pecado, liberando además a los hombres medievales de la obligación de proporcionar placer a las mujeres, siendo únicamente los hombres los que podían tomar la decisión de concebir. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Conclusiones&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Si tenemos en cuenta lo anteriormente expuesto hubo unos siglos en los que el goce sexual no sólo no era pecado, sino que sin un orgasmo no se podía tener hijos, por lo que ya no nos resulta tan incomprensible ver en los capiteles de las iglesias románicas parejas gozando del sexo o monjas que enseñan su sexo o realizan tocamientos, porque lo que para nosotros puede tener hoy en día un contenido pornográfico, para los hombres y mujeres de la Edad Media era una actividad que conducía tanto a la procreación como a la sanación.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Para saber más:&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;Matos, A. Historia medieval del sexo y del erotismo. Editorial Nowtilus, Madrid, 2008.Potts, M y Short, R. Historia de la sexualidad desde Adán y Eva. Editorial Cambrige University Press. 1999.&lt;br /&gt;Lucie-Smith, E. La sexualidad en el arte occidental. Ediciones Destino. 1992.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/117965272777650952-6381889619548814432?l=antoniobalduque.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/feeds/6381889619548814432/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=117965272777650952&amp;postID=6381889619548814432' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default/6381889619548814432'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default/6381889619548814432'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/2009/12/del-orgasmo-terapeutico-la-mano.html' title=''/><author><name>Antonio Balduque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12918333345669657959</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/Sw7ePezHxqI/AAAAAAAAABo/i64DrY9kXD8/S220/3+(1).jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S3k6C9blccI/AAAAAAAAAC4/GfrWw44FA8A/s72-c/sexo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-117965272777650952.post-6332713214230316364</id><published>2009-11-19T02:39:00.000-08:00</published><updated>2010-03-10T05:27:41.991-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/SwUhVwAwOrI/AAAAAAAAABc/Uk3_xLn-1UQ/s1600/Fernando_el_catolico_Isabel_la_catolica.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5405763585277180594" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 246px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/SwUhVwAwOrI/AAAAAAAAABc/Uk3_xLn-1UQ/s400/Fernando_el_catolico_Isabel_la_catolica.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;Fernando “El Católico”:&lt;br /&gt;El Rey que murió por sobredosis de afrodisíacos&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://www.pagina-1.es/noticias_firmante.asp?firmante_id=26"&gt;Por Antonio Balduque Álvarez&lt;/a&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;De los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, hemos leído o estudiado sus virtudes como estadistas, además de su prudencia y sensatez en el gobierno, pero pocas veces hemos tenido ocasión de conocer que Fernando “El Católico” tenía más de pecador sexual adúltero que de buen católico, siendo numerosas las mujeres que gozaron en sus aposentos, por lo que a la reina Isabel únicamente le quedó sufrir con dignidad la poblada cornamenta.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Los celos de doña Isabel&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;Don Fernando era un mozo atractivo, de mediana estatura, simpático, afable y de ojos cautivadores que desde su más temprana juventud derrochó un “admirable vigor corporal” que no dudó en apagar en variadas camas juveniles. Una vez casado con la reina católica su fogosidad le permitió amar con holgura dentro y fuera de su casa, por lo que Isabel tuvo que sufrir estoicamente, y hasta su muerte, las infidelidades de su casquivano marido, provocando los terribles celos de la reina constantes recriminaciones y discusiones matrimoniales, llegando incluso a ordenar que cualquier mujer que tuviera el atrevimiento de mirar a su marido de una manera provocativa fuera expulsada inmediatamente de palacio. Mientras que Isabel guardaba fidelidad a su esposo, Fernando se dedicó a tener descendencia con doña Aldonza Roig de Ibarra, Joana Nicolau, Toda de Larrea o con una portuguesa apellidada Pereira. Como reina era dueña y señora de sus súbditos pero no lo era tanto de su marido, y lo único a lo que pudo recurrir cada vez que se enteraba por los chivatos de la corte de que Fernando tenía un hijo, era castigarle donde más le dolía, en el sexo, negándose “a cumplir físicamente con él hasta que consideraba pagado el pecado cometido”, resumiendo: le tenía durante una temporadita a dos velas. &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5446995635690153010" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 207px; CURSOR: hand; HEIGHT: 217px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S5edq9ZqJDI/AAAAAAAAAE4/xnCE4YscIAk/s320/1108.jpg" border="0" /&gt; &lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Muere la reina y Fernando quiere un heredero&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;A los cincuenta y tres años, en 1504, Isabel ya se encuentra muy mermada físicamente por la hidropesía que sufría, por lo que hace testamento de sus reinos y señoríos a favor de su hija Juana, más conocida como Juana “la Loca”, mandando que sea reconocida como reina de Castilla y León a su fallecimiento, que sucede el 26 de noviembre de 1504. El viudo rey don Fernando quedó como regente de la demente reina Juana. La nobleza castellana, que era enemiga del rey por ser para ellos un aragonés extranjero y un extraño para los cerrados castellanos, le arrebató la regencia en favor de su yerno Felipe “el Hermoso”, por lo que tras firmar en 1506 el tratado de Villafáfila se retira a sus reinos patrimoniales y maniobra políticamente buscando una princesa para casarse con ella y tener un hijo que heredase la Corona de Aragón. La elegida fue la francesa Germana de Foix, sobrina del monarca francés Luis XII. Como consecuencia de este enlace el rey francés cede los derechos sobre los territorios italianos a su sobrina, Germana de Foix y al hijo que tuviera con Fernando “El Católico”. Este heredero sería además el futuro rey de Aragón, por lo que el hijo de Juana “La Loca” y Felipe “El Hermoso”, el futuro Carlos V, quedaría excluido de heredar la corona catalano-aragonesa. La joven francesita era más bien feúcha, un poco cojita, con tendencia a la obesidad, ardiente, fogosa y amiga del placer, pero tenía en su haber el proceder de una familia muy fértil, lo que aseguraría un heredero a la corona. Fernando, si quería llevar a cabo sus planes, necesitaba tener un hijo cuanto antes porque ya había pasado de los cincuenta años y el tiempo se le acababa. Pero la fogosidad que años antes le había permitido tener cinco hijos con la reina Isabel y unos cuantos bastardos con diversas damas, ahora le faltaba, por lo que si quería estar a la altura de las exigencias amatorias de la joven esposa tenía que recurrir a los afrodisíacos, sustancias que le ayudarían a excitar su apetito sexual.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Antiguos afrodisíacos&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Las primeras noticias sobre afrodisíacos las encontramos en papiros egipcios escritos en el 2.200 a.C, siendo la mayoría de ellos plantas o alimentos con un aspecto semejante a los órganos sexuales como las ostras, los mejillones o las almejas. Los griegos y romanos también usaron como afrodisíacos plantas con formas sexuales, teniendo entre ellos especial éxito un brebaje llamado Satirión que se extraía de distintas especies de orquídeas cuyos tubérculos dobles recuerdan por su forma a un par de escrotos, de ahí su nombre, orchis, de donde procede orquitis, inflamación de los testículos. En otras ocasiones lo que se pretendía era aumentar o mantener la erección, por lo que se buscaban alimentos que estimulasen el riego sanguíneo o el aparato urogenital como el chile, el jengibre, la albahaca, el azafrán o la ortiga, siendo esta última el emblema de la lujuria. Pero si se quería alcanzar las más altas cimas de placer sexual nada mejor que un puchero de garbanzos. Tanta fama tenían que se creía que si se consumían en exceso podían causar priapismo: una erección continua y dolorosa del miembro viril. Pero tenemos que tener en cuenta que en una época de tantas carencias, tanto vitamínicas como energéticas, un “atracón de garbanzos” era más eficaz que una pastilla de viagra en la actualidad, porque al contener fósforo, hierro, cal, potasio, sodio, magnesio, vitaminas, especialmente el complejo “B”, tantas proteínas como la carne (entre un 17% y un 24% de proteína bruta) y casi tantos glúcidos como los cereales, lo que hacían era “poner las pilas” al hombre que los comiera. Otro alimento del que se pensaba que prolongaba las erecciones y aumentaba la cantidad de esperma era la cebolla. Ahora bien, si queremos llegar al paroxismo de la porquería, nada como el más repugnante afrodisíaco del que tengo conocimiento: la sangre menstrual. En muchos puntos de Europa y también en España, desde la Edad Media hasta el siglo pasado, las mujeres guardaban su sangre menstrual para mezclarla con alimentos y bebidas que servían a sus esposos con el objeto de que éstos las amasen con más pasión y vigor. Si la dama notaba que el mozo no mostraba el interés o la fortaleza amatoria exigida, ésta no dudaba en añadir nuevamente a la comida unas gotitas de su orina o de su flujo vaginal, llegando incluso algunas a prácticas más atrevidas, teniéndose constancia de que en ocasiones había mujeres que usaban un afrodisíaco infalible: introducirse un pez vivo en la vagina hasta que el animal moría, para después cocinárselo al ignorante esposo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;La cantárida&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Retomando el caso de Fernando “El Católico”, el desgastado cincuentón y la alegre Germana de Foix se lanzaron a interminables sesiones copulatorias para tener cuanto antes un retoño que heredase los territorios de la corona de Aragón. Pero el vigor del rey ya no era el de antaño, por lo que la joven Germana decide recurrir a un filtro amoroso de terrible eficacia: testículos de toro mezclados con un preparado de cantárida. La cantárida es un escarabajo verde brillante que una vez muerto, seco y reducido a polvo, se usaba desde la antigüedad como sustancia que potenciaba la erección, pero era tan potente como peligrosa. El polvo de cantárida contiene una sustancia tóxica, la cantaridita, que en cantidades adecuadas produce la irritación de la uretra y como consecuencia una potente erección que podía durar horas (era la viagra del siglo XVI), pero en dosis mal calculadas tiene consecuencias nefastas para el organismo al producir lesiones renales, nefritis, retención de líquidos y diarreas. Las ganas de estimular a don Fernando debieron hacer que a Germana le temblara el pulso a la hora de preparar la receta, pasándose con la cantidad de polvo de cantárida, teniendo el efecto contrario al esperado. Las crónicas cuentan que el rey “después de holgar” con ella se empezó a encontrar indispuesto, apareciendo en él graves desarreglos físicos. La sobredosis de cantárida no fue lo suficientemente elevada como para matarle en el acto, pero sí para saber que su muerte estaba anunciada. Según Jerónimo Zurita, personaje muy próximo al monarca, el rey sufrió una grave enfermedad ocasionada por un “feo potaje que la reina le hizo dar para más habilitarle, que pudiese tener hijos. Esta enfermedad se fue agravando cada día, confirmándose en hidropesia con muchos desmayos, y mal de corazón: de donde creyeron algunos que le fueron dadas yerbas”.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5446995225589327138" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 150px; CURSOR: hand; HEIGHT: 239px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/S5edTFqAJSI/AAAAAAAAAEw/bzZAzC6Lt4o/s320/germana_foix+mejor.jpg" border="0" /&gt; &lt;strong&gt;Muerte de Fernando “El Católico”&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Desde el día que su mujer le suministró el filtro amoroso, ya no volvió a ser el mismo. Él, que había sido un hombre dinámico, afable, amante de las reuniones y diplomático, se transformó en un ser solitario que aborrecía las ciudades y los negocios de Estado, disfrutando únicamente con los paseos en solitario por el campo. Durante dos años tuvo que sufrir diarreas, desajustes en la tensión arterial, problemas de corazón, retención de líquidos y desajustes renales, hasta que la muerte le libró del sufrimiento. Dicen que la muerte es sorda porque llega sin que se la llame, pero en el caso de Fernando “El Católico” no fue así, encargándose Germana, con su incompetencia y ganas de procrear, de avisar a gritos a la señora de la guadaña.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/117965272777650952-6332713214230316364?l=antoniobalduque.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/feeds/6332713214230316364/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=117965272777650952&amp;postID=6332713214230316364' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default/6332713214230316364'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default/6332713214230316364'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/2009/11/fernando-el-catolico-el-rey-que-murio.html' title=''/><author><name>Antonio Balduque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12918333345669657959</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/Sw7ePezHxqI/AAAAAAAAABo/i64DrY9kXD8/S220/3+(1).jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/SwUhVwAwOrI/AAAAAAAAABc/Uk3_xLn-1UQ/s72-c/Fernando_el_catolico_Isabel_la_catolica.