lunes, 15 de marzo de 2010

UNA ESTATUA DE LA LIBERTAD MUY CHULAPONA
Antonio Balduque Álvarez


A todos los madrileños que viajan a Nueva York no se les olvida visitar uno de sus monumentos más famosos: la Estatua de la Libertad, pero casi ninguno sabe que en tierras madrileñas existe otra Estatua de la Libertad y que fue erigida incluso con antelación a la americana. Esta es la historia de una chulapona muy olvidada.

Los españoles nunca hemos tenido especial respeto por nuestros muertos ilustres, de ahí que no hayamos puesto el menor empeño en conservar los huesos de las glorias patrias como lo hacen los ingleses en la Abadía de Westminster, los franceses en el Panteón de Santa Genoveva o los italianos en Santa Croce. No sabemos el lugar exacto donde están enterrados los cuerpos de Cervantes, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Tirso de Molina, el Gran Capitán o Velázquez, por poner alguno de los ejemplos más sangrantes, pero somos capaces de conservar con orgullo las copas de Europa ganadas por algún club de futbol.
El Panteón de San Francisco el Grande
El primer intento que hicimos para reunir huesos tan dignos se produjo en 1837 cuando se estableció que la iglesia madrileña de San Francisco el Grande fuera el Panteón Nacional a donde se debían trasladar los restos de los españoles ilustres. Iban pasando los años pero resultaba dificilísimo localizar los enterramientos de los preclaros hijos de la Patria, por lo que en 1869 se decidió inaugurar el Panteón con los escasísimos restos que se tenían, y para hacer bulto se decidió también admitir algunos recuerdos. Poco tiempo duró el sueño de los justos en el Panteón de San Francisco, porque las localidades de donde habían sido sacados los cuerpos reclamaron sus preciadas joyas con tanta vehemencia e insistencia, que las autoridades tuvieron que devolver a su tierra los esqueletos un tanto mareados del trajín, quedándose en 1874 el Panteón vacío y sus parroquianos. Los esfuerzos gubernativos por crear un nuevo Panteón resultaron durante años infructuosos, hasta que la reina regente María Cristina ordenó que en los terrenos donde se iba a levantar la nueva Basílica de Nuestra Señora de Atocha se construyera también un edificio anexo para tan laudatorio fin.
El Panteón de Hombres Ilustres
El arquitecto encargado de la construcción fue Fernando Arbós y Tremanti, que inspirándose en la arquitectura italiana del siglo XIV empezó en 1891 a levantar el Panteón tomando como modelo el camposanto de Pisa y el campanile de Florencia. Las obras, sin estar finalizadas, tuvieron que darse por concluidas en 1899 por falta de financiación y porque parte del presupuesto se derivó para construir la cripta de la catedral de La Almudena. Del ambicioso proyecto tan sólo se pudo materializar el campanile y tres de las cuatro galerías del claustro-panteón que presentan vidrieras, arcadas y dos cúpulas semiesféricas, siendo lo único que en la actualidad podemos admirar en calle de Julián Gayarre, muy cerca de la Estación de Atocha. Desde 1901 hasta 1906 fueron recibiendo sepultura los restos de: José Canalejas, Manuel Gutiérrez de la Concha (marqués del Duero), Práxedes Mateo Sagasta, Eduardo Dato, Antonio de los Ríos Rosas, Antonio Cánovas del Castillo. En 1912 se trasladó también al patio del panteón un mausoleo, denominado Monumento a la Libertad, y que contenía los sarcófagos de Mendizábal, Argüelles y Calatrava.
El Monumento a la Libertad
A la muerte de Mendizábal, en 1853, se decidió levantar un monumento que recordase la memoria de tres de los más eminentes varones liberales que existieron en España durante la primera mitad del S. XIX: Agustín Argüelles, fallecido en 1844; José María Calatrava, en 1847; y Juan Álvarez Mendizábal, en 1853. Se nombró una comisión a cuyo frente se puso al General San Miguel figurando también Pascual Madoz, se convocó un concurso de ideas y se abrió una suscripción pública para sufragar los gastos del monumento. Al concurso concurrieron veinticuatro opositores, eligiendo la comisión encargada el proyecto de Federico Aparici, que consistía en un tómbolo cilíndrico de piedra que se remataba en el tejado cónico con una escultura alegórica de la libertad, y en las paredes exteriores presentaba, encima del sarcófago de Argüelles, una estatua que representaba La Pureza, en el de Calatrava una alegoría del Gobierno y para el de Mendizábal una escultura que simbolizaba La Reforma. El monumento a la Libertad se inauguró el 20 de febrero de 1857 en el antiguo cementerio de San Nicolás, situado en la calle del Sur entre el Paseo de Delicias y el Paseo de Atocha, siendo Sabino Medina el autor de las La Pureza, el Gobierno y la Reforma, y Ponciano Ponzano el escultor de la Estatua de la Libertad. Posteriormente, al desaparecer el citado cementerio por orden del Ministerio de la Gobernación, el monumento fue trasladado en abril de 1912 al patio del Panteón de Hombres Ilustres
La Estatua de la Libertad
La Estatua de la Libertad de Ponciano Ponzano se presentaba con un gorro frigio, coronada con diez rayos solares, el pecho semidesnudo, portando en su mano izquierda un cetro mientras que la diestra se posa en un yugo roto sobre el que apoya un pie, y muy cerca de ella descansa un gato. En la antigua Grecia y Roma, tanto los esclavos en el momento de su manumisión como los cautivos liberados, se colocaban un gorro de forma cónica que se conocía como gorro de liberto y que se convirtió en el símbolo de la libertad. Muy semejante al gorro de liberto era el gorro frigio, con la única diferencia que su punta caía hacia delante. Este gorro de origen anatolio lo adoptaron los revolucionarios franceses en 1789, difundiéndose por toda Europa y América como símbolo del régimen republicana y la libertad. En la estatua también aparece un yugo roto que simboliza el final del avasallamiento, la opresión y la coacción, y el pie que se posa sobre parte del yugo es una expresión de poder y de la huella que deja el hombre en función de su libre albedrío. El gato, como animal difícil de controlar, también refuerza la idea de libertad. Y finalmente la corona de rayos con su forma circular nos indica la perfección, además del poder, y sus rayos un símbolo de la luz interior que ilumina el alma de quien ha triunfado, siendo el grado más elevado de la evolución espiritual, pero aquí, en la frente de la joven es, además, el signo de la manifestación del éxito de la libertad.
Su hermana menor americana
La Estatua de la Libertad neoyorquina fue realizada por Bartholdi para conmemorar el centenario de la independencia americana que se iba a realizar en 1876. Este símbolo de la emancipación y la libertad fue un regalo de Francia que llegó con diez años de retraso porque no se pudo inaugurar hasta 1886. Aunque nuestra chulapona libertad tiene dos metros de altura y la americana treinta y tres desde los pies hasta la corona, la Estatua de la Libertad madrileña llevaba casi treinta años escrutando el cielo capitalino cuando la yanqui estaba empezando a levantar la cerviz sobre la isla Bedloe, luego denominada “Liberty Island”. Hay quien dice que Fredéric Auguste Bartholdi se inspiró en nuestra chulapona para realizar la suya, pero creo que ese dato deberíamos tomarlo con mucha precaución.
Reunión de Masones
Como seguramente irán a visitar a nuestra dama libertaria, no dejen de observar detenidamente los sepulcros de los escasos hombres ilustres que permanecen en el Panteón, porque algunos de ellos fueron reconocidos masones y en sus tumbas se dejan ver algunos símbolos iniciáticos. Masones declarados fueron: Mendizábal, Argüelles, Calatrava, Sagasta…