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-117965272777650952.post-878872536601688681</id><published>2009-11-02T00:39:00.000-08:00</published><updated>2009-11-02T00:43:15.352-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/Su6blVKGKiI/AAAAAAAAABU/bc-H600CJco/s1600-h/detalle+de+un+arcabuz+de+Barcina+1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5399424068900760098" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 253px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/Su6blVKGKiI/AAAAAAAAABU/bc-H600CJco/s400/detalle+de+un+arcabuz+de+Barcina+1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;Los Arcabuceros de Madrid&lt;br /&gt;Oficios Olvidados&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.pagina-1.es/noticias_firmante.asp?firmante_id=26"&gt;Por Antonio Balduque Álvarez&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Durante los siglos XVII y XVIII existieron en Madrid unos artesanos armeros que causaron la admiración europea por ser capaces de fabricar escopetas de caza con una calidad y seguridad que no podía ser superada por ningún artesano de otro país. A éstos se les conocía como los “Arcabuceros de Madrid” y la posesión de una de sus escopetas era tan envidiada, que los reyes españoles cuando querían demostrar su afecto no dudaban en regalar una de estas joyas. Los arcabuceros madrileños fueron un ejemplo de eficacia, pero sobre todo de honradez, porque tenían un lema que aplicaban a todo lo que fabricaban: “Haced bien lo que hagáis, porque lo que bien se hace cuesta algo más pero todos lo quieren, y lo que se hace mal, cuesta menos, pero nadie lo quiere”.&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La afición a la caza que tenían no sólo los monarcas españoles sino también el resto de la familia Real, es de todos conocida. Esta actividad cinegética exigía disponer de armas precisas y fiables en sus fuegos y cañones que asegurasen la casi nula existencia de accidentes que pudieran poner en peligro la vida de tan altas dignidades. La vida del rey dependía de la calidad de los cañones, pues una fabricación defectuosa podía hacer que reventara cerca de su cara. En una época en que en toda Europa eran muy frecuentes los accidentes, al no existir una buena forja y una mano de obra artesana cualificada, los arcabuceros madrileños, con ingenio y pericia, cuidaron al máximo la calidad de sus obras, forjando unos cañones de tal fortaleza que fueron la admiración de todos los cazadores. Para evitar que reventasen forjaban los cañones a trozos (solían tener entre 5 y 6 partes) utilizando un hierro acerado de excelente calidad y para asegurar su solidez y resistencia hacían múltiples pruebas: la principal consistía en echar en su interior una cantidad de pólvora igual al peso del proyectil que iba a disparar, luego introducían un taco muy justo y embreado sobre el que ponían cuatro “balas de perdigón zorrero” con otro taco final para taponar. Con esta carga se hacía un disparo y si resistía tres veces la misma prueba se le ponía la marca y contramarca de arcabucero.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Lo “Made in Spain” es lo mejor&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Conociendo el resto de países europeos que sus cañones no podían resistir las pruebas de los fabricados en Madrid, se dedicaron a falsificarlos poniendo en ellos las marcas de los maestros madrileños, lo que motivaba que la mayoría de las veces les explotaran en las manos. En vista de que esta solución no era la más eficaz, pensaron en fabricarlos ellos mismos con los mismos materiales, medidas y formas que los peninsulares. Según consta en documentos de la época “un embajador inglés mandó construir cuatro cañones a los más famosos arcabuceros de Londres, con las mismas medidas y circunstancias que uno de Madrid, que se les presentó para modelo. Se fabricaron con todo el cuidado posible, pero ninguno resistió la prueba, quedando los cuatro reventados y el madrileño triunfante. Recelando el embajador que esta ventaja dimanase del hierro, carbón, etc., mandó se trajeran éstos desde Madrid, repitiéndose con menos desconfianza las pruebas, pero quedó igualmente victorioso el español, y desconocida su resistencia, pues aunque por entonces se atribuyó a la influencia del aire, por no deslucir, sin duda, la reputación de los maestros ingleses, quedaron éstos tan prendados de ella, que solicitaron se les permitiese estampar sus marcas en el referido cañón no para darle mayor realce, sino para que quedase autorizada su excelencia por cuatro arcabuceros de una nación a la que todos miran con respeto en el manejo de los metales”. Pero no sólo los ingleses lo intentaron, también los italianos, en la confianza de poseer un hierro más dulce que les permitiría finalizar con éxito la forja, se decidieron a probar suerte: un comerciante milanés volvió a llevar a su patria los materiales necesarios para fabricar otros cuatro cañones, incluyendo ahora, muy sagazmente, arena del río Manzanares, que era la utilizada por los arcabuceros de Madrid para el recaldeo. Pidió el comerciante que los cañones se hicieran en su presencia y viendo que su técnica y destreza no igualaba a la de los maestros españoles, no permitió que acabasen su trabajo ordenando probar sólo los dos que habían terminado, que lógicamente reventaron, dándose cuenta que la única ventaja que tenían los artesanos de Madrid respecto a los del resto de Europa era su buena “escuela y grande habilidad”, competencia y honradez.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Una de callos&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Cuando Felipe V pasó de Francia para sentarse en el trono español quiso también comparar la resistencia de los cañones de su antigua nación con los nuestros, ordenó traer seis cañones trabajados en el país galo y los comparó con seis fabricados en Madrid. Los resultados fueron idénticos. Madrid 6 - Francia 0. Los cañones franceses reventaron como la mantequilla al enfrentarlos a los hispanos. No es de extrañar que los españoles saliesen invictos porque en esos años el arcabucero que trabajaba para Su Majestad era Nicolás Bis, conocido como el “Príncipe de los Arcabuceros Españoles”. A este artesano se le debe el invento de fabricar los cañones con “callos de herradura”. Hasta principios del S. XVIII se utilizó para la forja del cañón el hierro conocido como “hierro nuevo”, pero Nicolás Bis, hombre observador, comprobó que el hierro de Vizcaya era “el más dulce de toda Europa”, y no escogía cualquier trozo, únicamente elegía el hierro de Vizcaya que había sido usado en las herraduras. El motivo de la elección radicaba en que en las herraduras se producía una purificación natural del hierro al irse golpeando contra las piedras del camino durante meses o años, de tal manera que se iba acerando poco a poco y cuando ya no eran útiles para el animal, ese hierro se había convertido en un acero purificado, entonces el maestro armero, para fabricar su cañón, sólo escogía de la herradura la parte de mayor pureza, que lógicamente era la más golpeada contra el suelo y era conocida como el “callo de la herradura”.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Diseño español&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;A partir del descubrimiento de Nicolás Bis, todos los arcabuceros de Madrid se dedicaron a comprar herraduras viejas, las llevaban a lavar al río Manzanares para quitar la tierra pegada en los huecos donde antes había clavos y forjaban únicamente sus cañones con este excepcional material. La perfección la alcanzó Alonso Martínez, contemporáneo de Bis, al conseguir forjar un cañón únicamente con los clavos de las herraduras, nunca intentado antes por lo costoso y el trabajo excesivo que requería. Pero no sólo los maestros españoles obtuvieron su éxito al mejorar los materiales y las técnicas europeas, sino también al modificar la forma del cañón que pasó de ser cilíndrica a ligeramente cónica, obteniéndose así un disparo más efectivo al alargarse la concentración de perdigones. Estas escopetas de caza no solían tener alza, la mira era de acero cincelado y de oro el punto de mira. Se les daba un pavonado azul brillante y en el tercio posterior del cañón, que era octogonal y justo encima de la recámara, se incrustaba en relieve sobre fondo dorado la marca y contramarca del arcabucero que la había fabricado. La marca solía estar formada por la contracción del nombre y apellido del maestro arcabucero que fabricaba el arma escrita en tres líneas y sobre ellas una corona, así el arcabucero José Cano marcaba IOSE-PH-CANO, y Gabriel Algora grababa G.EL-ALGO-RA. La contramarca, o segundo punzón, por regla general representaba un animal inscrito dentro de un recuadro, abundando los unicornios, dragones, águilas exployadas, águilas bicéfalas, ciervos, leones, osos, cisnes, caballos, perros perdigueros, delfines, monos y patos. En otras ocasiones se grababan figuras de diferentes tipologías como: estrellas, flores de lis, mundos con corona encima, ramas de árboles, palmas, madroños o castillos con banderas.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Unos genios al servicio del rey&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;A diferencia de los arcabuceros del resto de España, que producían sus armas mediante la suma de esfuerzos al realizar unos el cañón, otros las llaves y otros las guarniciones, el arcabucero madrileño era capaz de realizar él solo todas las piezas del arma, desde el cañón hasta la guarnición, pasando por la decoración e incluso los cuchillos, bayonetas, frascos o los instrumentos para medir la calidad de la pólvora o fabricar la munición. Pero aún siendo únicos en su género, sólo el mejor de entre los mejores podía llegar a ser arcabucero del rey. El acceso al puesto se hacía mediante una oposición que consistía en construir una escopeta en la que se valoraba sobre todo la calidad y seguridad del cañón. Una vez se alcanzaba el título de arcabucero de número se le asignaba un sueldo fijo comprometiéndose bajo juramento a alcanzar en su trabajo las más altas cotas de perfección.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El origen de los Arcabuceros de Madrid&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;El término arcabuz tiene una etimología incierta: unos la hacen proceder de la voz italiana “arca”, por contener en su interior la munición, y de “buso”, agujero, que es por donde se le comunica el fuego a la pólvora; otros piensan que deriva del alemán “busche”, que unido a “hake”, gancho, produce múltiples variantes entre ellas “harquebuse” de donde pasó al francés. Los arcabuces aparecieron a finales del S. XV y principios del S. XVI extendiéndose rápidamente por toda Europa. Conocedor el Emperador Carlos I de la existencia en España de abundantes materiales para su construcción, y con la idea de instalar unas fábricas de armas similares a las ya existentes en Alemania, mandó pasar a nuestro país a los dos mejores maestros armeros existentes: Simón Marcuarte y su cuñado Pedro Maese. Marcuarte es considerado como el iniciador del gremio de arcabuceros madrileños al afincarse en la capital hacia 1530, donde alcanzó un excelente prestigio y era conocido como “Simón el de las Hoces” por utilizar dos de ellas como contramarca, fue arcabucero de Felipe II y Felipe III, y a él se debe la invención de un nuevo mecanismo para el encendido de la pólvora: la “llave de patilla” o “llave española”. Esta llave era más sencilla, sólida, eficaz y segura que las utilizadas hasta ese momento, por lo que fue copiada en Europa donde se la conocía por “llave miquelet” al denominarla así las tropas francesas que la habían visto utilizar a los miquelet, soldados de la milicia catalana. Esta llave se montó en las escopetas de caza durante aproximadamente doscientos cincuenta años, desapareciendo gradualmente entre los años 1820-35, habiéndose extendido su prestigio por todo el Mediterráneo, llegando hasta Turquía, El Cáucaso, la Rusia Meridional y África.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Revolución en la forja&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Otro maestro madrileño, Juan Sánchez de Miruela, fue el que revolucionó la fabricación de cañones por ser el primero en forjar uno uniendo 5 ó 6 trozos diferentes de hierro. Hasta ese momento para forjar un cañón se utilizaba un único trozo que se “estiraba o alargaba en forma de plancha, del largo que se quería el cañón”, luego “se iba volviendo hasta que se tocasen las orillas en toda su longitud” para después “unir y consolidar la juntura”. El problema de este método consistía en encontrar “una barra de hierro que tuviese la misma calidad en toda su extensión”, porque si existía el más mínimo “pedazo de hierro agrio o escabroso” se tenía que destruir el cañón entero por no tener confianza en que resistiera el disparo. Para evitar esta contingencia, Juan Sánchez forjaba trozos de gran calidad de “una cuarta poco más o menos” porque le era “más fácil manejar un trozo de una cuarta que el cañón entero” para luego unirlos con gran presión. La calidad y precisión del trabajo de los maestros madrileños alcanzó la cima en 1691 con Nicolás Bis al ser nombrado arcabucero de Carlos II, siendo el inventor de los cañones de herradura que anteriormente hemos mencionado.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Arcabuceros de los Borbones&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;La nueva dinastía francesa no desaprovechó la pericia de Nicolás Bis, permitiendo que continuara como arcabucero de Felipe V y así alcanzar con sus obras fama mundial. Otros arcabuceros del primer Borbón fueron: Juan Fernández, Matías Baeza, Francisco Bis y el incomparable Josef Cano. La habilidad de Cano era tal que no se limitó a fabricar al rey espléndidas armas de caza, sino también diversos objetos. Así un día que al rey se le rompió una hebilla de acero que le habían enviado de Francia y que tenía en alto aprecio, preguntó a Josef Cano si podía arreglársela, contestándole éste que no sólo prometía componérselas sino que le haría unas mejores, lo que cumplió y llenó de satisfacción al monarca. Para Fernando VI trabajaron Gabriel Algora, Joaquín Zelaya y Sebastián Santos. De sobra es conocida la afición cinegética de Carlos III que la demostró igualmente por el gran número de arcabuceros que tuvo a su servicio: Diego Ventura, Francisco López, Antonio Gómez, Agustín Ortiz, Miguel Cegarra, Salvador Cenarro, Diego Álvarez y Juan de Soto. Este monarca, conocedor de la pericia de sus arcabuceros y de la admiración que suscitaban sus escopetas de caza, quiso presenciar lo delicado y penoso de su trabajo, por lo que mandó a dos de sus arcabuceros, Salvador Cenarro y Miguel Cegarra, que realizaran en su presencia ,y la de sus hijos, una escopeta de principio a fin. Según iban los arcabuceros perfeccionando su obra los semblantes de la familia Real adquirían una expresión de asombro y, llenos de regocijo, los dos artesanos leían en ellos la admiración que les provocaba la realización de su trabajo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Goya y los arcabuces&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Se puede decir que de tal palo tal astilla, ya que Carlos IV heredó el gusto por la caza de su padre, Carlos III, alcanzando gestas cinegéticas difícilmente igualables como fueron las 7.363 piezas cazadas únicamente durante el año 1805. El primero en entrar a su servicio fue Francisco Antonio García, uniéndose posteriormente Isidro Soler, Francisco Tarragona y Gregorio López, teniendo en común la mayoría de ellos la utilización de las armas de la Villa de Madrid como contramarca, figurando el oso, el madroño o las estrellas en diferentes posiciones o formatos. Durante esos años uno de los artistas que más apreciaron la labor de los arcabuceros madrileños, seguramente por ser también experto cazador, fue Goya. Por ser un buen conocedor de estas armas, fue el único de su época capaz de reflejar con precisión en sus cuadros los detalles de las llaves, de las cajas y de las marcas chapadas en oro de las recámaras. Goya conocía por experiencia propia el alto valor de los arcabuces madrileños. Por un retrato de Fernando VII cobró 2.000 reales de vellón, 2.500 por el cuadro titulado “Perros de traílla” y 4.000 por unos retratos de Carlos IV y María Luisa de Parma, por el contrario si él quería comprarse una escopeta madrileña sencilla tenía que desembolsar 2.500 reales, y si se encaprichaba de un arma de mayor categoría la suma que tenía que pagar oscilaba entre los 5.000 y los 30.000 reales, cifras astronómicas para él y para la época. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;El final de una saga&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;El último arcabucero al servicio del rey fue Francisco López que cubrió su plaza en 1802, unos años antes de la Guerra de la Independencia. Esta guerra fue un desastre para los arcabuceros pues tuvieron que cerrar la mayoría de los talleres, muchos murieron en combate, y alguno de los que sobrevivieron eran tan mayores al finalizar la contienda que ya no continuaron con su labor. Si a esto añadimos que cuando subió al trono Fernando VII entre sus aficiones no se encontraba precisamente la caza, entenderemos que cuando los pocos arcabuceros no reales que sobrevivieron solicitaron al monarca que se cubriera la plaza de arcabucero de número para trabajar en la Armería de la Real Ballestería, tan sólo recibieran la indiferencia por respuesta. Al desaparecer prácticamente la arcabucería madrileña, las necesidades de los aficionados madrileños a la caza tuvieron que ser cubiertas por las armerías vascas que hasta ese momento se habían dedicado a una producción preferentemente militar. El auge vasco hizo decaer la producción local, perviviendo en Madrid modestos talleres que al mando de un maestro y ayudado por un oficial y un par de aprendices se mantenían a duras penas en la fabricación de escopetas, así como de otro tipo de herramientas. Estos artesanos eran conocidos como los “chisperos” por las chispas despedidas de sus fraguas, localizándose estas herrerías en los alrededores de las actuales calles del Barquillo, Bárbara de Braganza y Prim. La saga de arcabuceros madrileños concluyó a finales de mil ochocientos ochenta con la muerte del último maestro armero D. Calixto Piñuelas y el cierre de su taller situado en la calle de los Reyes.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/117965272777650952-878872536601688681?l=antoniobalduque.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/feeds/878872536601688681/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=117965272777650952&amp;postID=878872536601688681' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default/878872536601688681'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default/878872536601688681'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/2009/11/los-arcabuceros-de-madrid-oficios.html' title=''/><author><name>Antonio Balduque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12918333345669657959</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/Sw7ePezHxqI/AAAAAAAAABo/i64DrY9kXD8/S220/3+(1).jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/Su6blVKGKiI/AAAAAAAAABU/bc-H600CJco/s72-c/detalle+de+un+arcabuz+de+Barcina+1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-117965272777650952.post-3439732443597496389</id><published>2009-11-02T00:21:00.000-08:00</published><updated>2009-11-02T00:29:31.593-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/Su6YSD0TbHI/AAAAAAAAABM/iHLlXcvl6QI/s1600-h/lobos.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5399420439293553778" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 116px; CURSOR: hand; HEIGHT: 116px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/Su6YSD0TbHI/AAAAAAAAABM/iHLlXcvl6QI/s400/lobos.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;Aullidos en la Provincia de Madrid&lt;br /&gt;Lobos, Cebos y Leyendas&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.pagina-1.es/noticias_firmante.asp?firmante_id=26"&gt;Por Antonio Balduque Álvarez&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;En la Antigüedad el lobo ha tenido connotaciones tanto positivas como negativas. En ciertas culturas se le consideró como símbolo de la luz y portador de conocimiento por ver mejor en la oscuridad que el hombre, en otras por el contrario, por vivir en cuevas o excavar hoyos para usarlos como guaridas se le representaba como el guardián del infierno, por eso en la mitología griega a Hades, señor del mundo de ultratumba, se le pintaba con una capa de piel de lobo.&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;Una de las piezas más apetecibles para un lobo es, sin lugar a dudas, el cordero, animal que se asocia a Jesús como buen pastor que soporta sobre sí los pecados de los hombres, por lo que para el cristianismo el lobo no tiene nada positivo, sino perverso y maligno, perviviendo durante siglos la idea de ser un animal demoníaco, peligroso y personificación de pecados capitales como la gula y la ira. Por eso al demonio en ocasiones se le ha representado como un lobo, a las brujas se las imaginaba cabalgando sobre ellos para acudir a sus rituales satánicos, y siempre que en un cuento infantil se quería introducir un personaje malvado o taimado se usaba un lobo, como en los tres cerditos o caperucita roja. Sin embargo para muchos ganaderos que durante siglos habían sufrido sus incursiones nocturnas para degollar ovejas y beber su sangre, los cuentos de lobitos no eran de su agrado, por el contrario, lo que pensaban era que debajo de esa piel se encontraba el mismísimo diablo. Además pocas cosas útiles podía sacar el hombre del lobo pues su carne le repugnaba por ser demasiado coriácea y nauseabunda, y tan sólo utilizaba su piel, los dientes o los pulmones.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Leyendas&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Desde la más remota antigüedad el hombre, aunque enemigo del lobo, ha sentido admiración por su osadía, fuerza, poder, voracidad y astucia, por lo que no dudó en usar amuletos fabricados con distintas partes de su cuerpo para que recayeran sobre él todas las virtudes atribuidas al animal. Muchos guerreros acudían al combate vestidos con sus pieles, pues pensaban que aumentaba la fuerza y osadía, por eso uno de los mejores ejércitos del mundo como el romano, obligaba a los portaestandartes de las legiones a entrar en combate vistiendo una piel de lobo rematada con la cabeza del animal por conferirle un aspecto feroz que intranquilizara a sus adversarios. Se llegó incluso a creer que si montaban a caballo usando botas de piel de lobo, la montura también lucharía de una manera más osada y aguerrida. Como esta idea estaba tan extendida, a los niños desde muy pequeños se les colgaba al cuello un diente de lobo para que le ahuyentara los miedos, y para hacerles valientes y fuertes les calzaban igualmente botitas de piel de lobo. Otra extraña costumbre era colocarles entre las ropas trozos de piel de lobo, pues pensaban que así se les preservaba de enfermedades. Si alguien sufría un cólico todo el mundo sabía que el remedio más eficaz para quitar el mal era frotar con insistencia la tripa del enfermo con una de estas pieles, y si el problema era respiratorio no dudaban en beberse un buen tazón de vino en el que se habían disuelto los pulmones molidos de la fiera.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Motivo del antagonismo&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;La rivalidad entre el hombre y el lobo pudo surgir durante el Neolítico, periodo en el que el hombre dejó de ser un nómada dedicado a la caza y la recolección, para llevar una vida sedentaria centrado en la agricultura y ganadería. Como consecuencia de la roturación de bosques y estepas el lobo tuvo que retirarse a zonas cada vez menos abundantes de caza, por lo que para sobrevivir necesitó centrar su caza en el ganado estabulado por el hombre, presa fácil y abundante. Por su configuración física el lobo no solía atacar a grandes presas por lo que cuando no tenía posibilidades de obtener trofeos fáciles se dedicaba al carroñeo y a las incursiones nocturnas a los basureros rurales, granjas o incluso pueblos. Como el lobo prefiere las piezas poco combativas o las cabezas de ganado mal protegidas por el hombre, desde la antigüedad el enfrentamiento entre ambos ha sido permanente, siendo a partir de la Edad Media cuando se le declaró una guerra a muerte porque los lobos, siempre al acecho, buscaban la más mínima oportunidad para devorar las ovejas, corderos, gallinas o cualquier animal que el hombre tuviera en sus corrales, cuadras o apriscos. Este acecho constante fue lo que permitió que en Roma se asociara al lobo, lupus en latín, con las prostitutas, a las que ellos llamaban lobas, porque esas mujeres estaban también siempre acechando en la noche, tentando al hombre, y de ahí que al lugar donde ejercían su trabajo las “lobas” se le conociera como lupanar. También han llegado hasta nuestros días otras expresiones relacionadas con los ataques de lobos, porque como decimos si los pastores no querían sufrir mermas en sus rebaños tenían que estar constantemente pendientes de sus animales, de ahí que todavía se use la expresión: “reunión de pastores, oveja muerta”.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Todo vale para su exterminio&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;La única manera que conocía el hombre para frenar el instinto cruel y sanguinario del lobo era exterminándolo, por lo que en Atenas se llegó a pagar el valor de un buey por cada piel de lobo entregada a las autoridades, y en la Inglaterra medieval se autorizó a la población a pagar sus impuestos con pieles de lobos, por lo que lógicamente al llegar el siglo XV este animal casi había desapareció de las frías tierras británicas. En España la guerra contra el lobo tampoco se dejó en el olvido, obligándose en el siglo XIV a que los párrocos junto con sus feligreses efectuaran batidas semanales para capturar el mayor número de alimañas. Como los lobos iban en aumento y los asaltos al ganado se multiplicaban según pasaban los años, en 1538 las Cortes de Toledo no dudaron en insistir al Emperador Carlos V para que aumentara los “premios que se dan a los que mataren lobos”, obligándose también durante los siglos XVI, XVII y XVIII a que en las zonas pobladas por lobos los Ayuntamientos organizasen dos batidas al año para exterminar a todos los lobos que pudieran existir en la comarca. Estas batidas populares casi nunca obtuvieron unos buenos resultados en comparación con los gastos que ocasionaban porque para el número de aldeanos que participaban se cazaban pocos lobos y el Ayuntamiento estaba obligado a ofrecer “un refresco de pan, queso y vino”.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Los mejores cazadores, los reyes&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Cuando no había guerras, los nobles se mantenían físicamente activos mediante la caza, siendo del agrado de los reyes el organizar grandes cacerías para su disfrute personal y el su corte. Para evitar que los lobos mermaran las piezas que luego iban a cazar, los reyes españoles tenían a su servicio expertos cazadores de lobos que recorrían los Reales Sitios en busca de estas alimañas. Hay documentos que demuestran que monarcas como Felipe III, Felipe IV, Carlos II o Felipe V, utilizaron a estos expertos alimañeros en la Sierra del Guadarrama y de Somosierra para evitar que los lobos se acercaran a las zonas acotadas próximas al palacio de la Granja. Por el contrario Carlos III no necesitaba ningún lobero experimentado porque no había en España cazador que abatiera más piezas que él. Según menciona el viajero Townshend en un libro sobre sus recorridos por España, cuando conoció a Carlos III éste llevaba cazados y apuntados en una libreta la friolera de 1.118 lobos. Para tener una idea del número tan elevado que suponen estas muertes, basta decir que en la actualidad en toda España, y en todo un año, tan sólo se cazan quinientos ejemplares. En cuanto a los miembros de la Real Ballestería del rey cuando les llegaban noticias de la existencia de algún lobo en los alrededores de Madrid, disponían todo lo necesario para hacer una batida que acabara con la vida de la alimaña. El rey, con parte de la Corte, se trasladaba hasta un paraje elevado, mientras que una multitud de lugareños, en ocasiones hasta dos mil, iban batiendo el monte hasta llevar al animal a las proximidades del puesto donde esperaba Carlos III que sólo tenía que respirar hondo y disparar.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Cebos&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Su hijo, Carlos IV, también heredó la afición cinegética y la pasión por la caza de lobos, por lo que tenía una cuadrilla permanente de monteros cebadores a cargo de Felipe Guadalix que recorrían los montes madrileños a la caza de estos animales. Para atraer de una manera irresistible a estas alimañas hasta las trampas que colocaban, usaban unos novedosos cebos que tenían como sustancias principales la manteca de cerdo, la cebolla, el alcanfor, los polvos de lirio de Florencia, la miel y el pan. La manteca de cerdo servía para ligar todos los ingredientes, la miel aportaba el dulzor, los toques aromáticos la cebolla, el picante el alcanfor y el lirio de Florencia, gracias a un aceite esencial que contiene, daba un toque exótico a violetas. Para fabricarlo se ponían en una sartén un trozo de manteca fresca sin sal. Lentamente se derretía y se añadían tres trozos de cebolla. Cuando empezaba a hervir se completaba con el lirio de Florencia y el alcanfor, introduciendo luego abundantes trozos de pan en forma de cuadraditos y media taza de miel, moviéndolo todo hasta que estuviera el pan bien tostado.