Algunos datos sobre los que descansan en el Monumento a la Libertad

Juan de Dios Álvarez Méndez
Poca gente sabe que Juan Álvarez Méndez es en realidad Juan Álvarez Mendizábal, que decidió cambiar su segundo apellido Méndez, por Mendizábal, para ocultar el origen al parecer judío de los Méndez. También mintió respecto a su origen, porque aunque natural de Cádiz él se encargó de difundir que había nacido en Bilbao, tal como se puede confirmar en alguna enciclopedia, porque al parecer un apellido vasco daba mayor prestancia en los ambientes comerciales del S. XIX. Aunque mentiroso era un genio para los negocios, amasando una buena fortuna en el negocio del vino cuando tuvo que exiliarse en Inglaterra al restablece el absolutismo en 1812. A su regreso a España supo hacer buenos contactos que le llevaron a hacerse cargo de los suministros del ejército de Andalucía, lo que le permite prosperar y establecer contactos con los revolucionarios liberales, entrando a formar parte de la masonería en el "Taller Sublime" de Cádiz. En 1835 la reina regente María Cristina de Borbón le otorgó el Ministerio de Hacienda, pasando posteriormente a ser Primer Ministro. Pero si por algo se conoce a Mendizábal no es por negociar con vino o con peines de Carey, sino por su archiconocida desamortización cuyo objetivo era desposeer de sus pertenencias a las órdenes religiosas para reducir la deuda pública, dinamizar la economía agrícola del país y dotar al Estado de medios económicos con los que financiar la guerra civil contra los carlistas.
Agustín Argüelles
Fue una de las grandes personalidades de la política española de principios del S. XIX, participando en la redacción de las Constituciones de 1812 y 1837. Por sus ideas liberales y perfectos discurso fue llamado el “Divino Argüelles” y el “Arístides español”, siendo Ministro del Interior y Presidente de las Cortes durante el Trienio Liberal (1820-1823). Al igual que Mendizábal profesaba la masonería, teniendo que emigrar en 1823 a Inglaterra por sus ideas políticas, pero a su regreso volvió a ocupar en varias ocasiones la Presidencia del Gobierno, llegando a ser nombrado “Tutor” de Isabel II. Como muchos de los grandes hombres del S. XIX murió en la pobreza pero apreciado por la mayoría de los madrileños, que en un multitudinario cortejo fúnebre acompañaron al cuerpo en las exequias fúnebres celebradas en 1844.
José María Calatrava
Calatrava también fue otro destacado político que participó, de forma importante, en la elaboración de las Cortes de Cádiz de 1812. Durante el Trienio Liberal (1820-1823) llegó a ser Ministro de Gracia y Justicia, y al igual que sus colegas masones, Mendizábal y Argüelles, el final del Trienio Liberal le supuso su exilio de la península. Como consecuencia del motín de los sargentos de la Granja acaecido el 12 de agosto de 1836, la reina tuvo que restaurar la Constitución de 1812 y aceptar un gobierno radical, a cuyo frente se puso el 14 de agosto José María Calatrava. Durante este gobierno se dieron unas novedosas medidas liberales como: la desamortización de los bienes de la Iglesia, la supresión de los diezmos, la eliminación de señoríos y la libertad de prensa e imprenta. En 1839 ocupó la presidencia de las Cortes, falleciendo en Madrid en 1847.
Bibliografía
-Guerra de la Vega, Ramón: Guía de Madrid. Siglo XIX.
-Concostrina, Nieves: El Panteón de Hombres Ilustres. Revista Adiós.
-Chevalier, Jean: Diccionario de Símbolos.