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Que te den morcilla&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Con sustancias como la descrita los loberos conseguían atraer hasta las trampas y cepos a los animales dañinos, que una vez muertos eran llevaban a las Justicias de los pueblos. En virtud de una Real Orden de 1788 por cada lobo presentado se le pagaba cuatro ducados, ocho por loba y doce si se capturaba con la camada, pagando además dos ducados por cada lobezno, por lo que al ser más rentable desarrollaron un especial instinto para descubrir las zonas donde se escondían las camadas. En la provincia de Madrid a principios del siglo XIX los loberos solían colocar suspendidos de los árboles fuertes anzuelos recubiertos de apetitosos cebos para que los lobos quedaran clavados por la boca si acudían al irresistible olor. Las trampas y los anzuelos eran usados comúnmente por los loberos porque necesitaban el cuerpo del lobo para cobrar la recompensa, por el contrario, los dueños de las fincas preferían usar para el exterminio la nuez vómica porque al no querer la recompensa les daba igual donde muriera el animal. Este activo veneno era conocido en los pueblos madrileños con el nombre de “Almendilla” y se vendía en todas las droguerías de la capital. Con una lima el cazador de lobos reducía a polvo la nuez vómica, lo mezclaba con carne picada y hacía una masa con la que se rellenaban morcillas o chorizos. Estas morcillas se dejaban en las zonas donde se creía que abundaban los lobos, muriendo a las pocas horas cualquier animal que las comiera, por eso cuando queremos despedir a alguien molesto utilizamos la expresión “¡Anda y que te den morcilla!” sin saber que en verdad le estamos deseando su muerte.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El siglo de los lobos&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Con motivo de la Guerra de la Independencia los loberos tuvieron que centrarse más en su supervivencia que en la de los lobos y como consecuencia de los combates, muchos campesinos tuvieron que dejar también de roturar sus tierras, sufriendo el campo español entre los años 1808 y 1814 un triste abandono, motivo por el cual aumentaron considerablemente los lobos en toda la geografía española, incluida la sierra madrileña-segoviana. Una vez finalizada la Guerra la situación era tan complicada que para fomentar el exterminio de estos animales en 1834 se publicó una ley aumentando el premio que se pagaba por cada animal muerto: 80 reales por las lobas preñadas, 60 por loba, 40 por lobo y 20 reales por cada lobezno, debiendo el lobero entregar el cuerpo entero, porque las justicias de los pueblos para justificar el pago tenían que entregar en Madrid el rabo y las orejas. Pasaban los años y en lugar de disminuir su número cada vez aumentaba más, siendo habitual verlos merodeando hasta por las calles de los pueblos, y así lo atestigua la Gaceta de Madrid que en 1847 afirmaba que Galicia se encontraba aterrorizaba porque manadas de lobos habían entrado en algunos pueblos matando a las personas que encontraban. En Solveira unos lobos se comieron a un joven de diez años, en Chaguazoso de un chavalín de siete años tan sólo quedó tras el ataque un jirón de ropa y trozo de cráneo, en Tuge fue devorado un crío de muy corta edad y algunos pastores habían empezado a encontrarse por el monte restos humanos. En la Sierra del Guadarrama y de Somosierra eran tan abundantes que bajaban en oleadas hacia los pueblos segovianos, según lo afirma la Gaceta de Madrid de 1848 que en un artículo titulado “Invasión de lobos en Segovia” decía: “Una horrorosa invasión de lobos tiene aterrorizados a los habitantes de todos los pueblos de estos contornos. Se ven bandadas de seis y de ocho a cualquier hora del día, habiéndose ya verificado multitud de desgracias en los ganados. Cuéntase por muy seguro que algunas personas han sido víctimas de la ferocidad de los lobos”.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Madrid invadida&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;No sólo la población tenía pánico a salir de sus casas, los ganaderos veían día a día cómo sus rebaños mermaban por los ataques de estas fieras. En vista de tan grave situación en 1859 la Asociación General de Ganaderos eleva al Ministro de Agricultura una petición para que en los presupuestos generales del Estado se incluyera una partida para destruir estos animales malignos. El Ministerio para aceptar la propuesta hace un estudio de los lobos capturados entre 1855 y 1859, y es gracias a este trabajo, que se conserva en su archivo, por lo que conocemos los datos relativos a los lobos existentes en la provincia de Madrid a mediados del siglo XIX, pudiendo afirmar que Madrid fue la provincia española en la que se mataron más animales dañinos durante esos cinco años. En el informe también se menciona que los lobos no sólo causaban daños a la cabaña lanar, sino que al menor descuido de los pastores tanto vacas como caballos o yeguas recibían en su yugular el afilado contacto de unos dientes, teniendo que usar por la noche un farol con cuatro vidrios de distintos colores, porque estas luces eran a lo único que tenían pavor las alimañas. Si esto era así en la vertiente madrileña de la Sierra, en la segoviana los ataques se hacían cada vez más frecuentes porque la “extensión y espesura de los montes” impedía su persecución. Los guardas decían que en el invierno de 1859 era muy frecuente ver manadas de cinco, seis o siete miembros, teniendo localizada una manada de doce lobos que en uno de sus ataques a San Martín de Valdeiglesias mataron 37 cabezas en una sola noche. Otras incursiones análogas a la anterior, aunque con menos muertes, sufrieron los pueblos de Cadalso, Las Rozas, Villa del Prado o Cenicientos. En el mismo invierno los guardas también confirman que la Sierra de Guadarrama está infectada de lobos, siendo común verlos en grupos de seis atacando en los pueblos de la sierra al ganado lanar. Pero la zona donde la invasión tuvo un carácter más terrorífico fue en el partido de Torrelaguna. En todos lo pueblos de la falda y Sierra de Somosierra el más mínimo error del pastor equivalía a la muerte segura de un cordero o de una oveja, y si por descuido por la noche no recogía a las vacas o caballerías en sus corrales, a la mañana siguiente aparecían todas devoradas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Ataque a la diligencia&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Durante el resto del siglo XIX los lobos continuaron siendo un peligro para los pueblos madrileños y su número no disminuía porque las recompensas que daba el Estado a los loberos por cazar estos animales se habían quedado irrisorias, por lo que si se mataba alguno era porque pasaba por delante de la escopeta de algún cazador, no porque hubiera gente especializada en su captura, ya que aquellos se fueron extinguiendo poco a poco, aunque en ocasiones todavía se podía ver en algún pueblo ciertos personajes que llevaban en cajones alguna camada de lobos para que los campesinos y ganaderos le dieran algunas monedas. Todavía a finales del siglo XIX osaba a atacar al hombre en las cercanías de Madrid, constando en documentos de la época que en 1895 la diligencia que hacía el servicio entre El Molar, Riaza y Segovia fue asaltada por una manada de lobos, que llegaron hasta a ocasionar el vuelco del carruaje, resultando heridos dos viajeros y con graves mordeduras las caballerías. Con la llegada del siglo XX el lobo empieza a tener sus días contados. La ley de caza de 1902 y su Reglamento de 1903 estimulaba a los Alcaldes para que persiguieran los lobos localizados en sus términos, aumentaban las recompensas a los que acreditasen haber matado alguno (20 pts por loba, 15 pts por lobo y 7,5 pts por lobezno) y autorizaba a organizar batidas generales para la destrucción de animales dañinos y el envenenamiento de éstos. La puntilla final la recibieron en los años cuarenta cuando se crearon las Juntas Provinciales de Extinción de Animales Dañinos, que con fondos cedidos por derrama entre ganaderos, Ayuntamientos y Organismos provinciales, pudieron dedicarse en conciencia al exterminio sistemático del lobo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Consideraciones finales&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Para entender mejor este artículo no podemos finalizarlo sin hacer una serie de aclaraciones. Hemos comentado que la mayoría de los ataques se producían en invierno y por manadas, pocas veces por lobos solitarios. Para saber el motivo hay que tener en cuenta que los lobos suelen congregarse en verano o principio de otoño en torno a sus cachorros, por lo que fuera de los esos lugares de reunión es muy raro verlo en grupos. Por el contrario la máxima cohesión entre los miembros de una manada se produce en invierno cuando la nieve persiste durante varios meses al año. Durante esta época la nieve dificulta la movilidad de los ungulados (se denominan así a los mamíferos que se apoyan y caminan con el extremo de los dedos que están revestidos de una pezuña, como por ejemplo el caballo o la oveja) por lo que los lobos aprovechan para cazar en manada, obteniendo así mayores y mejores presas. De la lectura de este artículo también podríamos llevarnos la errónea conclusión de que el lobo se alimenta exclusivamente de ungulados vivos, pero no es así. Aunque este animal se acerca a los lugares habitados para esquilmar los rebaños, tan sólo se come al año una media de tres cabezas de ganado, lo que corresponde nada más a un 30% de su alimentación, procediendo la mayor parte del alimento que come del ganado muerto que se encuentra en el campo en forma de carroña. Se calcula que por cada lobo y año hay en la actualidad 7.000 kilos de carroña de ovino procedente de las ovejas que mueren por causas naturales y que son abandonadas en el campo. Cuando no se hace una campaña de persecución sistemática del lobo, esta ingente cantidad de alimento nos permite comprender por qué ha sobrevivido en países densamente poblados como España sin entrar en conflicto con el hombre. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/117965272777650952-3439732443597496389?l=antoniobalduque.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/feeds/3439732443597496389/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=117965272777650952&amp;postID=3439732443597496389' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default/3439732443597496389'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default/3439732443597496389'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/2009/11/aullidos-en-la-provincia-de-madrid.html' title=''/><author><name>Antonio Balduque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12918333345669657959</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/Sw7ePezHxqI/AAAAAAAAABo/i64DrY9kXD8/S220/3+(1).jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/Su6YSD0TbHI/AAAAAAAAABM/iHLlXcvl6QI/s72-c/lobos.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-117965272777650952.post-7501934990391944521</id><published>2009-09-02T23:54:00.000-07:00</published><updated>2009-09-03T00:09:34.913-07:00</updated><title type='text'>Los polvos de la condesa. Historia del Paludismo en Madrid</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/Sp9rlHDR1jI/AAAAAAAAABE/habLBcEVRts/s1600-h/RIO+MANZANARES.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5377134765395793458" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 285px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/Sp9rlHDR1jI/AAAAAAAAABE/habLBcEVRts/s400/RIO+MANZANARES.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;LOS POLVOS DE LA CONDESA&lt;br /&gt;Historia del Paludismo en Madrid&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.pagina-1.es/noticias_firmante.asp?firmante_id=26"&gt;Por Antonio Balduque Álvarez&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;El paludismo ha sido una de las enfermedades infecciosas más letales de la Humanidad, habiéndose cobrado, a lo largo de los siglos, más víctimas que todas las grandes epidemias de peste, cólera y viruela juntas. En España, sólo en el año de 1786, provocó casi un millón de enfermos y más de setenta y seis mil muertos y a principios del siglo XX todavía producía doscientos cincuenta mil casos al año, siendo la responsable de 2.000 víctimas mortales además de la pérdida de más de cinco millones de jornadas de trabajo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;El causante&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El paludismo es una enfermedad parasitaria que se transmite por la picadura de la hembra del mosquito anofeles. Hay mucha gente que piensa que el mosquito es el causante de la enfermedad, grave error, porque los verdaderos responsables son unos microorganismos unicelulares que se conocen con el nombre de Plasmodium y que son transmitidos por su picadura. Cuando la hembra del mosquito pica a una persona infectada, chupa el parásito de la malaria que se encuentra en la sangre humana y pasa al tracto digestivo del animal. Cuando la hembra vuelve a picar a otro humano inyecta su saliva para evitar que la sangre se coagule, momento en el que inocula en la sangre humana unos cuantos parásitos minúsculos; los plasmodios, bastante más pequeños que la mayoría de las bacterias. Al cabo de una hora, estos parásitos abandonan rápidamente la sangre y se alojan en el hígado. Aproximadamente doce días después de la picadura del mosquito, los parásitos pasan de las células rotas del hígado a la sangre iniciándose el ciclo sanguíneo que da lugar a los síntomas de la enfermedad: fiebre, escalofríos, sudores, tos, diarreas, dificultad respiratoria y dolores de cabeza. Algunos autores admiten tres parásitos: el plasmodium vivax, que ocasiona las fiebres conocidas como “tercianas benignas”, el plasmodium falciparum, que ocasiona las fiebres “tercianas malignas” y el plasmodium malariae, causante de las denominadas “fiebres cuartanas”.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;Los distintos nombres&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;La palabra paludismo deriva del latín palus, paludis, que en castellano significa pantano, por ser en estas zonas donde el parásito y el mosquito encontraban una temperatura (no inferior a 15º centígrados) y un hábitat ideal para reproducirse. Cuando llegaba el verano, los mosquitos se multiplicaban y fomentaban la dispersión de la enfermedad. También era corriente, sobre todo en España, designar a la enfermedad con las palabras “tercianas”, “cuartanas” o “fiebres intermitentes”, porque empezaba con un malestar indefinido y fiebre, que aumentaba poco a poco en un periodo de varios días, seguida por escalofríos fuertes y copiosos sudores. Después de un lapso de tiempo sin fiebre, el ciclo de escalofríos, fiebre y sudores podía repetirse cada tres o cuatro días, de ahí el nombre de tercianas o cuartanas. Según los historiadores, la península itálica estuvo libre de paludismo hasta el siglo II a.C., en que las tropas de Aníbal llevaron allí la enfermedad, cobrando desde ese momento gran difusión. Ese país, y sus islas, han sido históricamente zonas muy castigadas, tanto fue así que, para los demás países, el paludismo pasó a denominarse “la enfermedad italiana” o simplemente “malaria” que quería decir en italiano “mal de aire”.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;Las miasmas&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Hasta 1897 no se demostró que la picadura del mosquito anofeles era la que transmitía el parásito del paludismo o malaria, teniéndose que esperar hasta 1960 para que en España se considerara totalmente erradicada la enfermedad. Hasta finales del siglo XIX se pensaba que las miasmas, “sustancias imperceptibles” que emanaban de las aguas pantanosas, eran las causantes de las fiebres, usándose múltiples y disparatados remedios para intentar combatir la enfermedad. Entre los sefardíes existía la creencia de que las cuartanas se curaban tomando siete espinas de siete palmeras o siete granos de ceniza de siete hornos. Plinio, en su “Historia Natural”, era de la opinión de que el hierro usado para matar a un ser humano era un gran antídoto contra cualquier veneno, por lo que aconsejaba usar, humedecida en vino, la cuchilla con la que había sido degollado un hombre. Para el citado autor la sangre tenía enormes poderes y si esta sangre procedía de la menstruación era como la panacea universal, por lo que él no dudaba en usar el flujo femenino para curar las fiebres tercianas y cuartanas. Otro método considerado muy eficaz contra las fiebres era pronunciar un determinado número de veces la palabra cabalística “Abracadabra”. Esta palabra, empleada como talismán durante la Edad Media, se suponía que tenían tales poderes que podía evitaba males o colocaba a la persona enferma bajo la protección de fuerzas superiores. Para que esta fórmula tuviera el efecto deseado se escribía varias veces la citada palabra eliminándole cada vez una letra de manera que al final quedara un triángulo invertido, símbolo de las influencias de lo celeste sobre lo terrestre.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Remedios “típical hispanis”&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Aunque, como hemos visto, hasta 1897 no se tuvo conocimiento científico de que lo que transmitía el parásito era la hembra del mosquito anofeles, en época musulmana ya hubo autores de prestigio, como Avicena o Avenzoar, que advertían que las calenturas epidémicas podían estar originadas por el agua estancada y corrompida. Averroes introdujo las sangrías como medio para curarlas y, Josepho Ben Mohamed Althamigi, en su “Tratado sobre las fiebres” fue el que empezó a recomendar el agua fría y el agua de nieve, aunque otros médicos musulmanes preferían usar el zumo de limones o naranjas. En el siglo XIII un anónimo médico judío toledano que asistió al rey Fernando IV “El Emplazado” en un sospechoso acceso de paludismo, ideó un nuevo tratamiento consistente en sangrías, agua de nieve y una dieta a base de lentejas con pollo, ternera y perdiz. En otras ocasiones la curación se pensaba que llegaría con un simple cambio de aires. Cuando Fernando González de Córdoba, “El Gran Capitán”, enfermó de cuartanas, su médico le prescribió dejar Loja, donde residía y fue trasladado en andas por los contornos de Granada con el ánimo de que un cambio de aires hiciera el milagro de curar la dolencia. Lógicamente murió ¡aunque muy aireado!. La población se veía diezmada sin saber el motivo de sus males, haciendo incluso responsable del paludismo endémico a las higueras, siendo común oír entre el pueblo la expresión “no sé que tienen los higos, que dan fiebre”. Lo que no sabían era que a la sombra y en el frescor de la higuera el temible mosquito que transmitía la enfermedad buscaba cobijo durante el día. Mientras que la higuera tenía pésima fama, existía otro árbol con muy buena prensa: el eucalipto. Tan buena consideración tenía que se pensaba que esta planta podía extinguir por sí sola el paludismo, por lo que en las cercanías de todos los ríos de la provincia de Madrid, se plantaron durante muchos años centenares de ellos, aunque lo más sabio, viendo los nulos resultados de se obtenían con tan peregrinos remedios, era la medida que proponía a finales del siglo XVII el médico don Alonso de Burgos: “Huir pronto, lejos y volver tarde”.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Los polvos de la Condesa&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Habrá que esperar hasta el siglo XVII para poder encontrar un remedio eficaz contra el paludismo: la quinina; corteza del árbol de la quina que posee un alcaloide con propiedades antipiréticas y antipalúdicas. Perú era uno de los lugares donde la quina era más común, empleando los indios, desde época inmemorial, los polvos de corteza para combatir los temblores musculares producidos por el frío. Los españoles, basándose en un razonamiento análogo, empezaron a usarlos para tratar los escalofríos de las fiebres intermitentes conocidas como cuartanas y tercianas. Existen diversas versiones, más o menos imaginativas, sobre el modo en que la medicina llegó a manos españolas, pero lo que sí tiene credibilidad histórica es que en esos años la falta de médicos y de medicinas obligó a los misioneros españoles de la Compañía de Jesús a dedicarse con afán al estudio de aquellas plantas y cortezas a las que los indígenas atribuían virtudes curativas, creyéndose que entre 1620 y 1630 los jesuitas ya conocían esta planta y sus poderes. Será en estos momentos cuando la provincia de Madrid entre en la historia, pues Felipe IV nombra al conde de Chinchón, Don Luís Jerónimo Fernández de Bobadilla y Mendoza, virrey del Perú. El virrey llegó a Lima en enero de 1639, y dos meses después llegó su joven y bella esposa, doña Francisca Enríquez de Rivera. La condesa se sintió débil y fatigada, malestares que los galenos atribuyeron al agotador viaje, pero al cabo de unos días las altas fiebres disiparon todas las dudas: la condesa tenía fiebres tercianas. Diego Torres de Vázquez, jesuita y confesor del virrey, comunicó al virrey la existencia de una sustancia que empleaban los nativos para curar la enfermedad, pero el médico de los condes no se atrevió a usar en tal alta dama un tratamiento desconocido para la ciencia de la época. Primero se decidió a probarlo entre los enfermos del hospital de Lima, pero al ver que la muerte rondaba la cama de la condesa y que los enfermos mejoraban de forma espectacular, no dudaron en administrárselo a la virreina, la cual, tras unas pocas dosis de corteza de quina se restableció completamente. La virreina, en vista de su rápida curación, no dudó en proporcionar el tratamiento a todos los enfermos de Lima, que en agradecimiento denominaron al medicamento “los polvos de la condesa”.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Recelos a la quina&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;La quina se convirtió en el mejor tratamiento contra el paludismo, siendo la mayor aportación del continente americano a la farmacopea mundial, llegando incluso el botánico Linneo a poner el nombre de Chinchona al género del árbol de la quina, no existiendo en la actualidad tratado que no reconozca a la condesa como la persona que favoreció la difusión del fármaco. Aunque esta historia parece que está adornada por la fábula, los jesuitas, hombres prácticos, no dejaron pasar la oportunidad real de mandar pequeñas partidas de quina a Europa. Se sabe que en 1643 la farmacia de los jesuitas en Roma estaba bien abastecida de quina y que el P. Juan de Lugo, Cardenal y Procurador General de la Compañía en Roma, llevó en 1650 la quina a Francia, recomendándola a Mazarino para la curación de Luís XIV. Las constantes remesas de quina que hicieron los jesuitas desde América y las recomendaciones para su uso, hicieron que en Europa se la empezara a conocer por otro nombre: “El polvo de los jesuitas”. Pese a su asombrosa eficacia, o quizás por ello, la quina provocó rechazo en la población, llegándose a decir, incluso desde la Universidad de Salamanca, que caía en pecado mortal el médico que la recetase, pues sus virtudes eran debidas a un pacto de los peruanos con el diablo. En unos siglos en los que las fiebres de distintas causas asolaban todo el mundo, España, que poseía los territorios en donde crecían los árboles de los que se extraían los polvos, no fue capaz de ver ni organizar un monopolio que hubiera llenado las maltrechas arcas del Estado, llegándose todavía a insistir, como el médico Luís Enríquez en su “Tratado de las intermitentes” que con un régimen basado en el gazpacho, las bebidas heladas y los zumos de naranjas y limones, no se precisaba recurrir a la quina ¡Toma ya!.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Dorar la píldora&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;En las redes del paludismo han caído tanto los reyes, los grandes de España o los nobles como los pobres, los artesanos o los labradores. El parásito no hacía distinciones y lo mismo sufría fiebres, escalofríos y sudores el Emperador Carlos V como su hijo Felipe II, el duque de Alba, Santa Teresa de Jesús, el Cardenal Infante don Fernando de Austria o el pintor Diego Velázquez, el cual falleció en Madrid el 6 de agosto de 1660 a consecuencia de unas tercianas que no fueron tratadas con el “polvo de los jesuitas”. La prevención a usar un tratamiento a base de la corteza de quina llegó hasta Carlos II, siendo éste el primer rey español en usarla en 1697. Lentamente se fue extendiendo su consumo, aunque su sabor tan amargo no hacía fácil su administración. Tomar un poco de quina era casi un suplicio, por lo que el pueblo no dudó en acuñar la expresión “tragar quina” para hacer ver que alguien soportaba o sobrellevaba algo a disgusto sin manifestarlo externamente. El amargor se intentaba engañar mediante cualquier medio, siendo común que los boticarios, para hacer más agradable el consumo, dieran un baño a las medicinas que se tomaban vía oral, utilizándose todavía la expresión “dorar la píldora” para encubrir con apariencia agradable las acciones poco deseables. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;El paludismo en Madrid y El Escorial&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Las fiebres palúdicas fueron comunes en la provincia de Madrid desde tiempo inmemorial, por lo que en los tratados antiguos era común leer que las tercianas era un mal endémico en Castilla desde hacía siglos, llegándose a mencionar en los tratados que “los pueblos carpertanos (pueblo prerromano que ocupaba la actual provincia de Madrid) padecían mucho de calenturas intermitentes, tercianas y cuartanas peligrosas”. Antes de fijarse la capital de España en Madrid en 1561, los reyes, que permanecían algunas temporadas en esta zona cercana al río Manzanares, solían caer enfermos de fiebres, pero cuando pasó la corte a estar de manera estable en Madrid, monarcas como Felipe II, Felipe III o Felipe IV cayeron de manera inexorable en las redes de la enfermedad, según los médicos por “las continuas humedades y emanaciones de las aguas de los arroyos de los Caños del Peral, Leganitos y del río Manzanares”. Otro monarca, como Felipe V, prefería pasar largar temporadas en El Escorial pensando que era más saludable que la capital, pero esta medida tampoco le salvó de sufrir las fiebres. Se sabe que, aquejado de tercianas, abandonó el Real Sitio de El Escorial y recorrió varios puntos de la provincia para recobrar la salud, estableciéndose finalmente en el convento de Santa María de Parral donde se curó de las fiebres, tomando tanto cariño al lugar que desde entonces este sitio, conocido ahora como La Granja de San Ildefonso, fue su lugar de descanso preferido, quedando postergado completamente El Escorial.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;Mosquitos en Aranjuez&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El siguiente monarca, Fernando VI, descartando Madrid y El Escorial para pasar largas temporadas, eligió Aranjuez. Terrible error, pues no sólo cayó él enfermo sino también la reina, Bárbara de Braganza y el resto de las personas de palacio. El problema que tenía Aranjuez con el paludismo provenía de la lentitud de la corriente de las aguas del Tajo y de las múltiples cañerías subterráneas que abastecían las fuentes de los jardines, focos donde se reproducían a miles las larvas del mosquito anofeles. La multitud de casos que ocurrían en Aranjuez, hacía que su población fuera reconocida por su color cetrino, siendo común en esa época usar la expresión “éste tiene cara de Aranjuez” para designar a los que tenían mala cara. Si queremos hacernos una idea del aspecto que presentaba un palúdico crónico, nada tan elocuente como leer la descripción realizada por el embajador del Rey de Francia del Emperador Carlos V cuando padeció esta enfermedad: “la vista cansada, boca pálida, rostro más muerto que vivo, cuello extenuado, palabra débil, aliento corto y espalda encorvada. Su debilidad es tal que no puede abrir las cartas a él dirigidas, ni firmar las que quiere mandar”.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;El resto de la provincia&lt;br /&gt;Durante el reinado de Carlos III una epidemia de tercianas asoló la provincia madrileña, por lo que para disminuir en lo posible el azote del paludismo el monarca decidió sacar de los almacenes de la Real Botica sus provisiones de quina para ser distribuidos entre la población. De igual modo actuó el cardenal Lorenzana, repartiendo entre los pueblos de su archidiócesis dos libras de quina y 200 reales. Como no había quina para todos, cada pueblo utilizó los remedios que creyeron más eficaces. En Manzanares el Real tomaban un remedio, para ellos infalible, consistente en “zumo de limón, clara de huevo bien batida y azúcar”. Efectivo no sé si sería, pero refrescante lo era mucho. En Becerril se resistían a tomar la quina y combatían el paludismo con cocimientos de plantas como la centaura, siendo peor el remedio que la enfermedad, pues esta planta es tan amarga o más que la quina. En otras zonas como Talamanca, que era conocida como “la enferma del reino” porque prácticamente toda su población estaba enferma, se prefería plantar eucaliptos, pues se consideraba que este árbol, con sus hojas olorosas, era infalible para extinguir la enfermedad. El paso de los años no hacía disminuir la enfermedad, llegando en ocasiones a afectar a poblaciones enteras, como ocurrió en 1830 con Polvoranca, un pueblo localizado a unos dos kilómetros de la actual ciudad de Leganes. Por encontrarse ubicado en las inmediaciones de una frondosa alameda y vecina a una gran extensión de terreno encharcado, las fiebres palúdicas eran tan abundantes y de tal intensidad que hacían imposible la vida de los moradores del poblado, teniendo que emigrar la totalidad del pueblo y desapareciendo el lugar como tal ayuntamiento. Un siglo después, en 1925, del poblado de Polvoranca sólo quedaba como recuerdo los restos de su iglesia.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;El paludismo en la capital&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;El paludismo se solía desarrollar en llanuras bajas y cenagosas, en las inmediaciones de las lagunas, en comarcas bañadas por ríos cuyas aguas no estaban canalizadas, en lugares destinados a cultivos que exigían mucho riego o en zonas donde la ganadería exige enormes praderas en las que el agua encharca a su antojo grandes superficies que constituyen magníficos criaderos de anofeles. Pero ¿cómo era posible que en una ciudad como Madrid a principios del siglo XX todavía existieran enfermos afectados por la picadura del malvado mosquito? Primeramente porque el término municipal de Madrid estaba rodeado de zonas palúdicas como la Vega de Aranjuez y los campos regados por el Tajuña y el Henares, siendo común la afluencia de palúdicos que desde los campos iban a la ciudad buscando los cuidados asistenciales. De ahí que siendo el paludismo más frecuente en la población rural que en la urbana, la cifra de mortalidad era más alta para Madrid que para los pueblos de su provincia. Pero ¿quiénes eran entonces los que contraían la enfermedad dentro de la ciudad? Un gran grupo correspondía a mujeres que tenían que acudir a lavar la ropa a las orillas del río Manzanares, foco palúdico por excelencia ya que sus aguas no se canalizaron hasta 1926, por lo que en verano y otoño la disminución del caudal dejaba en las márgenes charcas aisladas donde se desarrollaba fácilmente el mosquito transmisor. Otro grupo eran los obreros que trabajaban en el ensanche de la capital, en la construcción de carreteras y vías férreas o en la terminación de la red de alcantarillado colocando tuberías con destino a los servicios municipales. El remover grandes cantidades de tierra ocasionaba nuevas epidemias palúdicas que afectaba principalmente a los obreros que efectuaban los trabajos. A estos enfermos se les decía que sufrían las “fiebres obreras”. Pero no sólo los hombres y mujeres trabajadores corrían peligro; los niños, si eran de condición humilde, adquirían la enfermedad cuando jugaban en las huertas de las cercanías del Manzanares, mientras que la mayoría de los niños de las clases acomodadas la contraían durante sus juegos por las inmediaciones de aquellos sitios de recreo donde el anofeles se podía reproducir, como era el estanque del Parque del Retiro o los jardines del Paseo de Recoletos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Para saber más&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;- Aportación española a la historia del paludismo. C. Rico-Avelló y Rico. 1947.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;- Las enfermedades infecciosas en Madrid. José Monmeneu. Madrid. 1894.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;- El Paludismo en la provincia de Madrid. Dr. Palanca. Madrid. 1925.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;- Descripciones del Cardenal Lorenzana. 1782.&lt;br /&gt;- La provincia de Madrid y sus pueblos actuales en tiempos de Carlos III.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;- Fernando Jiménez de Gregorio.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;- Madrid: Atlas Histórico de la Ciudad. 1850-1939.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;- &lt;a href="http://www.elmundo.es/"&gt;http://www.elmundo.es/&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/117965272777650952-7501934990391944521?l=antoniobalduque.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/feeds/7501934990391944521/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=117965272777650952&amp;postID=7501934990391944521' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default/7501934990391944521'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default/7501934990391944521'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/2009/09/los-polvos-de-la-condesa-historia-del.html' title='Los polvos de la condesa. Historia del Paludismo en Madrid'/><author><name>Antonio Balduque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12918333345669657959</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/Sw7ePezHxqI/AAAAAAAAABo/i64DrY9kXD8/S220/3+(1).jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/Sp9rlHDR1jI/AAAAAAAAABE/habLBcEVRts/s72-c/RIO+MANZANARES.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-117965272777650952.post-8160842059200538630</id><published>2009-03-30T05:03:00.000-07:00</published><updated>2009-03-30T07:09:23.789-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/SdDSSEFsv0I/AAAAAAAAAA8/xf1-d4uZupI/s1600-h/Ejercito+y+Armada+.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5318982367701679938" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 388px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/SdDSSEFsv0I/AAAAAAAAAA8/xf1-d4uZupI/s400/Ejercito+y+Armada+.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;EL EJÉRCITO Y LA MILICIA COMO FUENTE DE LOS APELLIDOS&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Todos los apellidos en español significan algo, no son meros sonidos, pero por desgracia muchos son ahora incomprensibles al haberse perdido su significado a través de los siglos. Este artículo pretende rescatar del olvido algunos apellidos que han tenido su origen en actividades tan comunes como la guerra o la milicia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Evolución histórica del apellido&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;El diccionario de la Real Academia define el término “apellido” como el nombre de familia con que se distinguen las personas, procedente del latín appellare que significaba llamar, nombrar o designar. Desde la más remota antigüedad el hombre ha sentido la necesidad de diferenciarse del resto de los de su especie, por lo que utilizaban nombres que representasen alguna idea que se asociara a la persona, como valentía, fortaleza o sabiduría, teniendo todo nombre a lo largo de su historia dos componentes: el fonético (sonido) y el lógico (la idea).&lt;br /&gt;Los griegos utilizaban para designar a las personas nombres que se distinguían por su sencillez y armonía. En Roma se dio prioridad a la memoria de sus antepasados, siendo el nombre austero y reflejo de las virtudes cívicas. Con la llegada de las invasiones bárbaras, se impone el nombre germánico nacido de ideas de audacia y de fuerza física. Son nombres que hablan de guerra, de combate, de victoria: Hardmann (hombre duro), Gisbert (flecha ilustre), etc. La España romana, al igual que las demás provincias del imperio, aceptó los nombres bárbaros, e incluso durante el dominio musulmán en la península ibérica se continuaron utilizando nombres típicamente germánicos como Rodrigo o Hermesenda, junto con los latinos como Mario o Juliano, y lógicamente los de procedencia árabe como Zalama, Muza o Ismael.&lt;br /&gt;Los apellidos, tal y como los conocemos actualmente, no existían, siendo identificadas las personas únicamente por su nombre de pila, pero con el correr de los años éstos nombres griegos, germánicos, latinos o árabes, no serán suficientes para designar a la población, llegando a producirse gran confusión al tener varias personas nombres idénticos. La repetición de nombres en una misma localidad motivó, sin duda, la creación de nuevas denominaciones que evitaran confusiones, por lo que durante el S. IX se empieza a utilizar el “apellido”, elemento que se añadía al nombre para caracterizar a las personas y diferenciarlas de las demás, método difundido con el uso de la documentación legal y notarial durante la Edad Media, al acostumbrarse los escribanos medievales a hacer constar junto al nombre de pila de los interesados, el nombre del padre en forma genitiva y precedido del vocablo filius (hijo), como Flavius filius Petri (Flavio hijo de Pedro). Esta forma de apellido se conoce como patronímica, por derivar del nombre del padre, y cada nación creó su partícula patronímica de un modo característico. Las de origen teutón añadían al nombre del padre la palabra equivalente a hijo: Petersohn en alemán, Peterson en inglés y Petersen en danés. Los normandos llevaron a Inglaterra el fitz (filius) (Fitzpatrick) que en Escocia se transformó por Mac- como por ejemplo Mac-Chrohon (hijo de Chrohon), o por O`- en Irlanda donde se apellidaban O´Donnell (hijo de Donnell). En las lenguas eslavas se añadieron partículas finales con igual significado de “hijo de”: ov en Rusia como Mijailov, -sky en Polonia como Kandisky y –vich en Yugoslavia como Petrovich.&lt;br /&gt;En España para formar el segundo nombre del hijo se utilizó la terminación –ez, - z o –iz que se añadía al nombre del padre, así, si una persona se llamaba Juan y su padre Fernando, se le conocería como Juan Fernández (Juan hijo de Fernando). Como ya hemos visto el uso del patronímico ya estaba extendido durante el S.IX, cayendo en desuso a partir del S. XIII. y transmitiéndose desde ese momento como apellido hereditario.&lt;br /&gt;Nuevamente volvió a ocurrir que ciertos nombres y patronímicos se hacían tan comunes que no servían como distintivo individual, existiendo la costumbre entre muchas familias de repetir entre sus miembros dos nombres propios, así el abuelo se llamaba Froila, el padre Ramiro Froilaz y el nieto Froila Ramírez, por lo que durante generaciones no salían de estos dos nombres y era difícil su identificación, llegándose en ocasiones a poner el mismo nombre a dos de sus hijos. Fue este el motivo por el que durante los siglos XII y XIII se recurriese a un mote o apodo que caracterizase a la persona, y que se podía tomar de un defecto físico (Juan el cojo), de una virtud (Adolfo el Santo), del estado (Antonio el casado, Pedro viudo), del cargo (Jesús Alcalde) o del oficio (Marcos el herrero). Si no había señal personal ni circunstancia particular, se acudía al lugar o sitio donde había nacido, criado o crecido: Pedro Madrid, Alfonso Gallego o Domingo Toledo.&lt;br /&gt;Será entre los S. XIII y XIV cuando se hará extensiva la costumbre de hacer hereditario el apellido, sobre todo a los efectos de la documentación notarial para poder, así, transmitir las posesiones de un individuo a sus sucesores. Pero la consolidación de los apellidos hereditarios se producirá, sin ninguna duda, durante el S. XV, al hacerse obligatorio, por orden del Cardenal Cisneros, el reflejar en los libros parroquiales los nacimientos y defunciones. Esto no nos puede hacer pensar que todo el mundo usaba el apellido hereditario, ya que durante ese periodo y hasta el S. XIX existía una libertad completa en la adopción del mismo, por lo que una persona podía registrarse en los libros parroquiales con el apellido que más le gustase. La norma que regulase el uso de los apellidos no tuvo su aparición hasta el año 1.870, fecha en que se creó el Registro Civil, al necesitar el Estado una identificación de los individuos con vistas a la recaudación de impuestos y el alistamiento para el servicio militar, echándose abajo una tradición de libertad individual en la adopción del apellido, obligando a los españoles del momento a tener que optar un apellido que sería desde ese momento y para siempre el de sus descendientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Soldados y guerreros&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;Durante siglos la profesión u oficio que desempeñaba un individuo ahorraba frecuentemente el uso de un apellido, tal es el caso de los sustantivos soldado y guerrero. Estos dos apellidos son poco frecuentes en España, en el caso de Soldado se localiza preferentemente en Andalucía, Madrid, Barcelona y Valencia, siendo manifiesta la relación etimológica entre soldado y sueldo, por lo que hasta el S.XVI tuvo el sentido de “mercenario, el que combate por una soldada”. Durante la Edad Media en Cataluña también se usó la voz “servent” con el significado de “soldado de a pie”, que derivó en el apellido Sirvent, muy extendido en la actualidad por Alicante, que, según parece, pudiera haberse utilizado para designar a los peones que participaron en la reconquista y repoblación de las tierras alicantinas durante el S. XIII. Otro bastante frecuente es Ruano, que procede de rúa “calle” de donde derivó ruano “relativo a la calle”, y se utilizaba para designar a los hombres de guerra que eran reclutados por las calles, por lo que no eran ni caballeros ni nobles. Curiosas son las denominaciones que se utilizaban durante el S.XVII para referirse a los soldados que desertaban de sus regimientos sin licencia: Tornilleros, Santelmos, o soldados de Clavo, que utilizándose en un principio como mote personal pudieran haber dado origen a estos apellidos.&lt;br /&gt;Guerrero, es apellido más frecuente que soldado y procede de la voz de origen germánico guerra “werr-/ confusión, discordia, contienda”, siendo muy antigua la utilización de esta palabra como apellido, apareciendo ya en 1134 un Fortunio gerra como testigo de una donación de Ramiro II de Aragón a la iglesia de San Vicente de Roda. El sustantivo Batalla procede del latín batualia “lucha individual, pugilato”, y así en sus orígenes batuator designaba más a un gladiador que a un soldado, por lo que el concepto de lucha entre dos ejércitos es más moderno y se utiliza como apellido tanto en Portugal, Batalha; Italia, Battáglia; Francia Bataille como en España Batalla, Bataller o Batallé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Tropas y gentes de guerra&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;En la actualidad existen multitud de apellidos que proceden de términos propios de la milicia, como por ejemplo, Guarnido, hoy usual en la provincia de Granada y que procede de un mote usado para designar al hombre pertrechado de armas, armado o guarnecido. Los actuales Cavero o Cabero tienen su origen en individuos que pertenecían a las milicias llamadas “caberías”, cuyo nombre procedía de las rentas que los ricos hombres y caballeros percibían del Rey bajo la obligación de servirle en la guerra con cierto número de “caballos”. Hacia 1276 el término cavero fue quedando en desuso para ser sustituido por el de mesnadero. Otro nombre de milicias que pudo convertirse en apellido fue el de Quiñones, ya que en la provincia de Segovia los caballeros D. Fernán García y D. Día Sanz fundaron los Quiñónez, milicias que se componían de “cien lanzas de a caballo divididas en cuatro escuadras de veinticinco” y su misión consistía en que “todos los días de fiesta cuando la ciudad y pueblos asistían a los sacrificios, corriesen la campaña contra los moros, que emboscados en las tierras, aguardaban aquellas horas para sus acometimientos y robos”. Igualmente existen los Miñones, apellido poco frecuente y registrado mayoritariamente en las provincias de Álava, Burgos y Madrid, que en una de sus acepciones designaba a soldados de tropa ligera pertenecientes a la policía local con misiones de persecución de ladrones y contrabandistas. Más antiguo es el origen de los apellidos Morán, Morant o Moranta que hunden sus raíces en la España árabe de los S. XI y XII, donde los Almorávides dominaban la península y a sus guerreros se les conocía como murabit o su derivado vulgar muraht, de donde proceden los apellidos mencionados, perdurando todavía en la actualidad en zonas con una mayor ascendencia como Valencia o Baleares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Distintos tipos de soldados&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Como hemos visto, durante muchos años lo común ha sido el designar a la persona por el oficio o la misión encomendada, por lo que existen apellidos como Atalaya, que han servido para nombrar a los centinelas diurnos destinados a vigilar desde torres o alturas. El mismo origen de vigía o atalayero tienen los apellidos Guaita, catalán, muy extendido en Valencia, Gaite procedente del francés guette y muy asentado en Palencia y Valladolid, o el no demasiado frecuente Torrero con sus sinónimos Torreiro o Torrer, gallego y catalán respectivamente.&lt;br /&gt;Existían también en la antigüedad soldados a los que se les encomendaban unas misiones específicas, llegando hasta nosotros sus recuerdos gracias a los apellidos, como es caso de Cuadrillero que servía para designar tanto a los individuos de las cuadrillas de la Santa Hermandad, como a los que en las huestes o cabalgadas estaban encargados de repartir el botín, y lo hacía según leyes y reglamentos precisos, deduciendo, por ejemplo, una parte para indemnizar a los soldados que en las cabalgadas resultasen heridos. A otras personas, por utilizar armas arrojadizas para cumplir su misión, se les asoció con el arma empleada, así existe el apellido Ballesta estando muy localizado en las provincias de Murcia y Alicante; en otras ocasiones fue el proyectil de madera lo que motivó el apellido como Garrote o Darder, palabra ésta catalana que procede de dard “dardo” y que también designaba al que fabricaba dardos. No podían faltar los Ballesteros, o su derivados Ballester (catalán) muy localizado en Valencia, o Besteiro (gallego). Y tampoco podemos dejar de mencionar a los que hoy se apellidan Piqueros, procedentes de aquellos soldados de infantería que en los S. XVI y XVII utilizaban la pica, una especie de lanza muy larga que desapareció como arma táctica en 1703 al introducirse en España el fusil.&lt;br /&gt;Pero no solo el ejército ha dejado su influencia, también la marina con sus galeras nos dejaron su huella en apellidos como Corbacho, cuyo significado era “látigo con que el cómitre castigaba a los galeotes”, y que como mote podría designar tanto al encargado de su utilización como al que había recibido en sus carnes una buena dosis del mismo. A estos barcos de guerra se mandaban a los delincuentes más peligrosos y su alimentación era casi en exclusiva el Bizcocho, un pan sin levadura que se cocía dos veces (bis coctus) y que todavía como apellido se registra casi en exclusiva en la provincia de Sevilla.&lt;br /&gt;Existen otras palabras curiosas que durante años han servido para designar a los soldados españoles, y que por causas desconocidas no han llegado a formar apellidos. Así durante el Imperio español en Italia se llamaron Pécoras a los soldados españoles tal vez porque fueran juntos como un rebaño de ovejas, al ser Pecoris era palabra latina que designaba a todo grupo de animales domésticos, y también Bisoños, ya que los reclutas españoles desembarcados en Italia debían recorrer un largo camino hasta incorporarse a su Tercio, y al ser tan exigua o inexistente su paga debían buscarse su sustento con continuas peticiones a los lugareños como: “bisoño pan” o “bisoño carne” (necesito pan, necesito carne). En épocas más cercanas, y ya en la península, encontramos la palabra Guiri que servía para designar, durante el S.XIX, a los Guardia Reales del ejército cristino por llevar unos morriones y cartucheras con las letras G.R.I (Guardia Real de Infantería), extendiéndose posteriormente tal calificativo a todos los soldados realistas y liberales.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Jefes y Cargos Militares&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Los distintos nombres que durante la historia se han dado a los caudillos o jefes de ejércitos han servido igualmente para designar a personas, el más conocido es el de Adalid, que procede del árabe ad-dalid, que significa “caudillo de gente de guerra”, aunque como apellido es poco frecuente. Más frecuente, y localizado en las provincias de Aragón, Navarra y Cataluña, es el apellido Gastón, que en una de sus acepciones procede del radical gótico gast que significa “jefe, superior”. Los jefes miliares o gobernadores de una provincia fronteriza nos han dejado el apellido Adelantado, estando entre sus misiones que “en aquella tierra en el que él tenía poder, no se levantara castillo nuevo, ni torre, ni fortaleza sin mandato del Rey”. De igual manera el que tenía a su cargo la guarda y defensa de algún castillo o fortaleza, se denominaba Alcaide, que procede del árabe al caid “capitanear, acaudillar” y según algún autor su acepción debió ser más extensa que la de gobernador de una fortaleza, siendo considerado entre los árabes como “generalísimo de los ejércitos”. Este apellido se encuentra preferentemente localizado en las provincias de Córdoba, Málaga y Sevilla. Más común es el apellido Mariscal, que unos lo hacen proceder de dos voces teutónicas, march “caballo” y scalch “, pudiendo tener dos significados bien distintos: 1) el que manda caballos. 2) el que cuida los caballos. Lo cierto es que la palabra pasó al latín bárbaro corrompiéndose en marescallus, siendo utilizado este cargo en Castilla desde 1382, al crear el Rey Juan I este nuevo cargo. No todos los gobernadores realizaban sus funciones con el mismo desvelo, pero el concepto de servicio eficiente llegó a crear el nombre personal germánico Bonwald “buen gobierno”, que fue utilizado en España primero como nombre de bautismo para posteriormente formar el apellido Bonal. No podemos dejar de mencionar el apellido Cid, que muchos relacionan con Rodrigo Díaz de Vivar al que sus soldados llamaban “campi docto” (maestro de armas en el campo de batalla) por su dominio de las armas, y al entrar al servicio del rey moro de Zaragoza los musulmanes le dieron el título de “sayyid” (mi señor). Hay que mencionar que en la actualidad, los que llevan este apellido, deben proceder más de los nombres árabes Zaïd, Sa`id o Ziyad que del mencionado guerrero, ya que en la misma época del Cid ya existían personas con este apellido (ejemplo: año 1042, Julián Cid).&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Nombres germánicos&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Las invasiones de los Pueblos Bárbaros provocaron una revolución onomástica al imponerse, como una moda, el uso de nombres personales germanos aunque sus antepasados no tuvieran ascendentes centroeuropeos. Éstos nombres solían hacer referencia a ideas guerreras, de valor o belicosidad y se componían de dos adjetivos, o de un sustantivo y un adjetivo. Muchos de ellos han llegado hasta nosotros en forma de apellido como por ejemplo: Gerardo, compuesto de ger “lanza” y hart “fuerte, duro”; Gisbert, derivado de las raíces góticas gis “flecha” y berht “ilustre”; Guarner, procedente de Warn “defender” y hari “ejército, que se latinizó en Guarnerios de donde nos llega el apellido; Armando, de hard “duro” y man “duro” o Aldeguer, noble preparado para la lucha, que derivo también en el nombre de bautismo castellano Olegario.&lt;br /&gt;Otras lenguas también nos han proporcionado apellidos procedentes de nombres como el conocido Estíbaliz, que deriva del latín aestivalis “campamento de verano para las tropas”, o Alejandro del griego alekso/andros, es decir “el que defiende a los hombres”.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Castillos, fortificaciones, defensas o prisiones&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Existe otro grupo de apellidos que se denominan toponímicos, por derivar de los lugares de procedencia del individuo, donde vivían o de los que eran propietarios. Ejemplo muy extendido es el apellido Alcalá procedente de la voz árabe al-qalá-a “el castillo”, utilizándose para designar a un individuo originario de una población donde la construcción más significativa era un castillo; entre otras muchas poblaciones con esta denominación podemos mencionar a Alcalá del Río (Sevilla) o Alcalá del Obispo (Huesca). Otros apellidos con el mismo origen son Alcoceba del árabe al-qusayba “fortaleza pequeña”, Alcolea de al-qulaya “castillo pequeño”, o el más conocido Castillo y sus derivados Castellar, Castielo, Casteló, Castel o Casteleiro. En la Edad Media era práctica habitual denominar al individuo en referencia al lugar donde residía, por eso, ciertas partes del castillo han servido para este propósito, de esta manera los que vivían pegados a la muralla y debajo del camino que hay en el muro alto sobre el que se levantan las almenas, se les apodaba Adarve existiendo todavía este apellido en las provincias de Granada, Córdoba y Sevilla. Las cárceles excavadas bajo los castillos y las fortalezas originaron, igualmente, el apellido Adamuz, del árabe ad-daimus “calabozo”, incluso las fortalezas, torres defensivas o de vigía nos dejan su rastro en apellidos toponímicos tan curiosos como Alborch, que hace referencia a las al-burj o torres árabes, Velilla que eran unos puestos militares de vigilancia, Almenara atalaya desde donde se encendían fuegos de señal, o Miralles, topónimo que procede del latín vulgar con el significado de lugar elevado para vigilar.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Miscelánea&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Un apellido muy militar es Ros, palabra que se utiliza para designar una especie de chacó pequeño, de fieltro y más alto por delante que por detrás. Esta prenda tomó el nombre, en 1855, del militar que la introdujo en el ejército, el general Ros de Olano, que fue director general de infantería y la unidad que primero lo utilizó fue el batallón de Cazadores de Madrid. Pero el apellido Ros, muy frecuente en Cataluña, Valencia y Murcia, no procede de esta prenda militar, sino de la palabra latina russeus “rosado, rojizo”que se utilizaba en época medieval como apodo para designar a personas de piel rosada o de pelo rojizo. También los motes o apodos alusivos a las características físicas del individuo, han producido apellidos tan comunes como Gordo, Delgado, Cabezón, Nariz u Oreja. Pero lo que a nosotros nos interesa no es el tamaño de esos apéndices auditivos, sino su ausencia, por existir soldados a los que, como castigo a sus fechorías, les cortaban las orejas. Esto ocurría en los Tercios, donde según las Ordenanzas del Duque de Alba a los nobles e hidalgos se les castigaba con la pena de muerte, y a los plebeyos se les cortaban las orejas por mano de verdugo, lo primero no era infamante; lo segundo sí. Cuenta la historia que tras la rendición de la ciudad de Amberes, Alejandro de Farnesio, para conmemorar tal hazaña celebro un banquete al que acudieron todos sus soldados, así como las damas católicas de la ciudad ataviadas con mejores joyas y vestidos. Durante el festín, un soldado de los Tercios arrancó de un brutal tirón el collar de diamantes que lucía en su cuello una de las damas y, aunque trató de escabullirse entre la multitud, fue detenido y condenado por el Consejo de capitanes a ser desorejado. Pidió gracia el delincuente para que se conmutara la pena por la de muerte, alegando ser hidalgo de sangre y no poder sufrir tal infamia. Farnesio se negaba a tal concesión para hacer escarmiento entre su gente, hasta que acudió a su presencia el capitán del sentenciado, el cual, con lágrimas en los ojos, le suplicó la muerte de su soldado antes que el deshonor de su compañía. El bravo militar cedió a la petición de su subordinado y el soldado fue decapitado en el mismo lugar del delito. Tras cumplirse la sentencia, Farnesio, intrigado por la insistencia del capitán en solicitar la muerte del soldado le preguntó la razón a su Maestre Julián Romero, contestando éste:&lt;br /&gt;-“No le extrañe, señor; el soldado ladrón era su hijo.”&lt;br /&gt;-“Ahora me place –repuso el general- haberla concedido; con soldados que estiman más la honra que la vida podemos hacer lo que hemos hecho, y mucho más. Recemos por el alma del muerto y por que Dios consuele al padre.”&lt;br /&gt;Eran otras épocas y otras sentencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bibliografía&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diccionario de apellidos españoles. R. Faure, Mª A. Ribes y A. García.&lt;br /&gt;Apellidos Castellanos. J. Godoy Alcántara.&lt;br /&gt;Ensayo histórico sobre los apellidos castellanos. A. Ríos y Ríos.&lt;br /&gt;Apellidos de Alcaudete. A. Balduque y A. Pajares.&lt;br /&gt;Génesis y evolución histórica del apellido en España. J. De Salazar y Acha.&lt;br /&gt;Diccionario militar. José Almirante.&lt;br /&gt;Mosaico Militar. L. Bermúdez de Castro.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/117965272777650952-8160842059200538630?l=antoniobalduque.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/feeds/8160842059200538630/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=117965272777650952&amp;postID=8160842059200538630' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default/8160842059200538630'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default/8160842059200538630'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/2009/03/el-ejercito-y-la-milicia-como-fuente-de.html' title=''/><author><name>Antonio Balduque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12918333345669657959</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/Sw7ePezHxqI/AAAAAAAAABo/i64DrY9kXD8/S220/3+(1).jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/SdDSSEFsv0I/AAAAAAAAAA8/xf1-d4uZupI/s72-c/Ejercito+y+Armada+.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-117965272777650952.post-3319747662123498746</id><published>2008-07-18T04:26:00.000-07:00</published><updated>2008-12-10T00:40:59.272-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ARTÍCULOS SOBRE LA PROVINCIA DE MADRID'/><title type='text'>EL VALLE ILUSTRADO Y EL CANAL DE CABARRÚS</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/SICBUw3Z3QI/AAAAAAAAAA0/BwS62qOuG5Y/s1600-h/CABARRÃS.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5224317761464425730" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/SICBUw3Z3QI/AAAAAAAAAA0/BwS62qOuG5Y/s320/CABARR%C3%9AS.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:180%;"&gt;EL VALLE ILUSTRADO&lt;br /&gt;Y EL CANAL DE CABARRÚS&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Al noreste de la Comunidad de Madrid y muy cerca de Torremocha, durmiendo el sueño de los justos y oculta en la extensa campiña, se esconden los restos mutilados de una de las mejores obras hidráulicas que se levantaron en el Madrid del siglo XVIII: el canal de Cabarrús. Esta antigua construcción de 12 kilómetros de longitud unía las cuencas de los ríos Lozoya y Jarama y sus aguas tenían como misión crear un vergel agrícola donde antes sólo había secarrales.&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nuestra nación estaba atrasada técnicamente respecto a los vecinos europeos, y será durante el siglo XVIII cuando los monarcas ilustrados españoles introduzcan en el país una serie de importantes reformas con la intención de revitalizar la maltrecha economía. Protegerán la agricultura, mejorarán los cultivos, modernizarán la industria y el comercio, urbanizarán las ciudades y sobre todo fomentarán la agricultura con la construcción de canales.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Monarcas Ilustrados&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Felipe V ordenó en 1718 que se reconocieran los parajes en los que se pudieran levantar canales y acequias para mejorar el regadío de campos y tierras, y a partir de mediados del siglo XVIII la política hidráulica adquirió un importante impulso gracias a ministros ilustrados como el Marqués de la Ensenada. Este ministro creó un ambicioso programa hidráulico pues pensaba que en Europa no había “un terreno más seco que el de España, estando expuestos sus naturales a padecer hambres por sus malas cosechas” si no se paliaba con una buena red de canales. Pero la construcción de estas vías de agua requería una técnica avanzada y ante la falta de un cuerpo de ingenieros civiles españoles que pudieran hacer frente al proyecto, se mandaron espías por toda Europa para localizar las mentes más preclaras. En París se contactó con el mejor ingeniero hidráulico de la época, Carlos Lemaur, al que se fichó como si fuera un famoso futbolista de los actuales convenciéndole para que viniera a España. Este portento de la ingeniería planificó el Canal de Castilla, la desecación de la ría de Betanzos, el camino de Antequera a Málaga, el camino real a Andalucía por el puerto de Despeñaperros (utilizado hasta hace pocos años por todos nosotros) y el Canal de Andalucía, proyectando también el Canal del Guadarrama, vía navegable que pasaría por Madrid, Aranjuez, La Mancha y Sierra Morena para llegar finalmente al Océano Atlántico tras recorrer 771 Km con un desnivel de únicamente 800 m. En los estudios preliminares fue ayudado por sus hijos, Carlos y Manuel, ambos tenientes de ingenieros, pero no pudo llevarlo a efecto porque murió dieciocho días después de firmar el proyecto. Algunos de los trabajos del padre fueron continuados por sus vástagos, destacando entre ellos el pequeño canal que nos ocupa, que con sus 12 kilómetros pretendía regar las vegas de Torremocha, Torrelaguna y Uceda.CabarrúsCarlos y Manuel Lemaur eran los que ponían la parte técnica en el proyecto, pero hacía falta el personaje que aportase el capital y es aquí donde aparece Francisco Cabarrús, prototipo del hombre ilustrado del momento. Aunque de origen francés, nació en Bayona en 1752, se instaló en España en 1771 contactando inmediatamente con la flor y nata de la ilustración española, como Campomanes y Floridablanca. Ingresó en la Sociedad Económica de Amigos del País y llegó a ser asesor financiero de la corona, prestamista del rey, impulsor de los vales reales y creador del Banco de San Carlos, considerado como el primer banco central español. Su abundante fortuna le permitió comprar a la familia Echauz los derechos sobre las aguas de los ríos Jarama y Lozoya, y con ellas y el canal diseñado por los “lemures”, regar no sólo sus vastas propiedades en la vega del Jarama, sino también las de muchos labradores de Torremocha, Torrelaguna, Patones y Uceda. Entre Cabarrús y los hermanos Lemaur se firmó en 1796 un pacto en el que se acordaba que los ingenieros debían poner gratuitamente toda su ciencia y trabajo para construir el canal, mientras que todo el dinero necesario sería aportado por Cabarrús. Una vez finalizada la obra, las sumas recaudadas por el cobro de cuotas a los regantes que disfrutaban de las aguas suministradas por el canal, iría a manos de Cabarrús hasta completar el capital inicial puesto por el financiero, momento a partir del cual los beneficios se repartiría a medias.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Construcciones auxiliares&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Cabarrús no sólo levantó el canal sino también doce puentes de piedra, cinco acueductos, una acequia y diez casas de guardia para los vigilantes y operarios del canal, pudiéndose apreciar en la actualidad los restos de algunas de estas construcciones, entre los que destacan cinco puentes. Otro edificio que ha sobrevivido al paso del tiempo es la casa donde se centralizaba la administración y explotación no sólo del canal, sino también del resto de propiedades de Cabarrús. En la actualidad este edificio, totalmente reconstruido, es conocido como la “Casa de Oficios” y es fácilmente reconocible por ser una impresionante casona de planta rectangular con dos plantas que sigue la tipología de la casa mayor de la mayoría de los latifundios españoles. La llegada de las aguas del canal de Cabarrús potenció la utilización de los dos molinos que existían en la zona: el molino del Duque de Uceda, hoy desaparecido y el antiguo molino medieval, denominado “de la Madre de Dios”. Este último, que tomaba el agua de un caz que estaba enlazado con el canal de Cabarrús, sufrió con los años modificaciones y transformaciones, pasado a manos privadas que lo convirtieron en una fábrica de harinas a finales del siglo XIX, siendo en la actualidad un magnífico y cuidado complejo hostelero que no hay que dejar de visitar.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;El final del Canal&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Gracias a que Cabarrús desembolsó ocho millones de reales para la construcción del canal, en las tierras próximas proliferaron huertas y campos de labor, llegándose incluso a crear un Reglamento de Regantes para los vecinos de Uceda, Torrelaguna, Patones y Torremocha, aprobado en 1790 por Carlos IV. Aunque en 1797 las obras aún estaban inconclusas, el canal se dio por finalizado por tener que partir Cabarrús de España al ser nombrado primero embajador en París, luego agente secreto en Francia y más tarde embajador en Holanda. Durante la Guerra de la Independencia fue uno de los afrancesados partidarios de José Bonaparte, en cuyo gobierno fue ministro de Hacienda, motivo por el cual fue repudiado y odiado por los españoles muriendo en Sevilla en 1810. El canal dejó de regar la vega en 1822, año en que los agricultores dieron un giro a sus labores, quitando los cultivos de regadío e introduciendo los de secano, más propios de estas tierras de la meseta castellana. A partir de ese momento el canal, al no ser vital para la agricultura de secano, va languideciendo hasta que en 1880 las pocas instalaciones que continuaban operativas fueron compradas por el Canal de Isabel II. Los años fueron anegando y ocultando el canal, por lo que ahora únicamente podemos contemplar los puentes de piedra en medio de campos de trigo y los depósitos vacíos de agua acorralados por los cereales.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Ermita de Santa María de la Cabeza&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;En las inmediaciones del antiguo canal de Cabarrús se levanta orgulloso el esqueleto pétreo de la ermita de Santa María de la Cabeza. En la actualidad tan sólo podemos apreciar las paredes desnudas, pues la techumbre no ha podido resistir el paso del tiempo, pero esta ermita, que fue reconstruida en el siglo XVII y en la que se mezclaban el barroco madrileño y el neoclásico, tuvo sus siglos de esplendor por ser residencia y tumba de la santa hasta que sus restos fueron trasladados a Madrid en 1645. Santa María de la Cabeza nació en Caraquiz, minúscula aldea que pertenecía a Torrelaguna, casándose en la Parroquia de esta última localidad con San Isidro Labrador. Mientras Toribia, que así es como se llamaba en realidad la santa, trabajaba como santera en la ermita antes mencionada, su esposo se dedicó no sólo a labrar en la vega del Jarama sino también a realizar múltiples milagros en la zona. Al nacer su hijo Illán regresan a Madrid, de donde era el santo, continuando con sus milagros, entre ellos la resurrección de su propio hijo después de que éste se ahogara en un pozo. Cuando Illán alcanzó la mayoría de edad, el matrimonio decide separarse, regresando Toribia a Torrelaguna para vivir en la ermita una vida solitaria dedicada a las meditaciones y a pedir dinero en los pueblos cercanos para mantener encendido el fuego de la lámpara sagrada de la Virgen. Aldeanos con lenguas aceradas informaron a Isidro que su mujer no sólo se dedicaba a la virgen sino también a los pastores, por lo que el santo acudió a Torrelaguna para investigar qué había de cierto en esas calumnias. Ocultándose la siguió durante varias fechas y un día que el río Jarama bajaba con una fuerte corriente por las lluvias caídas, observó que Toribia, para cruzar de una orilla a otra del río, no usaba puente alguno sino que lanzaba sobre las aguas la mantilla que cubría sus hombros y, como si fuera una barca, usaba el fino lienzo para pasar de un lado a otro sin mojarse un solo pie. Este milagro, repetido en varias ocasiones, fue suficiente para que el marido no dudara del honor de Toribia y pudiera regresar con tranquilidad a Madrid. Al final de la vida de San Isidro, Santa María de la Cabeza acudió al lado del santo para cuidarle durante su enfermedad y ayudarle a una muerte digna. Una vez viuda regresó a la ermita para continuar con sus dedicaciones a la Virgen. Cuando murió, su fama ya había traspasado los contornos de Torrelaguna, siendo enterrada en esta ermita que fue su residencia y morada, recibiendo su tumba constantes visitas por considerarla milagrosa. Felipe III ordenó el traslado de su cuerpo a Madrid para que junto con su esposo San Isidro pudieran recibir la debida veneración y culto.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/117965272777650952-3319747662123498746?l=antoniobalduque.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/feeds/3319747662123498746/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=117965272777650952&amp;postID=3319747662123498746' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default/3319747662123498746'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/117965272777650952/posts/default/3319747662123498746'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://antoniobalduque.blogspot.com/2008/07/el-valle-ilustrado-y-el-canal-de.html' title='EL VALLE ILUSTRADO Y EL CANAL DE CABARRÚS'/><author><name>Antonio Balduque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12918333345669657959</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/Sw7ePezHxqI/AAAAAAAAABo/i64DrY9kXD8/S220/3+(1).jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/SICBUw3Z3QI/AAAAAAAAAA0/BwS62qOuG5Y/s72-c/CABARR%C3%9AS.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-117965272777650952.post-4845667296535362746</id><published>2008-07-18T04:00:00.000-07:00</published><updated>2008-12-10T00:40:59.425-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Para los interesados en conocer Madrid de una forma diferente...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_j3UB7Cs3t6E/SIB5Cm6ABTI/AAAAAAAAAAM/AXiGVcDbrHs/s1600-h/publicidad+de+los+recorridos+por+Madrid.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5224308653460292914" style="DISPLAY: block; 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